La mejoría en la seguridad de Bogotá
Sería una necedad no reconocerlo. O un acto de tacañería política. Porque al Alcalde Petro y a la Policía Metropolitana les está yendo bien en la gestión de la seguridad de la ciudad. Así lo vienen indicando las cifras. Y así lo ratifica la Encuesta de percepción y victimización de la Cámara de Comercio, conocida esta semana.
Las cifras son concluyentes. Aunque también revelan que la tarea aún está a mitad de camino. Y que no hay que bajar la guardia. El dato más alentador es la caída a un 38% de la percepción de inseguridad. Aunque esta desplome arrancó en el corto período de gobierno de Clara López, cuando pasamos de un 57% a un 45% en el segundo semestre del 2011. Dirán que es tonto alegrarse con la mera percepción. Pero en seguridad la percepción hace parte de la realidad. Porque el propósito central de toda política pública en esta materia es precisamente la disminución de los miedos urbanos que acechan cotidianamente a los ciudadanos.
Resulta evidente que mucho tiene que ver la percepción con la mejora en tasas de homicidio, que llegó a la cifra record de casi 16 homicidios por cada 100.000 habitantes. Y también con la disminución de delitos como el robo a residencias y establecimientos comerciales. No obstante preocupa que el indicador de victimización, aunque está por debajo del promedio histórico, se ubica 6 puntos porcentuales por encima de la medición del primer semestre del 2011. Quiere decir que un 32 de cada 100 ciudadanos reconoce haber sido víctima directa o indirectamente de un delito, especialmente de hurtos o atracos. Y llama la atención que el transporte público y las vías urbanas son percibidos como los sitios más inseguros o que se considere prioritario enfrentar los delitos sexuales.
Mucho se discute sobre las razones de esta mejoría. Seguramente el cambio de gobierno distrital generó una expectativa de recuperación de la gobernabilidad y de confianza en el nuevo Alcalde. También un discurso de reivindicación del derecho a la vida o de promoción del desarme ciudadano por parte de Petro generan un ambiente de mayor seguridad. Pero sin duda, el plan cuadrantes y la asignación de un oficial de la policía para atender cada uno de los principales delitos de la ciudad han sido claves en la obtención de estos resultados. Y ello a pesar de que sigue en interinidad la gerencia del Fondo de Seguridad y Vigilancia o de que se han vuelto cada vez más esporádicos los Consejos de Seguridad.
Obvio que hay que seguir haciendo lo que va bien. Desarme, plan cuadrantes y gerencia en la persecución de los delitos deben consolidarse. Pero hay que dar un salto institucional con la creación de la Secretaría de Seguridad de Bogotá. Y hay que documentar al detalle el mercado ilegal de armas de la ciudad soporte de los siete grandes mercados criminales que según diversos estudios, funcionan en la capital. Buena por los resultados, pero sin dormirse en los laureles.

