Mamagallismo y carnaval en Don Quijote

31 de enero del 2013

Don Quijote se escribió para divertir a costa de la afición medieval por los relatos de caballería y fue considerado en sus inicios como un libro cómico que se constituyó en obra transgresora de valores feudales, cuando la religiosidad y circunspección eran obligatorios. Mijail Bajtin ha dicho que El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la […]

Don Quijote se escribió para divertir a costa de la afición medieval por los relatos de caballería y fue considerado en sus inicios como un libro cómico que se constituyó en obra transgresora de valores feudales, cuando la religiosidad y circunspección eran obligatorios.

Mijail Bajtin ha dicho que El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha está inmerso en la cultura del carnaval por algunas de sus características, entre ellas el lenguaje, difundido como instrumento pedagógico del castellano más que ninguna otra obra en todos los países del mundo, igualmente por el disfraz real o imaginario de los personajes, porque hay que disfrazarse para jugar el carnaval y Alonso Quijano es el primero que se disfraza de don Quijote, con estrafalaria armadura de visera remendada con cartones. La máscara que hace parte del carnaval se la pone don Quijote al ventero para que pueda ungirlo caballero y se la pone a las prostitutas para volverlas vírgenes doncellas que le ciñen la espada, se la pone a su esquelético rocín y lo convierte en el alazán Rocinante, se la pone a la vulgar Aldonza Lorenzo para que sea la sin par Dulcinea del Toboso, también se la pone entre muchos otros a los molinos de viento, a la carreta del teatrero Angulo el Malo, al llamador de puercos y su pito gruñón para que pasen por ujier del palacio y por trompeta que anuncia su visita. Cervantes logra constituir dos diégesis, una de ellas dentro de la otra, la de quienes rodean a Alonso Quijano y la de quienes rodean a don Quijote.

Quijote de la mancha

El mamagallismo popularizado por García Marques al elogiar el sentido de humor de los venezolanos es en cambio una actitud bromista, socarrona, irreverente, burlona, irónica, muchas veces enredada con  humor negro que se percibe casi cinco siglos atrás en un Cervantes juguetón que le mama gallo al lector, el mamagallismo está en la pluma del escritor y el carnaval en sus criaturas.

Cabría preguntarnos si pertenece al mamagallismo la prosopopeya de su dedicatoria “Dirigida al Duque de Béjar, Marqués de Gibraleón, Conde de Benalcazar y Bañares, Visconde de la Puebla de Alcocer, Señor de las villas de Capilla, Curiel y Burguillos, como príncipe tan inclinado a favorecer las buenas artes, mayormente las que por su nobleza no se abaten al servicio y granjerías del vulgo”.

Nos genera algo de duda la dedicatoria, pero el mamagallismo cervantino es claro en el prólogo, donde juega con nosotros, “desocupados” lectores para advertirnos que es costumbre poner “sonetos, epigramas y elogios al principio de los libros, pero que él no los tiene, y por consejo de un amigo, él mismo los escribe con nombres de gente famosa, y así es como aparecen las alabanzas en verso suscritos por personajes de libros de caballería, como Amadis de Gaula, Solisdán, Orlando el Furioso, don Belianís de Grecia, la señora Oriana,  Gandalín, escudero de Amadís de Gaula y Urganda la desconocida, nacidos ellos y otros de la imaginación de Feliciano de Silva y Jerónimo Fernández autores de obras de caballería.

Urganda la desconocida le dedica la siguiente joya, por ejemplo:

Y, pues la espiriencia ense

Que el que a buen árbol se arri

Buena sombra le cobi-,

en Béjar tu buena estre

un árbol real te ofre

que da príncipes por fru-,

en el cual floreció un du

que es nuevo Alejandro Ma-;

llega a su sombra: que a osa

favorece la fortu-.

Hay mamagallismo cervantino en los nombres  de Don Quijote de La Mancha, Sancho Panza, Barataria la isla que Sancho gobierna, en Quintañona, Caraculiambro,  Malindrania; en Diálogos como:

-¿Tan mala es tu Teresa, Sancho?

-No es muy mala pero no es muy buena. Responde Sancho.

En la comparación de Dulcinea con Helena de Troya y la Cava, dos mujeres tenidas por culpables de tragedias nacionales. Cava en Árabe significa prostituta.

El mamagallismo y lo carnavalesco en la literatura son dos figuras distintas con sinonimia conceptual que persiguen la carcajada, la risa o la sonrisa de los lectores por ramales diferentes, cuya maternidad podría atribuirse a la Batracomiomaquia (Disputa estúpida) de Homero y el padrinazgo a los yambógrafos griegos Semónides de Amorgos y Arquiloco, también a Plauto, Terencio, Horacio, Marcia y Petronio con su Satiricón entre otros. La paternidad se puede dar a cualquier fundamentalista, como a Menipo de Gadara, de la Escuela Cínica, por sus diatribas moralistas violentas e injuriosas contra autoridades y ciudadanos de su generación.

Sus hijos literarios deambulan de pluma en pluma como ironías, sarcasmos, parodias, socarronerías, burlas, exageraciones, ridiculizaciones y dobleces cuya materia prima es la crítica social.

Quijote de la mancha

Don Quijote se convirtió en ícono que ha inspirado millones de páginas escritas por docentes, estudiantes, adoradores y miembros de reales academias, la mayoría de ellas sobre su estilo literario, los aportes al lenguaje y los valores morales, pero no son tantas las que se dedican a escudriñar su humor, al cual se le ha dado la importancia del cebo para pescar al lector. La risa es cosa seria, como dicen los entendidos y el mamagallismo y el carnaval tienen un origen común, prosapia antigua y noble genealogía, de las cuales también bebió Cervantes.

@mariojpachecog 

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