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Más uribista sos vos

Poseídos por la liviandad que lleva a la generalización y contra toda evidencia, algunos-muchos medios han ...

Poseídos por la liviandad que lleva a la generalización y contra toda evidencia, algunos-muchos medios han dedicado páginas y tiempo a los diagnósticos y pronósticos sobre la salud de la relaciones del presidente Santos con los antioqueños y han resuelto concluir que pasan por un mal momento por jugadas pícaras del gobernante y por nostalgias que se tienen en carne viva de la falta que a los llamados paisas les hace el ex-Uribe.

Que los paisas están berracos. Lo han dicho así, con B grande y todo como debe ser, y han acudido para demostrarlo a lo que ocurrió en el acto de corbata negra con el cual el periódico de paisópolis celebró su primer siglo. Que fue ese el punto de inflexión, han dicho empleando un término de moda. Que Santos no fue vitoreado y que los más sonoros aplausos del auditorio retumbaron a la mención de Uribe y de sus huevitos.

A partir de aquel episodio, formularon entonces la ecuación simple y para muchos irrespetuosa: si hubo aplausos para el expresidente delante del presidente, es que “los antioqueños” no están contentos con el presidente, porque “los antioqueños” añoran al expresidente. Generalizaciones de sobremesa, ya dije, que le otorgan a un auditorio de 800 personas la vocería de toda una comunidad; 800 personas que, además, no eran todas de machete, carriel y ruana como sigue rondando el pendejo estereotipo, porque muchas de ellas, especialmente los luceros de nuestra farándula opaca, llegaron de otras partes, invitados con todos los gastos pagos para poderles tomar bastantes fotos sobre el inusual y sorpresivo tapete rojo del periódico azul.

No se si “los”, que quiere decir todos, se sientan bien gobernados por las aguas tibias de Santos, pero puedo decir que dentro de esos “los”, he oído a muchos que se sienten menos sobresaltados, más tranquilos y agradecidos de que se haya extinguido ese ánimo pendenciero que se instaló por años en la discusión pública y que creen que ahora hay seriedad en el mando y tienen certeza en el rumbo.

Hay, desde luego, dentro de esos “los”, quienes añoran a Uribe. Aquellos que le dicen Álvaro, que son los mismos que pregonaban la gloria de haber podido volver a las fincas, que son los mismos que ahora sonríen, cada vez con menos disimulo, cuando la guerrilla saca las uñas. De esos había aquella noche centenaria. Muchos. Y los sigue habiendo, muchos quizás, pero muchos menos de los que aquellos medios y columnistas bogotanos creen que hay en Antioquia en donde, según esa tabla rasa generalizadora, habitan solo degustadores de aguardiente, trilladores de trovas baratas, contadores de chistes verdes, terratenientes furiosos por la restitución de tierras y traquetos que saben de jáquimas y de enjalmas y culebreros venenosos con vínculos con el paranormalismo como Obdulio.

Pues no. De todos esos prototipos paisas no está construida la Antioquia de hoy que tiene que dar una lucha diaria para que no la encasillen en esos moldes. Y por eso le resulta insultante a tantos y a tantos que la recompensa a esa lucha sea, por ejemplo, que cuando tres empresarios melancólicos ponen una valla o mandan una cartica agradeciendo o recordando al exmandatario dedicado ahora al oficio de twittero, los titulares de los medios bogotanos digan que es Antioquia la que escribe cartas o la que pone vallas.

Una lucha, dije, que ya se ha dado en el terreno de los votos que es el que más le gusta, en el que más experto es el político Álvaro Uribe Vélez y en el que ha sido vencido sin atenuantes. En las elecciones pasadas, las regionales, el expresidente hizo campaña decidida para seguir mandando al menos en Antioquia y en Medellín. Apoyó, con su discurso vehemente y su trabajo incansable, a sus candidatos a la Gobernación y a la Alcaldía. Y perdió las dos: hubo 922.000 antioqueños (no digo “los antioqueños”) que le ganaron a su candidato a favor de Sergio Fajardo; y en Medellín, Aníbal Gaviria con 238.000 votos derrotó a los dos aspirantes que habían recibido las simpatías del uribismo.

Tal vez eso quiera decir algo. Tal vez. Y tal vez por eso a algunos, a muchos de esos “los paisas” les parezca un insulto que les digan uribistas, y tengan derecho a responder que más uribista serás vos.

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