Matar por sed, guerra por agua

17 de enero del 2013

El 97% del agua del orbe es salada, solo el 3% es  potable pero la acabamos con la deforestación y la contaminamos con fábricas y químicos. Matar por sed en un planeta de agua es una idea apocalíptica que años atrás pareciera tan absurda como que nuestras conductas antiecológicas pudieran afectar la capa de ozono […]

El 97% del agua del orbe es salada, solo el 3% es  potable pero la acabamos con la deforestación y la contaminamos con fábricas y químicos.

Matar por sed en un planeta de agua es una idea apocalíptica que años atrás pareciera tan absurda como que nuestras conductas antiecológicas pudieran afectar la capa de ozono y producir recalentamientos que deshelaran los polos, sin embargo las realidades son contundentes y seguimos dañando el hogar de nuestros hijos. Los gobiernos de los Estados ricos en lugar de unirse para proteger la supervivencia de la humanidad, cohonestan la conformación de carteles económicos que sacan jugosos dividendos a la destrucción, a las sequías y a las carencias, en aras de su propio beneficio y nosotros contribuimos como depredadores a su enriquecimiento.

Los días 4, 5 y 6 de enero durante el famoso Carnaval de Ocaña, los habitantes de toda la ciudad, me atrevo a decir que cuadra por cuadra, se atacaron mutuamente con el precioso líquido de manera desenfrenada, se lanzaron agua desde los andenes, azoteas, ventanas, balcones  y techos, con peroles, con mangueras, con pistolas de agua, incluso con equipos de fumigación que dejaron víctimas olorosas a veneno químico. Vehículos cisterna participaron en el derroche y ha sido tradición que los bomberos utilicen sus poderosas mangueras de dotación para abrir la jarana a chorros sobre la multitud cuando el alcalde lo ordena, a las doce del mediodía del 4 de enero.

El año pasado coincidió este derroche con una crisis por falta de agua en Cúcuta y las primeras páginas de los diarios registraron las contradictorias imágenes del desperdicio y de la escasez.

Mil cuatrocientos millones de personas carecen de un suministro de agua potable salubre en el mundo y la progresión estadística advierte que en 2025 la falta de agua afectará a tres mil millones de seres humanos, de los cuales la mayoría será de países en vías de desarrollo, donde el 80% de todas las enfermedades son provocadas por el uso de agua contaminada, y donde por este mismo motivo cada día mueren seis mil niños menores de seis años.

Colombia es un país rico en reservas hídricas y está en la mira de  multinacionales e inversionistas que compran tierras en la parte sur, pero no todo es color de rosa, casi doce millones de colombianos, una cuarta parte de la población nacional carece de agua potable y los ríos se afectan. El Meta bajó tanto su caudal que en ciertas épocas la navegación no es practicable, el río Bogotá está sometido a envenenamiento total y otros ríos como el Magdalena, el Cauca,  el Combeima, el Coello, el Catatumbo y el Chicamocha son objeto de  gran deterioro, algunas lagunas se secan y los nevados se descongelan de manera dramática. Un informe sobre cambio climático de la Cruz Roja Colombiana, indica  que las lagunas y la regulación hídrica de alta montaña están más amenazadas que nunca. Dicho estudio corrobora las predicciones hechas por el programa de las Naciones Unidas. El 78% de los glaciales y el 76% de los páramos colombianos corren el riesgo de desaparecer en mediano plazo si no se toman medidas.

La escasez significa demanda, y ahí están los zopilotes de las multinacionales comprando tierras con agua y aumentando los precios del líquido haciendo uno de los negocios más rentables del mundo. Se prevé que la sed desate una guerra convencional, la tercera guerra, que será por el agua, por esto desde Suiza se plantea  la conformación de un pacto mundial para evitar que esta fuente de vida sea motivo de  futuros conflictos comerciales y armados, pero sobre todo para que se reconozca el derecho humano al agua.

Nuestra dependencia del agua para sobrevivir hace que la contaminación signifique el fin de la vida, por eso algunas multinacionales como Suez, Veolia, que antes era Vivendi, RWE Thames, intentan privatizar la última gota de agua dulce, apoyadas por criterios que definen el agua como mercancía susceptible de comercializarse (Dublín 1992). Los límites no serán respetados.

El Banco Mundial creado supuestamente para dar estabilidad financiera y fomentar el crecimiento de los países pobres, se unió a compañías que privatizan el agua y podría condonar deudas externas a cambio del precioso líquido para los países ricos. Suez compró el agua de Buenos Aires, Veolia la de Puerto Rico y Santiago en Chile y RWE Thames la de Yakarta, Indonesia. El nuevo colonialismo será con tarifas cada vez más altas que deberán pagarse a costa de la vida.

África es uno de los continentes más secos de la tierra sin embargo exportan agua, el Banco mundial les obliga a hacerlo para pagar su deuda; casi una forma de asesinato. En Kenia, donde los niños utilizan un filtro para beber de los charcos estancados, se cultiva alrededor del lago Naivasha, la mayor parte de las rosas que se venden en Europa. Son 120 litros que se gastan por cada docena de rosas y el lago dentro de cinco años será un abrevadero.

A Bolivia el Banco Mundial le negó un préstamo de 25 millones de dólares para financiar una cooperativa que propendía por mantener para el país las reservas acuíferas, y la obligó a vender su agua a una subsidiaria de Bechtel, el aumento escandaloso de su precio hizo que el pueblo se levantara.

En Canadá se negoció un tratado de libre comercio en el que EUA obligó al gobierno a trasladar agua hasta un mega cráter cercano al medio oeste estadounidense, para convertirlo en una inmensa reserva acuífera.

El agua no puede considerarse únicamente como un bien económico, es un bien social-cultural indispensable para la garantía de otros derechos como la salud, la alimentación y el medio ambiente sano. Es un derecho fundamental y la mejor forma de luchar contra su privatización es garantizar su acceso sin discriminaciones de ninguna naturaleza. El agua es de dominio público y no se puede negar a nadie por el simple hecho de que no pueda pagarla.

En  Colombia la Observación General Número 15, relativa al derecho del agua que fue emitida por el Comité de Derechos Económicos Sociales y Culturales de la ONU, logró que se considere el derecho humano al agua como un derecho fundamental, autónomo e independiente, y así este asociado a otros derechos fundamentales debe ser reconocido dada la importancia que tiene para la vida y la salud de los seres humanos.

Coletilla: Ojalá los Carnavales de Ocaña en enero de 2014 tengan una veeduría ecológica internacional para supervisar el uso racional del agua.

@mariojpachecog

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