Melissa y los canjes humanos

1 de mayo del 2016

O cambia la estrategia del Proceso de paz, o el futuro será el pasado.

Melissa no quiso creer cuando le dijeron que su primer voto como ciudadana, si era por Santos, no solo perjudicaría al país, sino que ese voto podría poner en riesgo a cualquier miembro de su familia, porque el candidato presidente venía desmontando la Seguridad democrática y ofreciendo inusuales gabelas a las fuerzas violentas, que enmascaradas de paz, intentan apoderarse del país.

Melissa es joven, bella y abogada, a sus 25 años la vida la enamora de ilusiones y el mundo se le abre con sus oportunidades. Generosa y solidaria con los vulnerables, admirada y querida por sus amigos y niña consentida en su familia.

A Melissa le pareció inoportuna la advertencia, porque Santos era el presidente de la paz y a quien no va a gustarle la paz. Esa paz que convenció al Papa, a Obama y al congreso de EUA. Incluso a la Reina Isabel, Cómo no iba a convencerla a ella.

Melissa nació y creció en la histórica Ocaña, la ciudad más visible del área de influencia del Catatumbo, donde la guerrilla floreció como las matas de coca desde que las FARC iniciaron los diálogos de paz en Cuba, y donde resurgieron las plagas desterradas en los dos gobiernos de Uribe: extorsiones, asesinatos y secuestros, cuya horrible cara espantó a Melissa a sus 7 años, cuando en 1998 el ELN se llevó a su abuelo Luis Felipe Trillos, un vitinicultor que comenzó a morirse en el monte desde que lo cargaron de cadenas. 36 días después fue canjeado, previo pago, por su hijo, el psiquiatra Freddy Trillos, por quien dieron la plata que había quedado faltando, para que fuera devuelto al seno de su hogar.

Esos canjes humanos –inhumanos- están a la orden del día, desde que en La Habana se enseñó que el crimen es impune y paga, y que a mayor terrorismo, más curules, así que todos los guerrillos, incluso las bacrim, hacen alarde de horrores en la tarima del país, para merecerlas.

Los ejemplos cunden, aunque muchos canjes y secuestros se ocultan a toda costa, para evitar que la publicidad derive en intentos de rescate que arriesguen al secuestrado y porque en Colombia pagar por la libertad y la vida es un delito, que quita las cadenas del monte y pone las esposas de la prisión. Algún periodista descubrió y difundió, a pesar del sigilo, otro episodio de la tragedia que sufre el ex gobernador del Chocó, Patrocinio Montes de Oca, secuestrado desde hace tres años, quien casi al borde de la muerte, fue canjeado hace unos días por su hermano Odín. Negociación que permitirá al ELN seguir chupando la sangre a su familia.

No imagino el dolor de quien se ve conminado a entregar un hijo, o un hermano por otro y exponerlo a la muerte, canjearlo por el que está moribundo en el monte, o porque el que sueltan es el que puede reunir la plata.

Melissa estaba trabajando en la Estación de Gasolina La Torcoroma, ayudándole a su padre, cuando se la llevaron los terroristas, justo dos días después de que llegaran a Ocaña, en medio de una parafernalia de pitos, helicópteros y vehículos, los ministros de defensa y del interior, para presidir un consejo de seguridad y garantizar a los ocañeros que la paz ya se iba a firmar y que podían estar tranquilos.

Qué cachetada la del ELN. Es que ahora, por obra y gracia de Santos, el secuestro es conexo al delito político, y justificado por Fiscalía y cortes, ya que la plata del rescate es necesaria para el mantenimiento de la oposición. Con ese cuento violan niñas y siembran minas que mutilan campesinos. La paz lo vale.

Viví el secuestro y la muerte en cautiverio de muchos familiares y amigos; sentí la impotencia de la incertidumbre; la tortura del silencio de un teléfono que no timbra; la desesperación ante las absurdas exigencias de centenares, miles de millones de pesos para entregar al ser querido. Supe de la crueldad y el cinismo de la guerrilla y por eso sé, y sabemos, que no hay verdad en su acuerdo de paz, la paz de Santos.

El diálogo se requiere, pero no de la forma errática como se adelanta, porque se firma la paz y la guerra sigue con cambio de brazaletes. Las FARC remozadas, presumirán de la eficacia de combinar poder político, armas y narcodólares, en su objetivo de ensombrecer a Colombia con el Socialismo tercermundista de Chávez, Castro, Dilma, Kirchner…

Moncho Cabrales y familia

Unos días antes del secuestro de Melissa, el ELN liberó a Moncho Cabrales, contra cuya familia también se ensañó el grupo guerrillero. A su tío Pedro Cabrales Aycardi  se lo llevaron en 1988, y la familia pagó el rescate dos veces. Ya lo habían matado cuando el ELN cobró el segundo rescate. Tres años después las FARC se llevaron a su hermano Ramón, a quien canjearon por Federico, otro hermano, pero el canje y pago fue también por un cadáver. Igual que Pedro, Ramón estaba muerto. Federico no lo sabía cuando se entregó a la guerrilla con una tula llena de plata para rescatarlo.

Luego se llevaron a Moncho y su liberación, tras siete meses de secuestro, fue publicitada por el gobierno como un gesto de buena voluntad del ELN para ambientar los diálogos en Ecuador. ¡Qué gran mentira! La familia de Moncho tuvo que pagar una estrambótica suma y quedar debiendo otra. La garantía del pago es la amenaza de llevarse a su mujer o sus hijas. Moncho se endeudó hasta el cuello para pagar su rescate y no tiene la menor posibilidad de reunir la suma que el ELN exige. Decidió huir de la ciudad donde creció y tenía fincado su futuro.

Daniel Maldonado e hijo

Los jóvenes no lo vivieron y los viejos parecen no recordarlo. En 1992 solo se podía viajar por Colombia en las “Caravanas de la paz”, delante de un camión del ejército, o exponerse a caer en una de las pescas milagrosas, que la guerrilla montaba todos los días en cualquier vía para extorsionar o secuestrar viajeros. La caravana para la costa salía del round point de Los héroes, pero ese 30 de diciembre Daniel Maldonado, con el anhelo de pasar el fin de año en familia, no quiso esperar el camión militar y salió para Ocaña, con su esposa Dilia y sus hijos Daniel y José Luis, de 15 y 14 años respectivamente. La pesca milagrosa estaba antes de San Alberto y lo bajaron del vehículo con su hijo menor, a quien le pusieron la pistola en la cabeza. A Dilia le ordenaron que se fuera, pero en estado de shock no pudo mover el carro, así que Daniel hijo tomó el timón y logró alejarse. A Daniel lo soltaron el 8 de enero, con el corazón de un hilo, porque lo obligaron a dejar a su pequeño en el monte como garantía de la plata. ¡Canjearse por su hijo de 14 años y abandonarlo en la manigua, en manos de delincuentes! Daniel vendió lo que pudo y en cinco días ya estaba con la plata en un morral, internado en la montaña, llamando a gritos a los guerrilleros para pagar por su hijo, pero no había nadie en el sitio convenido. La desolación se apoderó de la familia. El gobierno nada pudo, ni las tropas, ni siquiera los jefes máximos del ELN, con quienes Daniel y Dilia se reunieron clamando por el niño. Les dijeron que los comandantes de frente eran independientes en sus finanzas y que no podían hacer nada.

Seis meses más tarde en un caserío escondido, y previo pago del rescate, pudieron abrazar nuevamente a su José Luis, quien hoy vive en el exterior superado de las secuelas.

José Antonio Patiño, su padre y su hijo

El frente Solano Sepúlveda del ELN, entre 1995 y 1996 se ensañó con mis tíos y primos, cuyo único patrimonio era la nobleza de su trabajo, y no entendían ni de armas, ni de guerras. A Antonio, el padre, se lo llevaron de la finca que administraba en Aguachica y lo devolvieron después de llantos y desesperanzas, sin pagar un peso, casi muerto. Después se llevaron a su hijo José Antonio, recién casado y a la espera de su primer bebé, quien fue la primera víctima mortal, pues su mujer abortó por el impacto. A Jose, bondadoso como nadie, lo mataron en el sitio Brisas, San Pablo, sur de Bolívar y usaron su cadáver como señuelo para atraer a su hermano Julio Cesar, estudiante de arquitectura, quien se desplazó al sitio para recuperar el cuerpo, pues habían advertido que únicamente lo entregarían a un familiar cercano. ¡Cuánta abyección! A Ocaña solo llegó el cadáver, Julio Cesar fue retenido, prolongando la agonía familiar, y sin que el ELN les permitiera ni siquiera llorar tranquilos a sus muertos.

Con estos desalmados, cuyos crímenes todavía no alcanzan a los de las FARC, y por lo tanto tampoco las curules, se sienta el gobierno en Ecuador, país alcahueta de terroristas, a departir de igual a igual, de soldado a soldado, de comandante a comandante, con el mismo cinismo de Santrich, Iván Márquez y Timochenko, que no se sienten culpables de nada, porque todos sus asesinatos y delitos son políticos y deben ser perdonados en nombre de la paz, para que en paz nos sigan matando.

@mariojpachecog

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