Narcisismo indolente
Reseña crítica del libro “Narciso en vilo” de Ignacio Zuleta lleras
“Los cuerpos se colmaron de fluido,
y al desbordar, el clímax los arrojó de un golpe, desechados,
y el vacío dejado en el instante por el presente recién utilizado,
se llenó con la presencia furtiva del futuro”
I.Z.LL
El polifacético Ignacio Zuleta (Bogotá, 1955) que funge ora de periodista, ora de abogado, ora de funcionario público, ora de profesor, ora de viajero por el mundo, ora de traductor, ora de derviche yogui (Swami Dharmadeva, se hace llamar), se lanza en la escritura de su primera novela que, según comenta, desempolvó de los anaqueles del olvido en donde reposaban desde los años 80. Es la obra ganadora del premio “Literaturas del Bicentenario”, Estímulos para la Producción Editorial Nacional, 2010. Con todo este preámbulo me lancé, intrigado, en la lectura de este libro de sugestivo título: “Narciso en Vilo”.
Narra el escritor la historia de un amor homosexual que acaece en la Bogotá en los finales de los años 80. Novela urbana que ausculta lugares y costumbrismos de la época, contexto dentro del cual se desarrolla un romance entre dos seres bastante desorientados en sus vidas: Andrés de 28 años y Bío de 18 a quienes el azar hace conocerse en una discoteca.
Se trata de una narración en tercera persona, con un estilo asaz poético en donde el léxico prima sobre la historia contada. Aquí lo importante es poner en relieve las palabras, jugar con los elementos sintácticos, elaborar una bella construcción, ello, a veces, por sobre la semántica, o la preponderancia de la trama. Es posible que esto se deba al hecho de ser la primera novela del escritor. De esta manera la narración y las frases en sí mismas se tornan abigarradas, de difícil comprensión, confusas y muchas veces redundantes.
La novela es muy atractiva por su muy buena intención y elaboración poética; la estética del fraseo; la ironía fin; pero sobre todo por el recuento de un amorío diferente y atípico, no por el carácter homosexual, sino por lo peregrino de los protagonistas involucrados, cuyo proceder es rayano en la puerilidad que les impide avanzar en sus vidas, así como el construir una verdadera relación sentimental o sexual. Andrés, a pesar de su mayor edad, se torna sumiso y dependiente, y Bío tan independiente que sólo piensa en sí mismo; más que narcisismo, como lo indica el título, es de un total desapego y egocentrismo. “La verdadera independencia no es más que un manejo de las dependencias”, argumenta Bío. Fino estudio sicológico podría hacerse de estos dos personajes que en medio de tanta disparidad logran crear una simbiosis por un lapso de un año.
El libro embebe hermosos párrafos líricos, y que no son escasos, como estos: “El tiempo se hizo líquido. Los minutos caían en gotas persistentes, calaban el mucílago que adhería las dos vidas y lo desmoronaba. El zumo de las horas, corrosivo y dañino horadaba los surcos hasta volverlos grietas, mientras Andrés impotente ante los ciclos, presentía el vacío que le esperaba cuando se hubiera disuelto del todo la amalgama”.
Es también interesante lo iconoclasta del relato en lo concerniente a las descripciones sexuales, bastante explícitas, interesante esta transgresión en un mundo que todavía se guía por preceptos heredados de la pacatería judeo-cristiana. “Después de los bostezos, nada tan contagioso como las erecciones”. “Yo soy polígamo, es decir, poliándrico y creo que los amores se secan con el hábito y deben renovarse dándoles carne fresca…”
La construcción del personaje Bío es de poca credibilidad. Se evidencia bastante en el pasaje –tal vez el más trascendente del libro– en donde se configura, en apariencia, una infidelidad de Andrés y es sorprendido in fraganti por Bío. La escena es muy jocosa y bien elaborada, sin embargo, el desenlace es un torrente de palabras, a manera de reprimenda de parte del jovenzuelo Bío con argumentos y léxico que difícilmente podrían corresponder a sus dieciocho años y menos a sus capacidades –éste no ha frecuentado lugares de estudio ni hay manera de concluir que es autodidacta–, una retórica forzada, sin verdadero sentido, de mera forma, aunque el discurso es de buena factura es huero. La palabra por la palabra.
Muy rescatable de la novela el buen uso de la lengua, el análisis sicológico que, ex post, podría hacerse de los protagonistas –ya lo hemos dicho–, así como los tres epílogos que con diferente terminación nos propone el escritor. Interesante. Original. Debe destacarse la muy buena labor del editor Luis Rocca que en su “Taller de Edición Rocca”, ha venido rescatando y permitiendo ver la luz a muchos textos y buenos títulos, dando también la oportunidad a escritores nuevos con pocas posibilidades de ver publicar sus trabajos en las grandes editoriales. Bonito reto, estupenda y loable apuesta por la literatura.
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