No me escapo de lo que nunca sabré

Sáb, 17/03/2012 - 09:02
Agradezco a María Cristina Restrepo y a su novela Lo que nunca se sabrá por sacarme de la apatía literaria en que una bebé llamada Soledad me sumió durant

Agradezco a María Cristina Restrepo y a su novela Lo que nunca se sabrá por sacarme de la apatía literaria en que una bebé llamada Soledad me sumió durante nueve meses. El que yo no haya tenido tiempo para leer o motivación para reseñar y que haya acumulado un morro de libros empezados en mi mesa de noche no es interesante para nadie, no cabe en un artículo, ni es disculpa.

Sin embargo, me atrevo a saludar a los lectores con la siguiente imagen. Una bebé gateando y colgándose de mis pies, y un libro que no pude soltar en cuatro días y que fui incapaz de cerrar a pesar de lloriqueos hambrientos, de los ruegos de una carita adorable, y de ruidos de cosas al caer. La niña sobrevivió y el libro fue devorado, no leído.

Lo que nunca se sabrá retrata a Medellín en la antesala de la Segunda Guerra Mundial: una parroquia que empieza a escuchar lo que pasa en Europa en radios telefunken desde los palacetes de unas pocas familias pudientes, de almacenes agrícolas y de prostíbulos llenos de campesinas adolescentes. Amanda Arboleda, una hermosa refugiada de la clase alta, se enfrenta a los Rojas, una de las familias más poderosas de la ciudad. Una visita para tomar el algo con la matriarca de los Rojas da pie a una amistad libertina y liberadora entre Amanda y Jimena, heredera de los Rojas. Lo que comienza en visita termina en tragedia.

La mirada despiadadamente clara de Restrepo refleja un mundo en donde mujeres de todas clases y edades están atrapadas en roles impuestos. La autora es capaz de hacerlo sin un solo trazo del fatigante moralismo académico que tiende a reducir a la literatura al análisis de injusticias sociales. Desde sus posiciones imposibles, son las mujeres quienes conducen la historia: Amanda, la joven bella, soltera y desposeída, entabla una amistad con Jimena Rojas, la solterona millonaria de 37 años, aficionada a la música y al espiritismo. Jimena responde a esta amistad con un amor que ni ella misma logra comprender. Esperanza es una prostituta negra que sueña con abrir su propio burdel con la ayuda de un santo de ojos vendados. Doña Clemencia, la madre de Amanda, se esconde en una pieza alquilada después de que su marido se jugó la fortuna y se suicidó. Doña Clemencia espera que la belleza de su hija no se marchite en la vergüenza como sucedió con la suya. Isabel, una mujer emprendedora e inteligente, vende los cuerpos de campesinas que encuentra abandonadas en estaciones de bus tras haber perdido la virginidad. En esta historia no hay ni buenos ni malos, sólo circunstancias que varían dependiendo de la mirada que se les dé. La autora se rehúsa a ofrecer cualquier interpretación unidimensional.

Al leer la prosa diáfana de Restrepo, muchas veces traté de desprenderme para hurgar en la estructura de la trama. No pude. Jugó con mi curiosidad como quiso y me metió en el mundo de mis abuelas Celia Echeverri y Soledad Restrepo hasta no dejarme ver ni un solo doblez.

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