Indicadores Económicos

Nos encantan las verdades a medias

No sólo es achacable a la acción de los lobistas, que los contribuyentes aporten menos de ...

No sólo es achacable a la acción de los lobistas, que los contribuyentes aporten menos de lo que deberían para la equidad y la lucha contra la pobreza, como en tono eufemístico se los dijo el Ministro de Hacienda (El Tiempo, 12-02-2012, P.7).

Si el gobierno estuviera de verdad interesado en reducir al máximo estos dos flagelos que afecta a la mayoría de la población, asumiría cuanto antes acciones en varios frentes, que no sólo permitirían multiplicar los recursos que por las actividades económicas inyectadas con inversión extranjera viene obteniendo (con los que se contenta y sustenta el éxito de su gestión económica) sino que pondrían al país en la senda del verdadero desarrollo.

Estudiosos y casuísticas que, por lo que se ve, no son tenidos en cuenta, señalan caminos claros que al no ser tomados ponen los logros del gobierno en sus justas proporciones. Veamos:

Como se deduce de los señalamientos que documentadamente hace Álvaro Pardo, la tributación que recibimos por la actividad minera está entre las más bajas del mundo. Si bien se puede aceptar que en el anterior gobierno y ante el desestímulo que para los inversionistas representaba la inseguridad reinante en el territorio nacional, había que ser generosos en gabelas, éstas debieron ser temporales y negociadas con la perspectiva de ser modificadas. Con más razón, una vez fue haciendo efecto la llamada seguridad democrática.

A estas alturas el gobierno está en mora de replantear, como desde esta misma columna se ha dicho, el esquema de tasas de regalías, de modo que se equiparen a las que rigen en el mercado internacional y que su valor esté sujeto a los volúmenes de producción y al comportamiento de los precios internacionales de los minerales.

Así mismo, debería hacer lo necesario para derogar la autorización a las compañías mineras de deducir del impuesto de renta lo que les corresponde pagar por concepto de regalías. Interpretando a Pardo, no haber modificado este esquema, le representó al Estado dejar de recibir aproximadamente 1.274 millones de dólares entre 2005 y 2011.

Otro factor que sumaría recursos importantes son las acciones de control sobre la supuesta burla de las compañías mineras a sus obligaciones tributarias (¿no les bastan las gabelas?), denunciada por el propio director de la Dian. A esas burlas también se sumaría el posible fraccionamiento de títulos con el objeto de pagar menos canon superficiario (lo que el Estado le cobra al dueño del título minero por el derecho a explorar el área titulada), como bien lo ilustra el investigador Julio Ferro.

Por si fuera poco, y si de verdad se estuviera pensando en serio en salir de la pobreza y la desigualdad que nos destacan en las clasificaciones mundiales, se debería identificar la oportunidad de desarrollo que otros países visionaron en sus recursos naturales no renovables que se encuentran en el subsuelo, como lo argumenta el economista Luis Hernando Barreto. Ello implica renunciar a la ya anacrónica actitud de contentarnos con recibir tan solo regalías por la explotación de tales recursos, dejar de venderlos en su estado primario y atrevernos a transformarlos industrialmente en productos derivados (con valor agregado y mejor pagados). Tal cual como lo hicieron, para alcanzar lo que hoy son, varias de las grandes potencias mundiales, y al contrario de lo que nuestros dirigentes ¡ay, nuestros dirigentes! hicieron en su momento con el café: en la comodidad del volumen de recursos que prodigó por mucho tiempo la exportación del grano primario, no se percataron de la oportunidad de desarrollo que dejaron escapar por no ver que el negocio grande estaba en procesarlo para venderlo.

En otro frente determinante para atacar pobreza y desigualdad se ubica la acción del gobierno frente al sistema financiero. El Ministro de Hacienda, con la mano del Congreso, logró que los bancos redujeran en buena medida los costos por los servicios que prestan, lo cual está muy bien. Pero no da muestras de tener contemplado apuntarle al núcleo del problema: la reducción de los márgenes de intermediación. Con esos costos del dinero bancario la gente evita pedir crédito para sus actividades productivas. Si lo hace, se expone altamente a resultar trabajando no para ella sino para los bancos. Esta realidad da al traste con la función irrigadora de recursos que deben cumplir estos establecimientos.

Lo que aquí queda claro es que no ha habido interés en atacar el fondo de la problemática. Las acciones que se ejecutan, o se quedan cortas, o no responden a lo que realmente se requiere. Con verdades a medias le basta al gobierno para ser bien calificado. ¡Que siga la fiesta!

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