Nuevo debate, ¿nuevas tendencias?

Sáb, 13/10/2012 - 09:01
Los debates electorales en Estados Unidos están marcando las tendencias pero no son la última palabra. La democracia es real si es la voluntad de los votantes, la que realmente decide quién será e
Los debates electorales en Estados Unidos están marcando las tendencias pero no son la última palabra. La democracia es real si es la voluntad de los votantes, la que realmente decide quién será el próximo Presidente. Lamentablemente estamos viendo que los debates están siendo analizados por comentaristas políticos bajo lupa, en la que más que el contenido se estudia si se parpadea, se mira o no se mira al contendor, si contradice o ataca a la contraparte, si sonríe, si interrumpe, para mencionar solo algunos de los aspectos que generan reacción al electorado. El reciente debate de los candidatos a la vicepresidencia de Estados Unidos le puso un poco más pasión a la contienda electoral. En esta oportunidad hubo más substancia. La moderadora,  Martha Raddats hizo un buen trabajo: tuvo bajo control el debate, a los candidatos y al auditorio todo el tiempo. Tenía una gran responsabilidad, especialmente si se tiene en cuenta las críticas a su antecesor y el hecho de ser la primera mujer en moderar un debate presidencial en Estados Unidos. El vicepresidente Joe Biden  recogió los frutos de su reclusión en Delaware donde recibió intenso entrenamiento previo al debate. Aunque algunos temían una de esas salidas en falso a las que nos ha acostumbrado, no fue así. Por el contrario, fue incisivo, demostró su experiencia y su conocimiento especialmente en política internacional. “Digo lo que quiero decir y lo que quiero decir es lo que digo”. En esta oportunidad pudo realmente ser él mismo, pues en su debate anterior con Sarah Palin, tenía el ingrediente de estar en desventaja, dado que cualquier comentario, mirada o tono podría ser analizado con la perspectiva de género. En esta oportunidad Biden se sintió más cómodo y seguro. Requirió respuestas concretas a problemas concretos, alternativas a hechos, a realidades y demandó asumir responsabilidades por la situación económica a los republicanos. Claramente han aprendido de la experiencia que un país por más que esté en el mismo continente y tenga similar religión no es lo igual que otro. No se puede obligar, como pretenden los republicanos, a que una nación piense como ellos creen que debería pensar. No hubo respuesta a la constante pregunta de que harían diferente. Es evidente que los demócratas tienen claro que lo último que necesita el país y el mundo es otra guerra. Generalmente los debates de los vicepresidentes son más agresivos, ese es su rol. Paul Ryan tuvo un buen tono, mantuvo la posesión conservadora como correspondía, pero carece de la experiencia suficiente para ser comandante en jefe. Los republicanos han tratado de convertir el ataque a la embajada y la posible construcción de armas nucleares en Irán como los nuevos caballitos de batalla en política exterior, al haber dejado de existir Osama Bin Laden. Los temas más fuertes del debate electoral además de la política internacional son la salud, la creación de empleo y los impuestos. No se han tocado con profundidad la política antidroga, el tema migratorio y la lucha contra el crimen. El tono cambió en los dos candidatos en la recta final del debate, para ser más reflexivo y pausado al referirse a su posición respecto al aborto desde su perspectiva católica. Sin lugar a dudas la lucha es por obtener el voto de la enorme clase media. Seguramente el resultado del debate  lo darán las encuestas y mediciones y será un resultado muy apretado entre los dos candidatos. La prensa se encargará de mover la balanza para uno u otro y con todo el ruido posdebate habrá variaciones hasta el próximo encuentro de los candidatos el 16 de octubre. Ojalá sea la democracia la que al final decida y no las encuestas y el direccionamiento de opinión.
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