La provincia bota su voto y su futuro

7 de marzo del 2014

“Hay que retomar el sueño separatista, o más bien el sueño reunificador.”

Cuando se escribe para revistas y medios de circulación nacional, no es bueno personalizar ni en lo propio ni en lo regional, a menos que el tema lo amerite y ésta vez tengo la justificación, para advertir que la región de Ocaña, como muchas otras del país, está decapitando políticamente a sus dirigentes y juventudes y cediendo su espacio en las corporaciones públicas a personajes foráneos que aterrizan en la época electoral cargados de dinero para comprar votos.

La región de Ocaña era hasta 1857 un departamento colombiano, con gobernador, asamblea, presupuesto y constitución propia, el cual se eliminó por intereses personales y desde entonces su situación desmejoró ostensiblemente, al punto que ni siquiera se postulan candidatos al senado y sus problemas se acrecientan diariamente, por ser ciudad destino de desplazados, -el 14% del total de sus habitantes- que llegan buscando techo, educación, trabajo, salud y al no encontrar nada de eso, incrementan la inseguridad, la informalidad y la miseria.

Para enderezar el futuro hay que retomar de nuestros viejos su sueño separatista, o más bien su sueño reunificador y reintegrar la vieja provincia en el departamento que era, al tenor de la Ley 1454 de 2011. Hoy no somos siquiera una provincia de verdad, aunque nos jactemos de ello, porque  la paquidérmica dirigencia que nos representa no ha iniciado el proceso para que se produzca  tal reconocimiento.

En la década del noventa fui presidente del Directorio Conservador de Norte de Santander y candidato al senado, porque Álvaro Gómez Hurtado creía en el departamento Caro como instrumento para la reivindicación de la provincia;  luego fui candidato a la alcaldía de Ocaña con la misma propuesta, y no obtuve el respaldo necesario, porque sobraron políticos de afuera y Malinches internos para tachar de absurdo el proyecto. En nuestro medio es frecuente descalificar las ideas, no por buenas o malas, sino por quien las promueve, y por haber sido durante muchos años blanco de la tirria y de la amenaza personal, me anticipo a advertir que no aspiro a nada, que ya los años empiezan a ganarme la partida y que estoy de retirada. Son los jóvenes dirigentes quienes deben asumir la responsabilidad y revisar si las tesis que aquí se plantean son rescatables para ponerlas en práctica.

La región es ejemplo de retroceso motivado por dos factores: el primero fue el harakiri político que mató a dentelladas los prospectos nacidos de su entraña, eliminando liderazgos locales y quedando sin dolientes en el congreso. El segundo, porque su incipiente dirigencia fue molida por la grosería de los nuevos esquemas electorales, que presupuestan tres mil millones de pesos y más, para costear una campaña al senado, pero especialmente porque no tenemos conciencia de la dimensión de nuestro voto, resultamos comprables, venales y muy baratos a la hora de traicionarnos.

Hoy la juventud provinciana está permeada por la izquierda, la derecha, el Mira, el uribismo, el Polo y los partidos tradicionales, todo de afuera, nada propio. Es triste ver cómo se radicalizan y disputan amigos y familiares, a nombre de personas extrañas. Esta época me recuerda las lecturas de Bartolomé de las Casas y su Brevísima relación de la destrucción de las Indias, en la cual relata cómo los indígenas del continente fueron utilizados hábilmente por los conquistadores para pelearse entre sí, y facilitar a los hispanos la masacre de su propia raza; también me recuerda el episodio de la Patria Boba, cuando imberbes patriotas se encendieron esquizofrénicos en los recintos virreinales, por teorías francesas, inglesas y españolas para gobernar a la Nueva Granada, mientras Morillo desembarcaba en Cartagena, y les acalló sus chillidos filosofales a punta de horcas, patíbulos y balazos. Muy tarde comprendieron que su corto entendimiento y sus pequeñas ambiciones los hicieron propiciadores de su propia destrucción.

Es urgente redefinir el rumbo político y administrativo de la región de Ocaña, y esa responsabilidad recae sobre las nuevas generaciones, engolosinadas hoy con lo foráneo. Les invito a dar el primer paso: estudiar el texto de la ley y hacer foros con los municipios para analizar conveniencias e inconveniencias de la autonomía regional, nada hay para perder y sí mucho por ganar. La ocasión es buena, tenemos un gobernador indolente e incapaz, que duró ocho meses sin visitar la provincia y hay descontento generalizado entre los alcaldes, aunque a muchos les falten pantalones para reconocerlo públicamente.

El certamen electoral contamina los espíritus y pronto viviremos la euforia de quienes creen ser ganadores porque ganó su candidato, y sentirán próximo el milagro de la beca y de la casa prometidos por el nuevo gran amigo y ahora congresista. No serán muchos los meses antes del desengaño, porque ese aparecido, que estuvo siempre disponible, ya no contestará, ni siquiera a su secretaria de provincia, que le guardará por muchos meses, fe de carbonera y veneración de altar. La historia es inmisericordemente repetitiva.

Aquellos por los que hoy la juventud se arranca las mechas, que no sabían ni cómo llegar a la región y que aparecieron florecidos de espontáneos amores y compromisos; aquellos que fueron seguidos por una corte de mentecatos, crédulos de sus promesas falsas y sus falsas palabras, de sus cantos de sirena y sus tonadas de Hamelin, nos habrán conducido otra vez, en medio de fanfarrias, al despeñadero de la desesperanza de otro cuatrienio en retroceso.

Este año, las redes sociales convertidas en plataformas de opinión, facilitaron el ingreso de las campañas políticas al hogar cibernético de jóvenes deseosos de incursionar en la política, y por lo tanto inexpertos y expuestos a los avezados estrategas de las campañas electorales. Muchachos que de la noche a la mañana pasaron a convertirse en puntas de lanza; que se fanatizaron y montaron páginas y blogs para promover ideas ajenas, inoculadas por una bien diseñada campaña, que les lavó el cerebro, creyéndolas, adoptándolas y amenazando con hacerse matar por ellas si fuera necesario. Igualito a 1948 cuando los chulavitas y los cachiporros se asesinaban por los trapos rojo y azul, mientras Ospina Pérez tomaba whisky con Lleras Restrepo en el Club de Ejecutivos.

Soy amigo de casi todos los candidatos cucuteños al senado y en lo personal son gente buena, incluso algunos me pidieron acompañarlos en esta campaña, pero todos tienen mucho que ver en la castración política de nuestros jóvenes, por eso mi invitación es voto en blanco al senado y que se contabilice como voto de castigo y de organización, para repensar la provincia y parar su paso de cangrejo.

Respecto a la Cámara, soy testigo del trabajo infatigable del ingeniero Ciro Rodríguez en cada uno de los municipios de la provincia, es nuestro único representante y debemos elegirlo. -Advierto que no me ha dado contratos- Ciro Rodríguez es una figura clave para el proceso de reorganización territorial y de la nueva política que requiere la región.

@mariojpachecog

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