Pido la palabra

Es tanto el daño que la unidad nacional le ha hecho a Colombia, que es hasta sano que Uribe le haga oposición a Santos desde el centro relativo. Por eso no entiendo la cruzada que ha emprendido el vicepresidente Garzón y lo único que espero es que no vaya a terminar mediando entre Samper y Pastrana.

Mientras tanto, los que siempre han tenido la palabra, ahora piden la palabra. Todos se dicen llamar demócratas pero en realidad son políticos buscando un nicho de mercado. El problema es que en Colombia hay más indignos que indignados y el concepto de ciudadanía no es más que una palabra bonita.

Los colectivos carecen de movimiento y la sociedad civil de personería jurídica. La controversia no es entre Hegel y Kant. Los argumentos están sesgados por el odio. Las propuestas están llenas de pólvora en la boca. Lo público es tan ajeno como lejano. La polarización pareciera ser un trastorno afectivo de todos nosotros los colombianos. El engaño sigue siendo considerado un arte. La arbitrariedad es el derecho de unos pocos. La demagogia es una estadística numérica y el debate una acumulación de arena.

Por lo tanto, si en realidad queremos arrebatarle el país a los corruptos y a los criminales, que la clase política renuncie a sus privilegios, que un senador no pueda ser reelegido por más de dos períodos y que ninguna fundación sirva para que un ente privado no tenga que pagar impuestos. Porque es preferible que a nuestros gobernantes los califiquen de “zarrapastrosos” y no de ladrones, criminales, corruptos, oportunistas y lagartos. Y es preferible que nuestra clase dirigente se siga ganando el cielo, cumpliendo con una importante labor social pero sin fungir como un Estado paralelo.

Y la Colombia que quieren los de la Marcha Patriótica, los Progresistas, el centro relativo del expresidente Uribe y quienes ahora piden la palabra, está simplemente en cumplir con la Constitución de 1991. Porque todo lo demás, seguirá siendo un abrazo entre Alberto Lleras y Laureano Gómez. 

Etiquetas: