Populismo vs. Buen Gobierno

Juan Manuel Santos hizo toda su carrera política hablando de la importancia del buen gobierno. Recientemente le ha dado por declararse populista y defender ideas populistas. Muchos de los que creemos que el buen gobierno es lo que este país requiere estamos desconcertados por la contradicción.

Por lo general  lo que sucede es lo contrario. Los candidatos hacen populismo y demagogia para hacerse elegir y, una vez alcanzado el poder, las realidades los transforman en pragmáticos realistas. Es, por ejemplo, el  caso de Ollanta Humala. En el caso del jefe del Estado colombiano es bien diferente. Siempre fue la encarnación de las virtudes de la responsabilidad política. Su programa y su discurso de campaña fueron ortodoxos y prudentes en las promesas. Pero llegado al poder ha destapado una vena desconocida. Sus declaraciones  sobre los ricos que van a chillar, la vivienda gratuita, las alusiones a su deseo de traicionar su clase o el esperpento del marco jurídico para la paz ratifican el viraje hacia el populismo. Pero como bien lo dijo Santos a CNN, “la política tiene mucho de hipocresía”.

Lo que es grave de la actitud del gobierno es el riesgo que implica su cambio de ruta. América Latina ha sufrido, como ningún otro continente del planeta, del mal endémico del populismo. Venezuela, Ecuador, Argentina, Bolivia, por no mencionar sino algunos de los mejores ejemplos, sufren las consecuencias nefastas  de las tesis populistas. Se dispara el déficit presupuestal, se infla la deuda, se desestimula la inversión productiva, se lucran los especuladores, se paralizan los proyectos de largo plazo, se enriquecen los cercanos al poder y se empobrece el país en su conjunto. Esa es la realidad de los gobiernos populistas, algo muy distinto al buen gobierno que a tantos nos sedujo en el discurso de Juan Manuel Santos.

Es peligroso creerse inmune al populismo. Los colombianos no hemos sufrido este fenómeno y ello ha defendido nuestra democracia. No caer en las garras del populismo nos evitó la crisis de la deuda, las hiperinflaciones y la quiebra de las finanzas públicas. Colombia siempre honró sus compromisos internacionales y los colombianos no hemos tenido los derrumbes estructurales que todos los países de la región han sufrido. Tenemos suficientes problemas como el narcotráfico, la guerrilla, la corrupción, el clientelismo o la crisis estatal como para sumarle el populismo. Por ello Santos, que siempre fue un político responsable, debería meditar los riesgos de abrir la caja de Pandora populista.

Al paso que vamos no nos falta sino exaltar las virtudes democráticas de Chávez, la prudencia de Correa, la coherencia de Evo o la transparencia de Cristina. A Santos lo elegimos para que continuara y mejorara una línea de gobierno que recuperó el orden público, reactivó la inversión y nos hizo creer en la posibilidad del desarrollo. No lo elegimos para que nos llevara al abismo populista que nunca antes hemos aproximado.

Jugar con estos temas es peligroso e irresponsable. No le queda bien a Juan Manuel Santos, que está dilapidando la imagen de hombre serio que siempre tuvo. No le queda bien a él y de paso no le hace ningún favor a Colombia.

Representante@miguelgomezmartinez.com