Me declaro enemigo de la paz (I)

12 de noviembre del 2013

Señor Presidente Juan Manuel Santos: Es más perverso el victimario cuando mayor es la candidez de la víctima, y Colombia está de regocijo con sus arengas pronunciadas el 11 de noviembre desde Santa Marta, cuando tildó de enemigos de la paz a quienes no respaldamos sus acuerdos en Cuba con las FARC. Con Tirofijo se […]

Señor Presidente Juan Manuel Santos: Es más perverso el victimario cuando mayor es la candidez de la víctima, y Colombia está de regocijo con sus arengas pronunciadas el 11 de noviembre desde Santa Marta, cuando tildó de enemigos de la paz a quienes no respaldamos sus acuerdos en Cuba con las FARC.

Con Tirofijo se abrazaron ilusionados López Michelsen, Belisario Betancur, César Gaviria, Andrés Pastrana y otros funcionarios, que supieron desilusionarse a tiempo, por la desproporción pedante de las FARC, que nos ofrecía como gracia muy especial la paz, solo si le entregábamos impunidad para sus delitos, grados en el ejército, participación política, dominio en territorios determinados y patente de corso para seguir financiándose con el narcotráfico y el secuestro; entre tanto, en medio de cada tregua y cada diálogo, Tirofijo, de reconocida astucia, fortaleció la capacidad militar de los frentes guerrilleros.

Usted, señor presidente, está obsesionado con el axioma: Acuerdo de paz, igual reelección, y estableció en La Habana una mesa, no de diálogo, sino de cogobierno, para que las FARC nos dejen de matonear, ofreciéndoles entre otras dádivas la posibilidad de ser honorables senadores y honorables representantes, a los honorables Timochenko, Santrich, Iván Márquez y sus camaradas, por circunscripción especial, esto es, sin necesidad de competir con los demás políticos. Tendrán curul propia en el congreso per se, y lo más importante, sin abandonar sus negocios de narcotráfico y secuestro, porque estos temas los dejaron al margen desde el principio, al afirmar que: “-No somos narcotraficantes, ni tenemos secuestrados”. Los colombianos no somos ingenuos, señor presidente.

Usted nos extorsiona queriendo obligarnos a aceptar las pretensiones guerrilleras, so pena de sumergirnos otro medio siglo en la violencia. Usted nos chantajea, endilgándonos la responsabilidad de la continuidad  de la guerra. Usted nos pone en la situación del ciudadano inerme, cuando el atracador ordena: – O la bolsa o la vida. Usted quiere que entreguemos el futuro de Colombia a delincuentes, a cambio de poder seguir tranquilos el camino.

Ante sus arengas de Santa Marta, no tengo más remedio que declararme enemigo de la paz fariano/santista, con el siguiente decálogo argumental:

1.- La paz la queremos, como todos los colombianos, pero no la paz que impone el vencedor al vencido, ¿Cuándo perdimos la guerra? No queremos la paz del matoneo, no la paz del niño que entrega su lonchera al brabucón, para que no le pegue. No queremos una paz de derrotados, que esclavice nuestra libertad y nos sujete a los dueños de la violencia.

2.- No queremos paz con impunidad y premios para las FARC, por elemental respeto y solidaridad con madres, padres, hijos, compañeros, esposas y esposos de víctimas de masacres, desapariciones, asesinatos y torturas de policías, soldados, campesinos, niños, niñas, voladuras de oleoductos, de puentes, de torres de energía, de collares bomba, de niños bomba, de ciclas bomba, de secuestros, extorsiones, de violaciones, sino una paz con justicia.

3.- No queremos una paz engañosa con quien nos engaña cada vez que le tendemos la mano para conciliar, ni mucho menos con quien negocia asesinando, porque mientras su cúpula oligarca dialoga a paso de morrocoy y descansa en yate, bajo el sol del Caribe, fumando habano y tomando buen ron, sus milicianos asesinaron el 18 de marzo dos policías, el 31 de mayo asesinaron seis militares, el 25 de agosto asesinaron 3 soldados en la frontera con Venezuela, el 21 de julio asesinaron 17 militares en Arauca, y el 21 de septiembre ordenaron asesinar a sus desmovilizados, entre ellos a alias Karina.

4.- No queremos la paz en medio de unas condiciones que usted defiende de manera simplista: “¿A quién se le puede ocurrir que las FARC entreguen las armas y se sometan antes del referendo y que después lo pierdan?”  Su “Nada está acordado hasta que todo esté acordado” y su paz sin tranquilidad, ni seguridad, son un sofisma y un contrasentido, ese no es nuestro sinónimo de paz.

5.- No queremos esta paz, principalmente porque no creemos que el Comité negociador tenga la autoridad necesaria para impartir una orden de desmovilización y cese al fuego, que sea de verdad cumplida por todos los frentes.

6.- No queremos esta paz de mentiras, en la que solo se beneficia la cúpula oligarca de las FARC, y en la que la mayoría de sus milicianos seguirán sembrando de terror la provincia colombiana, y estaremos igual que siempre, perdón, peor, porque las FARC tendrán más poder después de este proceso, gracias a nuestra ingenuidad y estupidez, en aras de su reelección.

7.- No creemos posible esta paz, porque no creemos que los combatientes de las FARC, dejen las filas del monte para pasar a las filas de los desempleados, con una hoja de vida sin posibilidades, cuyo único perfil y experiencia es delinquir. No escamparán la pobreza almacenando frutas en lugar de secuestrados, ni contrabandeando juguetes en lugar de armas, ni sembrando arroz en lugar de minas. No podemos creer en la paz fariano/santista porque los milicianos solo saben sobrevivir robando y matando; su resocialización no es posible, especialmente porque el estado no tiene infraestructura laboral para emplear los desmovilizados, ni para que convivan en comunidad, ni para que respeten unos derechos humanos que desconocen y que han violentado durante toda su vida.

8.- No queremos una paz de papel, ficticia, ilusa, canjeada por curules en el congreso, carros blindados, auxilios económicos, zonas de reserva campesina sin autoridad del estado, virajes constitucionales hacia el desprestigiado socialismo económico y político, que propicie hegemonías de izquierda, peores que las de derecha, por fanáticas, por recalcitrantes, por suprimir derechos humanos y libertades individuales y por empobrecer países. Esta paz ficticia es muy costosa para Colombia

9.- No queremos impunidad sin justicia, aunque nuestra justicia esté corrompida, y aunque usted, que sabe de tratos con magistrados, ya nos adelantó una frase magistral: “la justicia no puede ser un obstáculo para la paz” Usted supo poner la justicia de su parte; ya le metieron a la cárcel a su más fuerte contendor, Luis Alfredo Ramos, y no por nada nombró como Ministro de Justicia a Alfonso Gómez Méndez, de quien dicen algunos desmovilizados, es ficha de las FARC en el campo judicial.

10.- No queremos un movimiento que como brazo político de las FARC, consiga votos en nuestros pueblos a punta de ametralladora; las tales circunscripciones especiales, serán precisamente en los sitios que los violentos dominan ilegalmente y que ahora dominarán institucionalmente, bajo el amparo de las leyes.

Al contrario de lo que usted piensa sobre su axioma, su popularidad solo subió en las encuestas del Centro Nacional de Consultoría, publicadas en los medios de comunicación que usted subvenciona, RCN y Caracol, y en el de sus amigos, El Tiempo, El Espectador  y Semana, pero no en otras encuestas. Ya Darío Arizmendi se jactó de que el pool de medios gobiernistas influía sobre el 70% de la población, mientras los medios independientes y regionales tan solo cubrían  el 30%, de manera que quien lea y escuche cualquiera de los grandes medios noticiosos, y no percibe su parcialización, su venalidad, sus intereses, creerá en el paraíso de la paz fariano/santista y se sentirá culpable de no respaldarla.

No hay que comer entero, señor presidente, entiendo su impaciencia para firmar el acuerdo, que a pesar del país firmará. Me alegra haber escuchado sus arengas de Santa Marta, porque comprendí qué soy uno de los millones de colombianos que usted llama enemigos de la paz.

@mariojpacheco

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