Indicadores Económicos

Punto ciego en La Habana

Las Zonas de Reserva Campesina son el “tótem” de las ambiciones de las Farc. / Columna ...

El receso en las conversaciones de La Habana es crítico. Sin duda, es sintomático del diferendo que suscitó el delicado tema de las Zonas de Reserva Campesina. Las posiciones irreconciliables entre las partes y la ausencia de mecanismos para dirimir el conflicto –consecuencia de haber elevado a las Farc al mismo nivel del Gobierno, como alta parte contratante– pueden conducir a un punto muerto. Desbloquear la mesa escapa al control del Presidente y convierte el próximo encuentro en una prueba ácida para el futuro de la salida negociada. El resultado dependerá de qué tan limpio esté jugando la guerrilla y, fundamentalmente, de su codicia sobre las ZRC que, sin llamarnos a engaños, hoy son tierra de nadie y fortines inexpugnables de las Farc.

Las ZRC son el “tótem” de las ambiciones del grupo narcoterrorista. Por ellas fueron a Cuba. Ceder a sus descabelladas propuestas es como admitir que, en adelante, sean las Farc las que marquen, unilateralmente, el ritmo en las mesas de negociación. Pero, pese a la manipulación mediática de las Farc, a los aspavientos de sus defensores de oficio y a las presiones que supone el oportunismo de la movilización del Marcha Patriótica, nadie con tres dedos de frente puede desconocer la dramática realidad de las actuales ZRC. Territorios sin Dios y sin Ley, donde echó raíces el crimen y las vías de hecho convirtieron a los grupos armados ilegales en amos y señores, a la sombra del abandono del Estado. 

Inadmisibles “autonomías profanas”, republiquetas que incubaron los malsanos propósitos independentistas y de autogobierno de los farianos, que literalmente le torcieron el rumbo a la Ley 160, para conculcar los derechos fundamentales, civiles, sociales, económicos y políticos de los campesinos y sembrar una larga estela de cultivos ilícitos, minas antipersonales, fosas comunes, desplazados y despojo de tierras. Un statu quo que ahora buscan elevar a rango constitucional –mediante un marco legal, lo más parecido posible a esa perturbadora realidad– para mantener y profundizar el control territorial y el dominio de bases sociales, constreñidas a punta de plomo, terror y pobreza. 

La película, al menos en este tema, la tiene clara el Gobierno. Crearlas sin la garantía de la presencia de las instituciones cívicas, militares y judiciales, fue el caldo de cultivo de lo que hoy son las ZRC. A eso hay que ponerle fin. Con lo cual,  nada hace pensar que el Gobierno dará su brazo a torcer ante la desmedida pretensión de autonomía, autogobierno, autogestión y autodeterminación que persiguen las Farc. Pero, incluso en el hipotético escenario de ceder a la conformación de las 11 nuevas ZRC, la clara advertencia es que lamentablemente terminarán por el mismo rumbo de las otras 6. A fin de cuentas las Farc saben que en más de 200 años de vida republicana, el Estado ha sido un fantasma en muchas zonas de la geografía nacional. 

La alternativa, la única posible, capaz de corregir el rumbo errático de estos territorios, está por fuera de las mesas de negociación. Sin margen político en este diálogo de sordos, el “as” está en sostener los bastiones de un Estado de Derecho legítimo y eficiente. No sólo para mantener la correlación de fuerzas a favor de su aparato armado y hacer posible la prevalencia de la Ley –en los mismos términos en que se aplica para el resto de los nacionales– sino, fundamentalmente, para garantizar la presencia institucional de ese Estado en todo el país rural, en igualdad de derechos para todo el campesinado y no sólo para quienes habitan las ZRC. 

El acceso a los bienes públicos básicos, éstos sí con rango constitucional, debe ser una realidad en el campo. Tanto como el crédito en condiciones blandas, la infraestructura productiva de riego y drenaje, las vías y los mercados, las condiciones macroeconómicas sanas y una inversión, púbica y privada prolífica, estos sí inalienables e inembargables y sin sacrificar la soberanía nacional.

  • Carlos Mario

    . No hable tanta miierdaa r a m e r a uribestia Pepa Lafuckyou. Si su machucante de carriel acabó a “lajar” desde el 2003, como lo “promintió”. Los dialogos en la Habana, son solo alucinaciones suyas. O es que usted cree que el incapaz mesias ni siquiera pudo poner en practica lo que le enseñó Yair Klein?. O es que usted duda que el impuesto de guerra que recaudó uribe se fue para pagarle la boda en Islas Vírgenes, a Jeronimo con el travesti que le calmara el gustico, en vez de acabar a “lajar”?. O es que usted cree que los dialogos secretos de uribe con “lajar” tampoco funcionaron? A que ex presidente “melifluo” se le ocurriría, por ejemplo, liberar al terroooriiiista Granda? Duda, acaso que los “falsos positivos” no hubieran servido para elevar la “moral” de los “heroes de la patria”?, sospecha acaso que los “pobrecitos” de Fedegan no alcanzaron a desplazar suficientes campesinos “complices del terrorismo” para “refundar la patria”?. supone que las falsas desmovilizaciones no sirvieron para derrotar a los rebeldes? O es que usted se revisó bien la jeta y encontró que fue ahi donde uribe perdió los cojones que le faltaron cuando debia invadir Venezuela y acabar a los “jascinerosos”. No hay derecho a ser tan incrédulo!. Como siga con esos cuentazos… no le dan su paga esta noche en el Uberrimo!!!

    • Paula Martinez

      Usted por qué siempre escribe lo mismo? No tiene más argumentos? Qué pereza!

    • Carlos Mario

      Usted siempre lee lo mismo Paula. Sera que fue usted la que se reviso bien la jeta ?

      • Paula Martinez

        Como no voy a leer lo mismo, si usted escribe lo mismo. Y no hay necesidad de ser groseros

  • Katire

    Estuve viendo un documental sobre el pueblo de Corleone en Italia y su historia es tan parecida a Colombia, hubo muchos comunistas, allí es un centro mafioso de gran envergadura, la mafia mataba sindicalistas, comunistas, campesinos y todos los que se rebelaran contra la mafia.

    Alli también se robaron las tierras y alli también el estado tuvo que volver am repartir la tierra pero a los que se las asignaron fueron amenazados y muchos preferían no tomarlas pero ahora las cosas son un poco diferentes desde que apresaron al ultimo capo de capos Bernardo Provenzano.

    Quiero acotar que la Cosa Nostra italiana tiene mucho parecido a lo que hoy se han venido transformando los grupos paramilitares que no son otra cosa que mafias que tienen todo el control económico del territorio ya sea sobre la propiedad, la economía ilegal, la contratación del estado y la política.

    Pienso que los organismo de control del estado deberian estudiar las transformaciones de la mafia siciliana en un siglo para que se vayan adelantando a hechos donde los grupos ilegales han cogido con los pantalones abajo al estado colombiano y no son una cosa mas que una copia de lo que sucedio en Sicilia-Italia.

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