Qué vaina…

19 de agosto del 2019

Opinión de Carlos Salas.

Ser o no ser uribista Opinión de Carlos Salas

Un desolador balance del primer año de la presidencia de Iván Duque hace Eduardo Mackenzie en su artículo del 18 de agosto “Duque, un año perdido para Colombia” que contrasta con el pálido, aunque positivo balance, dado por el gobierno.

Qué vaina… Hace un año no entraba en nuestros cálculos tan desastrosa situación que supera en gravedad a la dejada por el corrupto e ilegítimo gobierno de Juan Manuel Santos. Esperábamos acciones inmediatas para recuperar la institucionalidad perdida a través de una reforma política y electoral, del fortalecimiento de las Fuerzas Militares tan debilitadas por designios de un acuerdo cobarde con las FARC, del castigo a los corruptos que desangraron al país robándose una bonanza petrolera y los dineros de un endeudamiento astronómico y la incautación de esos capitales tan necesarios para superar la crisis. Además contábamos con una inmediata lucha frontal contra el narcotráfico y la guerrilla que quedaron tan fortalecidos en el gobierno pasado, de una política que reactivara la economía tan ahogada tributariamente, de cambios fundamentales en la educación, de restaurar un Estado austero, etc., etc.

Tal vez fuimos muy soñadores y nos confiamos en un optimismo basado en la buena experiencia vivida durante los primeros años del gobierno de Álvaro Uribe. Teníamos razones e intuiciones claras para tener las mejores esperanzas en un joven inteligente, trabajador, honesto, con capacidad de liderazgo y perfil de estadista. Esas cualidades se mantienen en Iván Duque pero no despiertan el mismo optimismo ahora como presidente al que despertaba como candidato. ¿Por qué?

Tal vez la respuesta se encuentre en la falta de confianza que generan algunas de sus decisiones que no demuestran claridad en su postura ideológica. Releyendo “El llamado de la tribu”, libro pedagógico en el que Vargas Llosa hace un repaso de las ideas liberales que son fundamento del capitalismo económico, me surgió una pregunta un tanto maliciosa que sin pudor planteé a mis amigos uribistas de Facebook: ¿Iván Duque es de centro derecha o de centro izquierda? Las respuestas llegaron por decenas, una buena parte de ellas afirmando que Duque es de centro izquierda.

Con esa pregunta, de pronto quise aplicar lo dicho por Ernest Renan: “La nación es un plebiscito de todos los días”. Con las redes sociales se hace evidente esa afirmación y con mayor razón cuando a los colombianos se nos convocó a un plebiscito con todas las de la ley para luego ser burlado de la manera más desvergonzada, superando Santos en villanía los peores actos de un tirano como Maduro. Con plebiscitos de esos no se crea nación, se le aniquila.

A raíz de todo esto he caído en la cuenta de que no conozco el pensamiento político de Iván Duque. Creo que no soy la excepción porque no encuentro en sus escritos ni en sus discursos expresadas sus ideas. Sólo por sus propuestas, sus actos y, tal vez, por pertenecer al Centro Democrático es que nos hacemos una idea de su posición y tratamos de comprender qué es lo que él llama centro, lo que para algunos significa derecha y para otros izquierda.

De pronto el presidente considere superfluo ese asunto de izquierda y derecha; tal vez se sienta por encima de esas cuestiones y vea la política como algo dinámico en la que para ciertos problemas la solución está en la derecha y para otros en la izquierda. Por desgracia su predecesor era de ese parecer y ahí tenemos los desastrosos resultados.

¿Se irán estos tres cortos años como el primero y nos quedaremos sin saber si nuestro presidente es de centro derecha o de centro izquierda? Tal vez aclarar ese asunto podría ser decisivo para que en 2022 el artículo de Mackenzie no tenga por título “Duque, cuatro años perdidos para Colombia”.

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