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¿Quién ganó el pulso?

Estuvieron 14 largos años secuestrados por un grupo ilegal que insiste en ganarse un supuesto estatus ...

Estuvieron 14 largos años secuestrados por un grupo ilegal que insiste en ganarse un supuesto estatus político,  violando un derecho fundamental y universal: la libertad. No solamente eso, es contradictorio que las Farc pretendan ganar puntos ante la comunidad internacional, cuando ella misma prohíbe y condena delitos de lesa humanidad, como secuestro, esclavitud, tortura y otros tratos o penas crueles.  Habrá que preguntarle a don “Timonchenko” si llevar una cadena al cuello o estar amarrado a un árbol, no es considerado trato cruel o inhumano por cualquier organización mundial que vele por la defensa de los derechos humanos.

Si bien es cierto que diez familias celebran unidas hoy la libertad, el gesto de voluntad de unos y otros, de ambas partes en conflicto no puede ser desconocido o menos preciado,  porque lo importante aquí es el valor y la vida de estos héroes de la patria que supieron resistir. Pero tampoco se puede pasar por alto el interés y verdadera intención que han tenido las Farc detrás de lo que sin duda es ante la ley universal, el delito del secuestro. Quieren insistir una y otra vez que en Colombia, un grupo irregular con intenciones políticas, pretende llegar al poder para deslegitimar lo que el Estado no ha podido, pero creando horror entre la población con sus frecuentes atentados, sometimiento armado de la población civil y reclutamiento forzado.

Resulta difícil creer que las Farc sean al mismo tiempo tan ingenuas al creer que el pueblo, por el que supuestamente luchan, está convencido de ver a esa organización como la única esperanza para desterrar todo tipo de injusticia social. Este discurso, señores, ya está bien agotado. Uno que otro uniformado con el escudo de las Farc a la fuerza, quizás no tenga más opción que creer en eso. Pero la verdad, como dicen los refranes populares “de eso tan bueno ya no dan tanto”.  Ya pocos o nadie les están comiendo cuento.

Después de 14 años de cautiverio, de familias desesperadas por volver ver a sus hijos, esposos o padres, podría decirse que las Farc sí ganaron el pulso, pero al darse cuenta que la solución está en dar por terminado un considerado delito de lesa humanidad. Que no es la vía de la tortura, ni el jugar con los sentimientos de madres, hijas o hermanas ajenas a un conflicto, si no más bien, con salidas negociadas que le devuelvan al país la tranquilidad y la paz bien merecida.

Ojalá que así como decidieron apostarle a este buen gesto, también decidan suspender la siembra de minas antipersona, el reclutamiento forzado y terminen incluso entregando las armas. El camino político, el de las ideas y las urnas  resultan mejor para quienes de verdad anhelan una  Colombia sin tanta injusticia social.

@g_rodriguezm

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