Casi todos, o todos, son traidores. Traiciona en 1389 Vuk Branković al rey Lazar en la batalla de Kosovo. Lazar se enfrentó a invasores del imperio otomano comandados por el sultán Murad y falleció en esa batalla, había maldecido la víspera de su muerte al traidor que desertó de sus tropas uniéndose a los turcos,“¡Ay del varón serbio, o de sangre serbia, que comparta conmigo ese linaje y no se sume a mis fuerzas para luchar en Kosovo! Dios lo castigue con la esterilidad, le prive de la progenie que tanto anhela y nunca tenga hijos, ni hijas, que lo quieran; que bajo su mano nada florezca o crezca, ni uva de color púrpura, ni trigo saludable; que se pudra y oxide como el hierro a la intemperie hasta que su apellido quede extinguido”.
Maldición de Lazar, imitado por Slodoban Milosĕvić, que llega a nuestros días, y configura tanto la historia de la antigua Yugoeslavia como la novela de la catalana Clara Usón, La hija del Este de Clara Usón, publicada por Seix Barral. Serbianismo creado por Lazar, entendido como la constancia, la obstinación, “que han permitido sobrevivir a un pueblo perseguido y sojuzgado por los turcos, los austro-húngaros, los alemanes, y ahora, por todos los países occidentales”. Los serbios, dice con sorna el antinacionalista Danilo Papo, el narrador más importante de la novela porque su voz construye el marco del relato, somos todos héroes, nobles, sabios. Los croatas, bribones, cobardes que imitan a los nazis olvidando que fueron víctimas de ellos hace cuarenta años; los musulmanes, una plaga. Traiciona a los suyos Danilo por pacifista. Su novio traiciona a Nadica, que estudia Medicina como Ana, cuando se va de monje. Es un traidor Nikola que huyó de su país buscando una vida mejor prescindiendo de Ana, su amante. La hija del Jefe del Estado Mayor del Ejército de la República Srpska durante la Guerra de Bosnia piensa que Petar, otro compañero, es un traidor. Petar cree que los serbios, víctimas de los terribles ustachas croatas, fueron generosos con sus verdugos al formar con ellos la Federación Socialista de Yugoeslavia.
Durante 40 años, durante el gobierno de Tito, nos inculcaron, señala Danilo, que serbios, croatas, eslovenos, macedonios, bosnios, montenegrinos y hasta albaneses éramos hermanos y compartíamos un país, una bandera, un destino; cuando el mariscal murió descubrimos que éramos enemigos. Y empezaron nuevas guerras.
Danilo Papo, de origen judío, que visitaba tumbas con su padre profesor de literatura inglesa, asesinado por los serbios, quiso, como Hamlet, “vengar la muerte de mi padre, y al igual que Hamlet, actué sin pensar, me dejé llevar por el arrebato. Hamlet se propuso matar a su tío, el usurpador, y en su lugar asesinó a Polonio, un anciano tedioso, pero inofensivo. Yo ambicionaba acabar con Mladic, ¿Y a quién maté? ¿A Dragan?”.
¿Traicionó Ana al General Ratko Mladić por su repulsión al descubrir que Dragan, su amigo que la quería, no corrió asustado como un traidor ante un ataque musulmán, como se lo informó su padre, sino que fue obligado por éste a incorporarse al ejército de la República Srpska en la primera línea del frente? ¿Traicionó Ana a su padre al suicidarse, dejándolo solo, el 24 de marzo de 1994, con la emblemática pistola que debería ser disparada cuando nacieran sus hijos?
¿Qué otra cosa podía hacer Ana cuando supo que Ratko Mladić, el único hombre que la amaba de manera absoluta, era llamado por entonces el Himmler de Karadzic? ¿Podía pasar por alto que se le imputaban a Mladić, entre otros crímenes de guerra, el prolongado asedio de Sarajevo, su horrorosa limpieza étnica? La joven de 23 años tuvo, entonces, la impresión de estar rodeada de inmundicias por todas partes; ya no sabía qué estaba bien o mal, a quién creer, como comportarse. ¿Fingir que no sabía, que no pasaba nada? “Era hija de su padre: no podía”. Ana, perturbada, no es la que creía. Le duele terriblemente la cabeza.
Muchos, recordó Ana, habían huido de ella: “Estaba familiarizada con esa expresión, la había sorprendido en otros rostros; temor, alarma, prevención, desprecio, pero un desprecio velado, su padre era poderoso...También odio”. “El general Mladic podía ser terrorífico, pero Ratko, su padre, era encantador”. A ratos se sentía indigna de ser hija de un ser tan extraordinario; lo único que podía hacer para merecer su amor era quererlo como lo quería, un sentimiento que todas las injurias y calumnias de sus enemigos no harían sino incrementar”.
Con algo de Anna Karenina, el personaje de Tolstoi, suicidada por el desdén de su amante; casi tan dulce y dependiente de su padre, sin el cual carece de identidad, como Ofelia, el personaje de Shakespeare; tan altruista, espiritual y orientada a grandes logros como Varenka, también inventada por Tolstoi, Ana, con su gesto, quizás mandó a su padre un mensaje para hacerle recapacitar, piensa Clara Usón. No lo consiguió: tras la muerte de su hija, la crueldad de Mladić se desató hasta extremos inconcebibles: ordenó, entre otras, la matanza de 8.000 musulmanes en Srebrenica, el mayor genocidio en suelo europeo desde la II Guerra Mundial. Es llamado “El carnicero de Srebrenica”.
Mladić, acusado de crímenes de guerra y lesa humanidad, permaneció fugitivo de la justicia durante 15 años; fue el criminal de guerra más buscado de Europa. Fue capturado el 26 de mayo de 2011. El juicio, que comenzó en julio de 2012, ha sido aplazado por razones de salud.
¿Quiénes son los traidores?
Dom, 14/10/2012 - 01:02
Casi todos, o todos, son traidores. Traiciona en 1389 Vuk Branković al rey Lazar en la batalla de Kosovo. Lazar se enfrentó a invasores del imperio otomano comandados por el sultán Murad y fallec
