Ratas humanas, dijo el ministro

11 de mayo del 2015

“A mayor brutalidad, mayor respeto, es el axioma santista.”

Como sangriento trofeo, las piernas del cabo del ejército Eduardo Alfonso Ávila Romero, mutiladas por una mina, fueron exhibidas por el ELN en una escuela de Convención, tal vez pretendiendo equiparar los méritos de las FARC, para que Santos y sus áulicos les den estatus de beligerancia y los sienten también a negociar la paz y el futuro del país.

A mayor brutalidad, mayor respeto, es el axioma santista, con el cual se justificarán todos los actos terroristas, hasta que se firme el acuerdo mágico que pacificará al país, y que obliga a aceptar, por voluntad presidencial, cualquiera de las exigencias de la guerrilla, “porque hay que darle una oportunidad a la paz”. Paz semiótica y fetichista, que emanará el mismo día de las firmas en Cuba, por la cual se decretará regocijo nacional, mientras la Nación se entrega a los violentos.

Eduardo Ávila cumplía ese miércoles, 26 años, y ayudaba a construir un jardín infantil en Convención, cuando pisó una mina destinada a los chiquillos, que desmembró sus extremidades inferiores. Una mina igual a las que las FARC sembraron en la escuela San Andrés de Pisimbalá, de Inzá en octubre del año pasado, y a la que partió por mitad al niño que fue registrado por la prensa, desangrándose y cargado por su padre, que corría desesperado, en busca de ayuda. El cerebro torticero de la guerrilla, y su irracionalidad militarista, les hace suponer que asesinar niños produce mayor pavor y más respeto, y parece que tienen razón, porque las minas llevan once mil víctimas, y consiguieron que Santos y el Fiscal viajen por Europa pidiendo impunidad para sus crímenes.

Al tiempo que en el hospital, el cabo malherido, declaraba con serenidad de héroe, que por fortuna fue él, y no un niño el afectado, sus piernas eran levantadas en acto de sevicia y colgadas, nada más, ni nada menos que en una escuela de Convención. Ávila había pronunciado sus palabras desde el fondo del alma, pensando en su hija de ocho años, que entró en shock y que llora y pregunta cuándo volverá a caminar su papá.

El pueblo expresó su indignación hasta donde le fue posible, con excepción de los santistas, que simplemente trinaron para afirmar que en época de Uribe también sucedían estas infamias, y se alzaron de hombros. La Cruz Roja tuvo la desfachatez de prevenir a las comunidades civiles, que las que sean ayudadas por militares, quedarán expuestas. Hasta este extremo llegamos. Ahora los soldados deben ser tratados como parias, o portadores de una especie de lepra contagiosa. Algunos medios gobiernistas se refirieron al crimen como si fuera un accidente. (El Colombiano, mayo 8)

Un día antes de la tragedia de Ávila, otro joven militar, y promesa del ciclismo colombiano, Luis Daniel Toro, perdió en Ituango sus dos piernas al pisar una mina sembrada por las FARC, y un día después de lo de Ávila, fueron destrozados, también por minas de las FARC, el policía Álvaro Javier Sánchez, de 25 años en el Urabá antioqueño y dos niñas de 10 y 11 años, con su mamá, en Cartagena del Chairá, Caquetá.

No somos enemigos de la paz quienes tenemos los ojos abiertos. Esa es la cruz que Santos quiere colgarnos a quienes rechazamos la forma como se adelanta el proceso, con impunidad, sin entrega de armas, con continuidad de la violencia, con menores reclutados, violados, y usados como escudos humanos, con legalización de dineros y propiedades ilícitas, y lo que es peor, con la entrega de las instituciones del país a cambio de nada, porque es evidente que la oligarquía fariana de Cuba, carece de capacidad para parar la guerra.

A estos delincuentes, además de curules y mando, se les ofreció una Constituyente, por parte del Fiscal y el magistrado Bustos, -el que apresó a Luis Alfredo Ramos- para que puedan modificar la Carta Magna a su antojo, igual que en 1991 la modificó la guerrilla, con 29 constituyentes: 20 del M19; 2 de la UP; 2 del Quintín Lame; 2 del EPL, y 3 de los indígenas y del Partido Revolucionario de los Trabajadores.

Colombia toma el rumbo de Venezuela y Cuba y estamos inermes. Las fuerzas armadas ya no defienden las instituciones que juraron defender, fueron neutralizadas cuando  el gobierno compró generales, humilló capitanes,  y bajó la moral de los soldados, ordenándoles no disparar, y exponiéndolos a ser masacrados, como a los 11 que cayeron en el Cauca, no hace más de 20 días

Convención es un bello municipio, puerta de entrada al Catatumbo, pulmón del mundo, reserva acuífera, vegetal y mineral, abandonada por el Estado, y hábitat de los Motilón – Barí, donde mandan FARC, ELN, Bacrim y narcotráfico, una selva que en Bogotá a nadie interesa, porque los problemas de la provincia no son los problemas de la capital.

Desde esta misma columna alertamos, que por considerar incumplidos los pactos que hizo el gobierno para levantar aquel paro agrario, del cual Santos dijo que no existía. La región del Catatumbo fue declarada, de hecho, como Zona de Reserva campesina. Está vedada al ejército, y las vías solo pueden transitarse a determinadas horas. Al igual que solo se permite la comercialización de productos regionales, con permiso previo. La población está en zozobra, pero Santos no ha abierto la boca al respecto, para no incomodar a las FARC antes de que firmen su papel en Cuba. El incremento de la influencia de la coca es palpable, y cada vez será más difícil efectuar cualquier actividad de recuperación.

Ningún argumento es más claro que los hechos. Estamos al garete.

@mariojpachecog

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