La idea del referendo ha tomado fuerza en la actual coyuntura una vez probada su capacidad histórica para movilizar la ciudadanía frente al desmadre de congreso –incluida la fuerza uribista, corazón de la mal llamada “Unidad Nacional”-, elites de la rama judicial, y gobierno nacional. Pero tal idea que propusimos junto con la revocatoria del mandato de los congresistas y desmonte de sus privilegios no ha dejado de ser motivo de la tentación partidista.
No faltó quien leyera el referendo revocatorio de manera equivoca que se trataba de una iniciativa de un partido político que quería sacudirse del “carrusel de la contratación” en Bogotá, o de la disidencia de este en un ataque de oportunismo progresista, o de una disidencia verde, por cierto muy minoritaria, o de una expresión de la resistencia sindical. Lo cierto es que por fortuna la ciudadanía incorporó válidamente tales expresiones pero fácilmente entendió como la convocatoria inicialmente presentada por Red Ver en esta columna, fue en realidad el genuino reclamo cívico frente al desmadre público, produciéndose una sinergia que trajo como resultado histórico el poner a rodar la cabeza de un ministro -samperista, y por tanto nada de esto ocurrió “sus espaldas”-, la respuesta presidencial -de indiscutible efectividad, pero de dudosa legalidad-, mediante la convocatoria a extras, presentación de objeciones y la aceptación de las mismas por parte del propio congreso putrefacto que sustituyó fraudulentamente los pilares de la Carta del 91 para alzarse con toda suerte de privilegios y régimen de impunidad en una orgia legislativa de la que participaron todas las ramas del poder público, y por supuesto con Fiscal General, y Registrador Nacional abordo, y los órganos de control atronadoramente arrodillados, por completo silenciados.
Proponemos: referendo revocatorio como nuevo grito ciudadano de independencia.
Un referendo y sólo uno: por la revocatoria del congreso, desmonte de privilegios a congresistas y derogatoria del acto legislativo 1 de 2011 - orangután madre-
Después de la presentación en sociedad en esta columna de la propuesta de revocatoria del Congreso varios políticos hablan de presentar un proyecto de referendo unos para incluirlo en la constitución y otros de la revocatoria del congreso. Tales convocatorias por venir de organizaciones político partidistas, aunque tales ejercicios aparecen amparados bajo causas filosóficamente loables, en la practica solo terminan alimentando la fragmentación de la participación, contribuyendo a generar confusión en la ciudadanía y terminan es fortaleciendo el este congreso corrupto, y manteniendo sus privilegios. Quizas el mejor ejercicio seria unificar todo ese descontento no alrededor de un candidato o partido, sino de un referendo que le dé real continuidad en el proceso de expresión cívica del castigo que el constituyente primario pretende imprimirle a la clase política y particularmente al Congreso.
En este sentido el referendo revocatorio del congreso, que proponemos, supone nuevas elecciones de congreso las cuales facilitaran el relevó de la clase política parlamentaria al posibilitar que genuinos representantes de hondos y aplazados problemas nacionales lleguen a feliz puerto, así temas como el de la educación, la salud, justicia, medio ambiente y demás intereses públicos a efecto de que los mismos puedan estar debidamente representados. El país no pude dejar mas en manos de este mismo congreso ilegitimo y corrupto tales reformas inaplazables, máxime cuando el mismo ya demostró suficientemente su incapacidad para abordar los grandes temas no solo en materia de justicia, sino de fuero militar, y marco jurídico para la paz, entre otros -actos legislativos con orangután a bordo, aprobados la semana anterior a la reforma a la justicia-.
Los componentes de este referendo al que nos aprestamos son:
- 1. Referendo derogatorio de privilegios de congresistas
- 2. Referendo para la revocatoria del mandato
- Referendo para la derogatoria del acto legislativo No. 1 de 2011 por medio del cual se le permitió a congresistas derogar el conflicto de intereses y la pérdida de investidura.
