De repente, sentado ante el computador, siento un estado de ánimo especial, de aquellos que no puedes dejar de pasar por alto, ni eres capaz de guardarlo para tí solo, requiere compartirse, por tanto escribo en Twitter: "@Toroinfo: Estoy contento. Veo alegría a mi alrededor. La gente sonríe. El amor destella del cuerpo de los amigos. La liviandad perdura. Gracias, VIDA".
Caigo en cuenta de qué poco escribimos o compartimos a viva voz los estados del alma profundos en bienestar. Pareciera que, o somos egoístas y los guardamos por temor a perderlos, o nos sentimos culpables por mostrarlos al ver alrededor angustia, depresión, rabia, tristeza. Casi siempre solo los expresamos en nuestro círculo íntimo, con los más allegados. Son extrañas las manifestaciones públicas de júbilo desbordante. Es más visible el llanto de sufrimiento.
Diferente esto a la risa o la carcajada que reflejan una situación puntual y pasajera. Ya que los estados del alma, de bienestar, perduran en ella para siempre, impregnan nuestro diario quehacer por largo tiempo y se sientan a nuestro lado para ser percibidos por quien esté atento.
Caigo en cuenta de la necesidad imperiosa de hacer un llamado global a volver partícipes a todos los que más podamos de los bellos espacios que tenemos, de los sentimientos de gratitud cuando transcurre una época de plena realización. A no callar la bondad de la vida para con nosotros.
Recuerdo el último conversatorio hace cuatro días, en que alguien manifiesta lo terrible que es la existencia, generalizando para todos los presentes y más allá. Pero cuando pregunto a los cerca de cien asistentes: ¿Quién en el auditorio, vive contento más del 50% del tiempo de su vida?, el asombro esperado se vuelve realidad, al ver por lo menos 95 manos levantadas, ratificando que la humanidad vive sobre todo un sentir luminoso, no uno abismal. No podría ser de otra manera o tal vez ya nos hubiéramos extinguido.
Sí, hay cimas en el camino de la vida. Posiblemente más frecuentes de lo que reconocemos, sencillas, simples, de pequeña o gran altura, no importa, son cimas y eso es lo que vale. Estar en la cima es disponer de energía cinética para avanzar. Qué bueno. También es poseer mayor responsabilidad de compartir lo que nos llevó hasta allí.
Gracias doy de antemano a quienes resuenen con estas palabras y sigan su rumbo sugerido.
Tuiteando la felicidad
Sáb, 13/10/2012 - 01:02
De repente, sentado ante el computador, siento un estado de ánimo especial, de aquellos que no puedes dejar de pasar por alto, ni eres capaz de guardarlo para tí solo, requiere compartirse, por tant
