Un viaje secreto a Oslo

Muchas personas se preguntan por qué Noruega está desempeñando un papel tan importante en los nuevos esfuerzos que se inician en procura de la paz.

Por lo general,  la colaboración de los países en este tipo de procesos no surge de la noche a la mañana.

Obedece a una cadena de contactos que tienen lugar a lo largo de los años y que, poco a poco, van construyendo relaciones, tanto institucionales como personales, al igual que un mayor conocimiento recíproco de los interlocutores.

Ahora, que tanto se habla de Oslo, me parece oportuno sacar del secreto, en el que ha permanecido, un viaje que se hizo a esa capital con el propósito de interesar a sus autoridades en la situación de Colombia y dejar sentadas las bases para una hipotética cooperación en el futuro.

En aquella época se vivían momentos muy difíciles. Ya se habían sucedido los episodios de Cravo Norte, Caracas y Tlaxcala y los canales de comunicación se habían suspendido.

Solamente quedaba a las manos el recurso epistolar que se caracterizaba por una lentitud e incertidumbre angustiosas.

Este se empleó para auscultar posibilidades y poder rendir los informes que el Presidente de la República dispuso que se le presentaran al país, el primero de los cuales debía hacerse a los cien días de iniciado el gobierno.

Pero, en aquel entonces existían otros elementos que influían sobre el ambiente nacional e internacional.

Después de muchos años de intentos, finalmente se había incorporado a la legislación nacional el Protocolo II adicional a los Convenios de Ginebra de 1949, y las experiencias que se desprendían de procesos similares en otros países indicaban que era necesaria la ayuda de un tercero en la mesa, con credibilidad y músculo político.

El prestigio de la ONU era muy grande por su papel en Centroamérica, e igual cosa sucedía con Noruega como anfitrión de esfuerzos dirigidos a superar la violencia por la vía política.

Nos dimos, entonces, a la tarea de buscar conversaciones muy discretas con ellos, en el entendido de que, en ese momento o después, estarían llamados a desempeñar un papel de apoyo a los esfuerzos internos.

Con esta idea en mente, puse en consideración del Presidente Samper  la iniciativa de hacer un viaje a Oslo, a fin de enterar a sus autoridades sobre nuestra situación y dejar sentadas las bases de una eventual ayuda posterior.

El visto bueno que el Jefe del Estado le dio a la propuesta hizo posible iniciar todos los trámites necesarios para realizar esa visita, que se ha mantenido en secreto hasta el día de hoy.

En las reuniones que se celebraron estuvimos presentes la embajadora Clemencia Forero, quien representaba a Colombia ante los países Nórdicos, y yo.

Nuestro propósito fue hablarles de la historia de la violencia en nuestro suelo, hacerles una relación de los empeños de las anteriores administraciones  para recuperar la tranquilidad, explicarles la coyuntura y las propuestas del gobierno en esos años, y solicitar colaboración si las circunstancias permitían avanzar.

La respuesta fue positiva y prudente. Los funcionarios noruegos, por su parte, nos ilustraron acerca de su política exterior en materia de paz y no ahorraron ningún detalle con respecto a la discreción, respeto y objetividad de su actuación en esos casos.

Jan Egeland, era el Viceministro de Relaciones Exteriores. Habló con nosotros de manera informal y sin complicaciones, como son los nórdicos, en un pasillo del Ministerio.

Nos contó que siendo muy joven, más de lo que era entonces, había estado de visita en Colombia, y que dicha visita le había generado un vínculo emocional inolvidable.

Años después, fue el  representante del Secretario General de la ONU para el proceso de paz en nuestro país y hoy está vinculado a Human Rights Watch en Europa.

Así mismo, Oslo es el anfitrión de la instalación de la mesa de conversaciones entre el Gobierno y las Farc.

Cuando se sembró la semilla con Noruega, no le habíamos sumado a la larga lista de lecciones, que hemos aprendido, el Caguán ni la seguridad democrática, lo cual nos obliga a mirar las cosas con más realismo.

Sin embargo, no sobra contar que hace un buen tiempo se hizo un viaje secreto a Oslo, con la esperanza de que quizás sirva para entender mejor porqué Noruega desempeña el papel que hoy tiene.

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