Indicadores Económicos

Vientos en Buenos Aires

Haya pasado lo que haya pasado —nacionalización, estatización, expropiación— con la multinacional petrolera Repsol, Argentina, los ...

Haya pasado lo que haya pasado —nacionalización, estatización, expropiación— con la multinacional petrolera Repsol, Argentina, los argentinos, atraviesan en estos días por el filo de la navaja de no saber si el gobierno de Cristina Fernández está dando pasos seguros hacia una revolución o está conduciendo al país a una nueva catástrofe económica como tantas veces en un pasado que todavía les arde en carne viva.

La polarización en marcha. Ya la división entre quienes apoyan desgarrada y casi melodramáticamente a Cristina Fernández y quienes la odian tajante y casi visceralmente estaba dada, así que la decisión sobre la petrolera no ha hecho más que afianzarla. No se necesitaba de tanto para que las dos fracciones se radicalizaran aún más de lo que ya estaban, pero el toque de expropiación le dio un matiz de nacionalismo al asunto que ha llenado las avenidas de Buenos Aires de afiches blancos y celestes que gritan que YPF es ahora Argentina.

Para aquellos, cristinistas creyentes en que se está reivindicando a la clase popular y que se está reviviendo el espíritu del estado comunitario de Eva Perón, haberle metido la mano a una multinacional es un acto de valiente soberanía. Uno más que sigue a las manifestaciones de hace unas semanas cuando se recordó la guerra de las Malvinas y volvieron las historias de los chicos muertos allí por imperialismo británico y todo lo demás.

Para los otros, para los que denigran del Clan K como le llaman, todo es nada más que populismo, improvisación y negocio; creen que la movida contra la petrolera no soluciona una crisis de combustible que será muy aguda y muy costosa en el corto plazo y piensan que Argentina está cada vez más gobernada por una señora cuya única diferencia con Hugo Chávez es de género.

En eso van las cosas. Lo normal, diría. Unos esperanzados en un discurso populista. Otros escépticos por el discurso populista. Pero hay un componente interesante en el momento argentino de este abril en el que el verano se ha obstinado en permanecer. Una confrontación periodística entre las grandes empresas, que quieren tumbar sin el menor disimulo a la Presidente, y una estrategia periodística del régimen ideada para defenderse y mantenerse en el poder.

No es una guerra de insultos, no la veo así. O al menos no ha llegado a ello. Es una confrontación de interpretaciones en donde los unos leen entre líneas a los otros para ponerlos en evidencia ante la opinión pública al demostrar a través de esas lecturas la mala intención de sus enfoques periodísticos. Por un lado están los que han sido los grandes medios (Clarín, La Nación) a los que sin duda el Cristinismo ha golpeado y duro con medidas que el gobierno ha defendido tan solo como el despojo de privilegios impresentables. Y por otro lado están los nuevos medios, periódicos alternativos bien hechos, canales de televisión con buena difusión y radioemisoras fuertes, que tienen otras miradas quizás comprensivas con la actual habitante de la Casa Rosada.

La existencia de esos dos bandos me ha resultado significativa por el uso que se le da al periodismo en estos momentos de suspenso. La fiscalización de los medios por los medios. Vení yo te leo a vos a ver qué es lo que estás diciendo y no sigás engañando a la gente. Uno de los cuestionadores de la gran prensa de Argentina se anotó una de estas mañanas de polémicas un jonrón con las bases llenas: hizo una lectura de titulares y puso en evidencia que todos tenían cifras distintas sobre el valor de lo que costaría la expropiación de Repsol, los daños y perjuicios para el tesoro argentino. Resultaba evidente que todos habían escogido el número que más les convenía. Y después leyó un titular que decía algo así como Por expropiación de Cristina, España tomará represalias. Por Cristina se refería a la Presidente de Argentina y por España al Presidente del gobierno de España, Mariano Rajoy. Entonces, se preguntaba el opinador, ¿por qué el titular no dice más bien Por expropiación de Cristina, Mariano tomará represalias?

Ese enfrentamiento, sutil por ahora, e inteligente, qué duda cabe; más las discusiones políticas y económicas del momento que se vive hacen más efervescente a la Argentina en estos días. Y a eso agréguele como atracción el sol empecinado y los árboles bellísimos que siguen vestidos en los parques que parecen que se multiplicaran cada vez más en esta Buenos Aires que a mi también, como a Borges, se me hace eterna como el agua y el aire.

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