Celia Cruz, la guarachera de Cuba
La inmortal, la que siempre seguirá viviendo por sus canciones que superaron barreras generacionales y que se bailan desde 1947 con frenesí ritual.
El 21 de octubre de 1925 el Guaguancó esparció azúcar en la casa habanera de Simón y Catalina sobre el cuerpo recién nacido de quien disfrutaría pobrezas por las calles de Santo Suárez, fascinándose con el ritmo de los paisanos, al lado de Dolores, Gladys y Barbarito, sus hermanos.
Corría y cantaba, jugaba y bailaba. A los 12 años un turista que la escuchó le regaló un par de zapatos y supo desde entonces de la magia de su voz. Bastaron un par de canciones más para calzar a todos los niños de la familia.
Úrsula Hilaria Celia de la Caridad Cruz Alfonso se hizo maestra y se entrenó para ser Celia Cruz, -la de la risa estruendosa, pelucas de colorines, zapatos increíbles y vestidos extravagantes- en veladas escolares y en las corralas habaneras.
Entusiasmada con la torta que ganó en el concurso de La Hora del Té, comenzó a presentarse en cuanta emisora podía. Ganó una cadenita de plata y luego sus primeros 15 dólares. Incursionó en la música afrocubana y abandonó sus estudios formales para ingresar al Conservatorio Nacional de Música.
Ya jovencita, las orquestas de Obdulio Morales y Ernesto Duarte la hicieron conocer y en 1947 Celia fue admitida en el espectáculo Mulatas de fuego, con el que recorrió los mejores centros nocturnos de la isla, Venezuela y México.
Rogelio Martínez la contrató para que hiciera un reemplazo temporal en La Sonora Matancera y allí se quedó. En 1951 grabó su primer disco de 78 rpm Cao cao maní picao y Mata siguaraya.
En 1953, año obtuvo su primer Disco de Oro con Burundanga y actuó en las películas Affaire en La Habana, Olé Cuba, Una gallega en La Habana y Salón México.
En 1960 huyó de su país, radicándose en Nueva York donde, sobre un escenario, le informaron el 7 de abril de 1962 que su madre había muerto. Se sobrepuso, continuó el show pero no pudo ir al entierro, el régimen del comandante se lo impidió y se convirtió en una furibunda anticastrista que pregonaba su decisión de inmolarse con una bomba si con ella se llevaba a Fidel. Ese mismo año se casa con Pedro Knigth, su primer trompetista.
Entre las 184 canciones que dejó grabadas con la sonora matancera se encuentran: Caramelo, El bajío, Dile que por mí no tema, Tu voz, Yerbero moderno y Burundanga.
Sus compañeros de escenario fueron los artistas más cotizados de la época: Willie Colón, Cheo Feliciano, Héctor Lavoe, Ricardo Ray, extendiéndose su fama por todos los continentes y convirtiendo ¡Azúcar! En su grito de ritmo y alegría, ¡Azúcar! En remembranza a la zafra cubana.
Recibió dos Grammy y tres Grammy latino. Las Universidades de Yale en 1989 y la de Florida en 1992 le concedieron el doctorado honoris causa.
En Hollywood se le otorgó una estrella en el paseo de la fama, en 1987 y en Miami la calle 8 se conoce como “Celia Cruz Way”
Sus canciones son inolvidables: Cucalá, Quimbara, Bemba Colorá., Juancito trucupey, Guantanamera, la vida es un carnaval, Son con guaguancó, (1967), A ti México (1967), Bravo (1967), Quimbo Quimbumbia (1969), A todos mis amigos (1978), La ceiba (1979), La candela (1986), Azúcar negra (1993) La negra tiene Tumbao, Azúcar! (1993), Homenaje a los santos (1994), Siempre viviré 2000), Regalo del alma (2003)
El 16 de julio de 2003 a los setenta y ocho años, murió en Fort Lee, Nueva Jersey. Aquí su última presentación
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