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Indicadores Económicos

El emperador que puso a los ricos a pagar impuestos

Sorprende el contenido social de la reforma planeada por Nerón, emperador que suyo estigma, ganado a ...
Nerón, Kienyke
15/12/37-09/07/68

En el año 57, tercero de principado, Nerón replanteó la situación social y económica de Roma. El emperador acariciaba un plan que podría calificarse como uno de los proyectos más avanzados y discutidos de la historia: transformar por completo el sistema tributario y con ello conseguir solucionar dos eternos problemas: el social y el económico. Pondría a todos a pagar impuestos.

El problema social romano se relacionaba con el exceso de gabelas que pesaban sobre los productos consumidos de la plebe y repercutía sobre la propia estabilidad social, principalmente en el poder adquisitivo de las clases bajas. En tanto, el problema económico radicaba en la necesidad de  reajustar los impuestos, al tiempo que conseguir mayores y más racionales ingresos para el Estado,  que debía pagar el ejército, la administración, los gastos de la casa imperial y una larga e interminable lista de gastos.

El proyecto es una página interesante de la política financiera de la historia de Roma. No hay un paralelo semejante como intento individual de un emperador o gobernante.

El punto principal de la reforma fue la abolición de los impuestos indirectos, denominados Vectigalia y Portoria, y para compensar éstos, se aumentarían los impuestos directos, Tributa, imponiéndose en toda Italia, que tradicionalmente no pagaba impuestos.

Nerón, Kienyke

El reinado de Nerón se asocia comúnmente a la tiranía y la extravagancia. Se lo recuerda por una serie de ejecuciones sistemáticas, incluyendo la de su propia madre y la de su hermanastro Británico.

La reforma propuesta por Nerón lograría una mayor uniformidad en el reparto de los impuestos, además intentaba acabar con el abuso y el excesivo poder de los publicanos, ya que eran numerosas y continuas las protestas contra su arrogancia y abusos, según Tácito, este fue el motivo principal de su reforma fiscal.

La abolición de las aduanas dentro del Imperio hubiera estimulado, sin duda, el mercado y la economía provincial, que se vería libre de los pesados  costosos peajes en el transporte de las mercancías. Incluso, hubiera mejorado las relaciones comerciales con las provincias, ayudando con la descentralización económica.

Además, la reforma disminuiría la inflación y el coste de vida, al bajar los precios de los productos alimenticios y de consumo de la plebe.

Pero como toda reforma, de ayer y de hoy, sobre todo en lo que respecta al bolsillo de cada quien, tenía muchos y graves peligros. Quizás el más temido era al invasión de mercancías y productos extranjeros baratos, algo semejante a la invasión de productos chinos en nuestros días. El otro problema era compensar los vacíos que dejaban los impuestos indirectos, pues exigía la inmediata subida de los impuestos directos.

Esta política iba en contra de los intereses romanos, sobre todo, de quienes mantenían privilegios ancestrales. Afectaba a los poderosos patricios que tendrían que pagar por sus grandes dominios de caballeros y de libertos enriquecidos.

En fin, la oposición a este proyecto de reforma fue tal y provocó tal alarma en distintos en distintos sectores de la sociedad, que Séneca y Burro, los consejeros de Nerón, le recomendaron retirarlo y conformarse con una serie de medidas para paliar los abusos de los patricios y ricos y calmar las protestas del pueblo.

Sorprende la intensión de redistribuir y el contenido social, pues estamos en el primer siglo de Roma y con un emperador que suyo estigma, ganado a pulso, eso sí, no deja ver sus proyectos para engrandecer y hacer más justa la vida del pueblo romano.

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