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José María Peñaranda

José María Peñaranda nació y creció en Barranquilla, pero fue en Aracataca donde, más tarde, conoció ...
Jose María Peñaranda
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José María Peñaranda nació y creció en Barranquilla, pero fue en Aracataca donde, más tarde, conoció a Francisco el hombre, que lo inició en el arte del acordeón y lo animó a hacer carrera musical. Entonces Peñaranda se puso a estudiar música y a escribir canciones, logrando muy pronoto uno de los éxitos más rotundos de la música costeña colombiana, Se va el caimán.

El tema proviene de un relato de un autor barranquillero en que cuenta que había un hombre en la costa que se convertía en caimán para ir a ver a las mujeres bañándose en el río por medio de un líquido mágico que tenía en una botella. Peñaranda grabó la canción en 1941, y cuatro años después ya era un éxito en toda América Latina, desde Argentina, donde la grabó la orquesta de Eduardo Armani, hasta México, donde figuró en la película de Juan Orol Pasiones tormentosas. Pocos años después ya había sido prohibida en España, pues la censura supuso que el caimán era Franco, y Franco no se iba para ningún lado. Hoy, el tema ha sido traducido a siete idiomas y ha tenido los más inverosímiles intérpretes, como Plácido Domingo. Cuando se le peguntaba a Peñaranda por la razón de su éxito, respondía: “Lo que pasa es que su sabrosura es universal”.

Entonces Peñaranda siguió componiendo temas folklóricos, entre los cuales Me voy pa Cataca, que la Sonora Matancera habría de hacer famosa bajo la adaptación me voy pa la Habana. También escribió Que le den, Teresa la panadera, El pelquero y Las secretarias, temas que se hicieron rápidamente populares, sea por gusto que por disgusto, como fue en el caso de la última, que el gremio de secretarias consideró ofensivo a su profesión. Entonces Peñaranda, cuyo ánimo no era el de ofender sino el de agotar las combinaciones de la música en busca de la fórmula secreta de la sabrosura universal, escribió una letra alternativa, más amable, que es la que hoy se conserva.

Pero a pesar de tan alta hechicería, y tanta fama, Peñaranda siguió componiendo incansablemente, logrando temas nunca tan famosos como el del caimán, pero muchas veces bastante mejores, esfuerzo que no fue en vano, y que le significó un sinnúmero de homenajes y regalos el día de su muerte, cercano a cumplir los cien años de sabrosura.

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