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El poeta que hacía orgías en la Casa de Dios

Barba-Jacob fue poeta, pero también fue biógrafo, periodista y militante revolucionario en más de una revuelta.
Porfirio Barba Jacob, Kienyke
29/07/1883-14/01/1942

Porfirio Barba-Jacob nació llamándose Miguel Ángel Osorio, pero también se llamó Ricardo Arenales, Juan sin Tierra, Cálifax y Almafuerte, y también Juan Pedro Pablo de no haber muerto justo antes de efectuar el cambio. Nació en Colombia, pero vivió en casi todos los países de Centroamérica, en Cuba y en el Perú, repetidas veces, sin un plan aparente, lo que conforma el periplo circular de nombres y destinos en que consistió su errante vida.

Barba-Jacob fue poeta, pero también fue biógrafo, periodista y militante revolucionario en más de una revuelta. Durante su juventud, en México, fundó periódicos, participó en publicaciones y apoyó el régimen de Porfirio Díaz, causa de su obligada fuga del país una vez triunfó el golpe de Carranza y Pancho Villa. Con el fin del porfiriato nació Porfirio Barba-Jacob, el poeta, radicado en Guatemala. Ahí publicó sus primeras obras, más por presión de amigos y admiradores que por voluntad de publicarlos.

En los años veinte, después de una larga travesía por el Caribe, volvió a México, donde se apropió de la futura casa del nuncio apostólico, ausente a causa de la política anticlerical del gobierno revolucionario, en la que llevó a cabo unos misteriosos bacanales de mujeres, poesía y marihuana de los que dejó memoria en cinco asombrosos reportajes llamados “Los fenómenos espíritas en el Palacio de la Nunciatura”. Entonces publicó también algunos de sus poemas, entre los cuales la Canción de la vida profunda, uno de los más famosos, que empieza así:

“Hay días en que somos tan móviles, tan móviles,

Como las leves briznas al viento y al azar…

Estos versos parecen casi un manifiesto del poeta, que no habría de quedarse quieto hasta el día de su muerte. Antes de eso, sin embargo, alcanzó a dar tumbos por México y el Caribe largos años antes de regresar a Colombia, después de veinte años de ausencia, donde trabajó en El Espectador y viajó por el país dando recitales. A los tres años, sin embargo, volvió a sentir el viejo llamado nómada, y se embarcó hacia Cuba por cuarta vez, donde conoció al poeta Federico García Lorca y al embajador mexicano, Adolfo Cienfuegos, que le permitió la entrada a México. Allí Barba-Jacob se dedicó a fundar periódicos, a escribir publicar artículos y a escribir las últimas obras de su poesía, que ya había ido saliendo, esparcida como un hongo, por todo el Caribe y Suramérica. A eso se debe que el día de su muerte, que lo encontró todavía en México, no hubiera nada parecido a una compilación de sus obras, que aún hoy, descontando unas cuantas, siguen escondidas en los archivos de las numerosas revistas y periódicos en los que colaboró tan pasajeramente.

***

Fernando Vallejo y El Mensajero.kienyke

En 1991 Fernando Vallejo publicó en Colombia su biografía sobre Barba Jacob. La biografía, escrita de manera poco convencional, es un relato lleno de pasión y furor detectivesco. Fue un trabajo que le demandó a Vallejo años de viajes y pesquisas por todas las ciudades americanas en las que vivió el poeta antioqueño.

En El mensajero, Vallejo quiere que Barba Jacob recuerde todo lo acaecido correctamente. “Si en alguna de las miles de cartas que aparecen en la biografía el poeta se equivoca en fechas, lugares o en cualquier otra circunstancia, Vallejo se encarga de corregirlo” comenta Julia Musitano.

  • http://twitter.com/HGBracamonte H.G. Bracamonte

    Nadie nace “llamándose” de ningún modo. El nombre lo ponen luego.

    • santiago

      no tiene nombre facilmente

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