¿El Padrino? Es más bien el abuelo del crimen

15 de julio del 2019

Su carrera criminal comenzó en los 40, a los 16 años, cuando vivía al sur de Londres.

NYT

Era lunes de Pascua, y cinco ladrones habían irrumpido en una compañía de seguridad al este de Londres.

Cuando uno de los guardias, quien estaba vendado de los ojos y amarrado a una silla, vaciló para revelar la combinación de la bóveda, la pandilla puso líquido para encendedor bajo sus fosas nasales y amenazó con encender un cerillo, recordó hace poco Freddie Foreman, uno de los ladrones.

Los delincuentes huyeron con 6 millones de libras esterlinas, alrededor de 9 millones de dólares en la época del atraco, en 1983.

Al rememorar el episodio, Foreman, quien se autodescribe como “el Padrino del crimen británico” y ahora tiene 87 años, dijo que el robo en Security Express había sido compasivo.

“Les dimos té a los guardias y nadie fue al hospital, y estoy orgulloso de eso”, dijo Foreman, cuyo porte de abuelo resulta difícil de reconciliar con su vida anterior como sicario independiente para los Kray, los mafiosos tristemente célebres que eran gemelos idénticos y acecharon Londres en los 50 y 60.

La trayectoria de Foreman ha sido marcada diversamente por adversidad, opulencia, amenaza y un instinto de supervivencia.

Fue uno de cinco hijos de un taxista y un ama de casa. La violencia y pobreza de su infancia en Londres durante la guerra ayudaron a formarlo.

La carrera criminal de Foreman comenzó en los 40, a los 16 años, cuando vivía en Battersea, al sur de Londres, en ese entonces un vecindario difícil. Dijo que fue aprendiz en una banda de mujeres ladronas, quienes llenaban su ropa interior con pieles de visón, joyas y ropa robadas.

“Yo les caía bien, eran chicas agradables y me convertí en su protector”, dijo. “Cuando tenía 18 años y mi madre descubrió mi revólver en el clóset de mi recámara, supo qué tipo de chico era. Solía decir, ‘Fred Foreman, vas a terminar colgado de una soga’”.

Dijo que había intentado reformarse, pero que había ansiado “dinero fácil”.

Su verdadera incursión a las entrañas del crimen londinense llegó en los 60, cuando fue reclutado por los hermano Kray, y bajo su tutelaje se ganó otro de sus apodos: el sepulturero. Expresó remordimiento por haberse involucrado con los Kray.

Sin embargo, al poco tiempo, Foreman dominaba una franja del sur de Londres y era dueño de bares, casas de apuestas y un club nocturno.

La violencia, enfatizó, era un gaje del oficio en ocasiones necesario y desafortunado, pero nunca fue un fin en sí misma. Su motivación principal para el crimen, dijo, era que tenía una esposa, Maureen, y tres hijos a quiénes mantener.

Foreman nunca fue hallado culpable del robo en Security Express, pero recibió una condena de nueve años por manejar propiedad robada. En total, pasó 16 años en la cárcel por crímenes diversos.

Ahora, Foreman lleva una vida tranquila, compartiendo cenas de roast beef con los otros residentes de edad avanzada en su edificio. “Casi todos han muerto”, dijo al señalar una fotografía de antiguos asociados de los Kray.

“Soy el último que queda”, añadió. “Supongo que hice algo bien”.

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