“La Orestíada” de Esquilo encuentra escenario en Iraq

15 de julio del 2019

Llevan antigua obra griega a ciudad de tragedia moderna.

“La Orestíada” de Esquilo encuentra escenario en Iraq

En esta ciudad devastada por la guerra, los estudiantes de actuación se abrían camino sobre pedazos de concreto para llegar a su ensayo a fines de marzo, evitando escaleras que podrían venirse abajo, circunnavegando charcos de agua fétida y manteniendo siempre su distancia de hombres con armas.

“No necesitamos representar una tragedia”, dijo Mustafa Dargham, de 19 años, mientras hacía un gesto hacia el cascarón acribillado del Instituto de Bellas Artes durante un descanso de los ensayos de “La Orestíada”, la antigua trilogía griega de Esquilo. “Esta obra simplemente habla de la realidad de Mosul”.

Aunque las tragedias griegas se remontan a hace más de 2 mil 500 años, a los directores de teatro todavía les parecen extraordinariamente relevantes, al escenificarlas en ocasiones en entornos contemporáneos.

El director teatral suizo Milo Rau va más allá. En un provocador manifiesto que emitió cuando se hizo cargo de la compañía teatral NTGent, con sede en Gante, Bélgica, prometió ensayar o presentar una obra al año en una zona de conflicto. En este caso, buscó fusionar la tragedia de Mosul con la de la Casa de Atreo, la dinastía al centro de la trilogía. Su versión, “Orestes en Mosul”, se centra en un tema eterno: el ciclo de la venganza y la dificultad para exorcizarlo. Mosul prácticamente se convierte en un personaje.

Los actores iraquíes no pueden conseguir con facilidad visas para Occidente, así que la producción completa combina videoclips de ellos mientras hablan sobre y ensayan la obra en Mosul con actuaciones en vivo de siete actores europeos. Se estrenó el 17 de abril en NTGent y tiene fechas para una gira programadas por todo Europa hasta fines de año.

“Quería hacer lo que significa la tragedia, donde todas las decisiones son erróneas, donde no hay una buena opción”, dijo Rau. No podría haber acudido a un mejor lugar para mostrarlo. Aquí, la invasión, toma y derrota del Estado Islámico dio como resultado una Ciudad de víctimas y perpetradores, y algunos que fueron ambas cosas a la vez.

Los ensayos comenzaban con el equipo de NTGent arrastrando una mesa afuera. Stefan Bläske y Rau instalaban computadoras para trabajar en el guión. El enfoque de Rau para escribir guiones es relajado y con “Orestes en Mosul” mezcla secciones del texto original con material obtenido de la investigación de su equipo y de conversaciones con los actores.

Mosul, una de las ciudades más cultas de Iraq, aún apenas está funcionando, y los residentes temen estar a punto de volver a caer en la guerra. El dominio del Estado Islámico robó no sólo su estilo de vida sino el espíritu de la ciudad. Se quemaron libros, se prohibió el arte y se vetaron los placeres.

Para los estudiantes de teatro, que en su mayoría nunca había leído “La Orestíada”, se necesitó un pizarrón blanco para hacer un diagrama de la trama, los personajes y lo que estaba en juego. En resumen: Agamenón, quien ha sacrificado a su hija para acelerar su viaje a la Guerra de Troya, regresa después de 10 años, sólo para ser asesinado por su esposa en la primera obra. En la segunda, su hijo Orestes y su hija Electra descubren cómo murió su padre, y Orestes se venga de su madre. En la última obra, Orestes es perseguido al templo de Atenea por Las Furias, diosas que quieren que pague por el homicidio de su madre. Ahí, Atenea preside su juicio; pero son los ciudadanos de Atenas quienes se pronuncian sobre Orestes.

La decisión de Rau de hacer que Orestes y Pílades, mejores amigos en la tercera parte, se dieran un beso en la boca causó conmoción. Algunos de los estudiantes de teatro iraquíes se sintieron incómodos. Europeos e iraquíes dilucidaron -o intentaron dilucidar- la diferencia entre un beso en el escenario y uno real.

La última escena de la obra -el juicio de Orestes- fue una en la que la visión de Rau y Bläske de que el teatro abarca mundos demostró ser cautivadora. Esquilo pregunta si Orestes debería morir por matar a su madre, o ser perdonado. En la versión grabada en video, Dargham y siete de sus compañeros de escuela, que interpretan al jurado, llegan a una decisión no unánime.

Khitam Idress, de 59 años, una maestra cuyo esposo había sido asesinado por Al Qaeda, interpretaba a Atenea. Anunció: “Mi voto va para la paz. La cadena de muertes debe llegar a su fin”.

En ese momento, parecía un voto de esperanza para Atenas y Mosul. ¿Pero qué sucede cuando el voto es sobre algo real y el jurado conoce personalmente el sufrimiento de las víctimas?

En clips de video con el mismo jurado de estudiantes teatrales que debaten la muerte de asesinos de ISIS, el enojo y la pasión eran reales.

A la hora de votar, nadie levantó la mano a favor de la pena de muerte, pero nadie tampoco pudo votar a favor del perdón.

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