Poderes en Rusia conspiran para ignorar la violencia doméstica

21 de julio del 2019

La Iglesia se opuso al uso del término “violencia familiar”, al describirlo como un producto de “las ideas del feminismo radical” dirigido a castigar a los hombres.

Poderes en Rusia conspiran para ignorar la violencia doméstica

La golpeó. La secuestró. La amenazó con matarla.

Pero era Rusia, donde la violencia doméstica es, a la vez, endémica e ignorada. Cada vez que Valeriya Volodina iba a la Policía buscando protección contra su exnovio, no lograba nada. “Nunca abrieron un caso criminal en su contra, ni siquiera reconocieron que hubiera un caso”, dijo la mujer.

Por lo tanto, Volodina volvió la mirada fuera del país y, este mes, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, en Estrasburgo, falló a favor de ella. Al rechazar los argumentos de Rusia de que ella no había sufrido un daño real, y que no había presentado sus quejas apropiadamente, el tribunal le concedió una indemnización de unos 22 mil 500 dólares.

El fallo fue el primero del tribunal europeo en un caso de violencia doméstica de Rusia. Otras 10 mujeres rusas tienen casos similares pendientes.

La abogada de Volodina, Vanessa Kogan, directora de Astreya, una agrupación rusa de derechos humanos, llamó al fallo en Estrasburgo “un paso crucial para abordar el flagelo de la violencia doméstica en Rusia”.

Dijo que lo importante es que el tribunal europeo reconoció que “el fracaso de Rusia para lidiar con este asunto es sistémico y que las autoridades rusas, al permanecer pasivas, no proporcionar protección y no tener legislaciones necesarias, están violando los derechos equitativos de las víctimas ante la ley”.

Un informe del año pasado de Human Rights Watch describió el problema como “generalizado” en Rusia, pero que rara vez es abordado debido a los obstáculos legales, el estigma social y una renuencia general a tomarlo en serio.

El mes pasado, fiscales rusos decidieron presentar cargos de asesinato premeditado contra tres hermanas que mataron a su padre tras años de presuntas golpizas y abuso sexual.

Las hermanas, actualmente de 18,19 y 20 años, atacaron a su padre, Mikhail Khachaturyan, con un cuchillo y un martillo el año pasado cuando dormitaba en su silla tras bañarlas con gas pimienta como castigo por no estar lo suficientemente arregladas.

Simpatizantes de las hermanas dicen que fueron impulsadas a la violencia por años de abusos y no deberían ser procesadas por asesinato.

Una petición que exige que el caso sea cerrado ha sido firmada por más de 260 mil personas.

No hay estadísticas oficiales para la violencia doméstica en Rusia, pero un sondeo del 2014-2015 realizado por la Academia Rusia de Ciencias encontró que más de la mitad de las personas encuestadas había experimentado violencia doméstica o conocía a una víctima.

Pero las autoridades a menudo se niegan a actuar, o lo hacen demasiado tarde.

El 11 de julio, la agencia rusa de noticias Tass reportó que se había abierto un caso de agresión sexual contra Khachaturyan, el padre muerto de las tres hermanas que enfrentan cargos de asesinato. Las leyes rusas permiten la acusación de personas que están muertas.

En Rusia, un debate sobre la violencia doméstica ha destacado una profunda división que se ha ampliado con el Gobierno del Presidente Vladimir V. Putin, quien ha formado una estrecha alianza con la Iglesia ortodoxa. Aunque no es particularmente conservador en sus propias opiniones personales, Putin, que es divorciado y dice tener amigos gay, ha dado rienda suelta a miembros más reaccionarios del clero.

Luego de que los legisladores rusos trataron de promulgar en el 2012 una ley contra la violencia doméstica, la Iglesia se opuso al uso del término “violencia familiar”, al describirlo como un producto de “las ideas del feminismo radical” dirigido a castigar a los hombres.

En un lado de un abismo de opinión están rusos, muchos de ellos jóvenes, que comparten la opinión de que el Estado debe tomar acciones contra el abuso doméstico, la violencia sexual y el acoso y la discriminación por motivos de orientación sexual. En el otro lado están rusos más conservadores que se enfurecen con lo que ven como ideas importadas de Occidente y la erosión de las normas tradicionales.

En un caso presentado en el tribunal europeo en mayo, una mujer, Margarita Gracheva, acusó a un oficial de Moscú de falta de ética laboral por no actuar luego de que su esposo sostuvo un cuchillo contra su garganta. “Una manifestación de amor”, declaró el oficial.

Días después, en diciembre del 2017, el esposo de Gracheva le amputó las manos con un hacha. Fue sentenciado a 14 años, pero a ella le rechazaron sus esfuerzos para que los policías fueran castigados en su propio país por negligencia.

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