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La pobreza periodística de la radio huilense

A propósito de un premio declarado desierto.

Radio I

Los concursos no sirven para generalizar criterios rotundos, pero los jurados del Reynaldo Matíz (Néstor Morales, Diana Montoya y yo) declaramos desierto el premio a la radio por su pobreza casi penosa.

Se presentaron dos trabajos, que estaban lejos de significar algún esfuerzo periodístico o novedad. Y aclaro aquí que hablamos de noticias y periodismo, no de la radio en general, la musical por ejemplo que tiene otros calificadores y se concentra más en los ratings y mediciones técnicas.

¿Qué está pasando con los noticieros y el periodismo radial en el Huila?

Los periodistas de oficio, como sucede en Bogotá, optaron por el género de la entrevista como el más fácil de llenar espacios. Hacerlo no está mal, pero “soltarle” el micrófono a los interesados para que echen su discurso –incluyendo sus mentiras- sin cuestionar, ni controvertir, convierten cualquier espacio en un monólogo o la presentación de peroratas sospechosas y aburridas.

El tema de la financiación de los espacios es determinante. Hasta las grandes cadenas de radio están midiendo “resultados” por los saldos a final de mes. Si los periodistas tienen que congraciarse con los gobernantes de turno, por una publicidad que está llegando o que nunca será recibida, es casi imposible cualquier grado de independencia. Las gacetillas oficiales primarán y serán más rentables.

Desde cuando “cualquiera” puede ser periodista (porque es un oficio y no una profesión, según la Corte), pululan personajes y personajillos que en una mano portan una grabadora y en la otra un talonario de facturas, aunque en estos tiempos se impone el efectivo. Hacer esta clase de periodismo se volvió la manera de sobrevivir, un escampadero laboral, cuando no la forma más eficaz del chantaje.

El periodista de verdad o el paracaidista se convierten en limosneros de las migajas de los déspotas que ostentan los cargos, o disponen del dinero.

Quizá por esto y otras razones (la fuerza que está tomando la televisión local y el furor de las redes sociales), el periodismo regional se ha pauperizado, especialmente en la radio. Por fortuna, las familias Duque (Diario del Huila) y Oviedo (La Nación) resisten económicamente frente a las crisis de los medios y no lanzan a sus periodistas a buscar publicidad.

El tiempo que dedican las grandes cadenas a lo regional es limitado, breves boletines informativos. La emisora HJKK camina de la mano con los gobiernos de turno y es premiada con pautas oficiales y representación burocrática. La muy escuchada Alfa Stéreo se ha convertido en el medio más aguerrido, rompiendo la monotonía radial, aunque algunos piensan que exageran el tono a un grado casi populachero.

Agrego una preocupación real: quienes se atrevieron a denunciar situaciones graves de corrupción fueron asesinados: Flor Alba Núñez, Néstor Carvajal (diez tiros le propinaron) y Guillermo Bravo Vega (baleado en su residencia).

Que en paz descansen ellos, valientes periodistas. Y un réquiem por la radio informativa regional si sigue por el despeñadero en que se encuentra.

 

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