Amaral: el hombre que guarda los secretos de Pékerman, Falcao y James

Amaral: el hombre que guarda los secretos de Pékerman, Falcao y James

7 de octubre del 2015

A Héctor Fabio Abadia Possu una lesión en la rodilla lo sacó del fútbol pero no de la Selección Colombia.   

También le puede interesar: Pekerman, de un taxi al banco de la Selección Colombia

“La verdad el fútbol no es para todo el mundo, hay personas que tienen la suerte y otras que no. Desafortunadamente no tuve la suerte que se requiere para ser profesional”. Jugó en la escuela de Cali Carlos Sarmiento Lora. Faryd Mondragón era uno de sus compañeros.

Lea también: ¿Al papá de Juan Fernando Quintero lo desapareció el Ejército?

Pero no solo fue suerte. “No era un virtuoso, no era un techado de condiciones”, reconoce este hombre nacido en Puerto Tejada, Cauca, hace 42 años. Hace 14 está en la Selección.

Además: De cobrador de bus a goleador de la selección

El ‘Chiqui’ García, ‘Pacho’ Maturana, Reinaldo Rueda, Jorge Luis Pinto, Eduardo Lara, ‘El Bolillo’ Gómez, Leonel Álvarez y ahora, José Néstor Pékerman, son los entrenadores que han pasado por el banco del equipo desde que Héctor ronda los vestuarios. ’Amaral’, como lo llaman los jugadores, es el utilero más querido por James, Falcao, Guarín, Cuadrado, Ospina y compañía.

Haciendo mandados para ‘El Tigre’ Castillo, Leonardo Fabio Moreno, Jersson González, ‘El Tino’ Asprilla,  Iván Ramiro Córdoba, Mario Yepes; entre otros, ‘Amaral’ se ganó la confianza de los futbolistas que han vestido la camiseta del Deportivo Cali, el América y la Selección Colombia.

Utilero-1

“A ellos, por estar dedicados al fútbol, no les quedaba tiempo para hacer  varias vueltas. Entonces les hacía el mercado, les pagaba los servicios, les transportaba a la familia, les compraba los guayos, la música. Así me fui haciendo amigo de ellos”.

“Por los laditos”, así se fue metiendo a la Selección Colombia. “Desde que ‘El Chiqui’ llegó intentó meterme a la Selección pero no entré de una porque en esa época solo se usaba un utilero, pero seguí ayudando por los laditos, haciéndole los favores a los jugadores de la Selección hasta que se dio la oportunidad”.

La oportunidad llegó para el último partido de Colombia en las Eliminatorias del Mundial Corea Japón 2002. Ese día, un 14 de noviembre del 2001, la tricolor derrotó 4-0 a Paraguay con tres goles de Víctor Hugo Aristizabal y uno de Rafael Castillo. ‘Amaral’ estaba en el banco, ese fue su debut en la Selección Colombia.

Para ese partido, “Iván Ramiro (Córdoba) me mandó a sacar el pasaporte, me lo regaló y todos los jugadores me respaldaron.

Después  me cogí más confianza  y ya me llamaban cuando la Selección estaba en Bogotá o Barranquilla. De a poco me fui ganando la confianza de los entrenadores”, dice.

Precisamente eso, la confianza, es lo que ‘Amaral’ se ha venido ganando con el paso de los años. Recuerda que con Jorge Luis Pinto, quien tiene fama de estricto al extremo, fue difícil ganarse esa confianza porque “desde el principio puso una barrera”.

“Él de pronto tenía temor de que fuera alcahueta con los jugadores, pero cuando se dan cuenta la clase de persona que es uno, terminan queriéndolo y teniéndole confianza.

La gente a veces juzga al profe Pinto sin conocerlo, él no es como muchos  lo pintan, es una persona que dice las cosas claras, directas y francas. Siempre fue muy respetuoso (…) después de que uno tenga un jefe y que uno haga lo que él pide, jamás va  a tener problemas”, dice con ese particular y melodioso acento caucano que nunca pierde.

Utilero-3

Tampoco pierde la humildad. A veces se le dificulta encontrar las palabras precisas para decir lo que quiere explicar, pero con gran facilidad habla de algo que nunca haría: contarle a algún periodista la nómina del próximo partido.

“Por esas bobadas no puedo arriesgar el puesto. Tengo mi trabajo gracias a Dios en la Selección y eso me da para tener bien a mi familia, estar bien y asegurar un futuro. Por bobadas así uno no va a ensuciar el nombre, ni a traicionar el cariño que me tiene un técnico”.

Los que conocen a ‘Amaral’ – lo llaman  así por su parecido físico con un defensor de la selección brasileña que jugó el Mundial del 78- utilizan siempre tres palabras cuando hablan de él: lealtad, trabajo y alegría.

“Panita lo mejor en la vida es ser leal con la persona que confía en uno y tener mucha disciplina, porque así no sea futbolista, uno se debe a un grupo y entonces uno debe regirse a una disciplina que exige el jefe del grupo”.

A propósito de jefes de grupo, ‘Amaral’ recuerda con especial cariño a Iván Ramiro Córdoba y Mario Alberto Yepes, capitanes de la Selección durante la última época.

“Iván Ramiro me regaló el pasaporte para que pudiera salir del país y trabajar con el equipo, después Mario se convirtió en capitán y habló con los técnicos que llegaron para que me dejaran seguir trabajando aquí”.

Cuando no prepara los uniformes para los jugadores de la Selección (dos uniformes nuevos por partido), limpia los guayos de los futbolistas (algunos tienen disponibles hasta cuatro pares por juego) o alista los implementos del cuerpo médico o técnico de la tricolor, ‘Amaral’ viaja por el mundo.

“Estuve en el Mónaco con James y ahora que está el Real Madrid conocí España, en Londres con David Ospina y Falcao, en Italia con Camilo Zúñiga -que fue el primer jugador que me llevó a Europa hace siete años- he conocido mucho gracias a Dios”. Es un trotamundos que recuerda con nostalgia Puerto Tejada.

“Un pueblo tranquilo, alegre, de gente humilde que a pesar de que no hay riqueza vive feliz. La cultura de la gente del pueblo es esa, ser feliz. Vive la vida y no se limita a las cosas materiales, con los dos pesos que uno tiene se dedica a vivir contento”.

Bélgica, Kuwait, Estados Unidos, Mónaco, España, Italia, Francia y casi todos los países de América del Sur, son los lugares en los que ha estado ‘Amaral’.

“Nunca  imaginé que fuera a conocer tantos países. Esas son cosas del destino. Uno empieza trabajando y haciendo amistades y uno no sabe la vida hasta dónde lo va a llevar a uno”.

Cuando ‘Amaral’ le dijo no al Mónaco

Cuando James Rodríguez pasó al Mónaco el 24 de mayo de 2014, el diez tuvo un silencioso acompañante.

‘Amaral’ estuvo en el proceso de adaptación del diez colombiano en su nuevo estilo de vida.

En compañía de James, el caucano conoció el principado y gritó, en vivo y en directo, los 12 goles que el volante alcanzó a anotar en la temporada que permaneció en el equipo rojiblanco.

“Fui utilero allá y me hicieron propuestas para que me quedara. Estaban contentos por la forma de trabajo que yo tenía. Se quedaron aterrados. Me preguntaban cómo hacía una persona para trabajar tanto. En Europa la figura del utilero es distinta, y me invitaron a quedarme”.  Héctor Fabio Abadia Possu dijo no a la propuesta de uno de los equipos más importantes de Francia. La lealtad, esa cualidad que reconocen todos los que lo conocen, pesó en la decisión.

“A raíz de que James salió para el Real Madrid y Falcao para el Manchester United, no quise quedarme. Ellos me necesitaban”.

Utilero-2

Falcao abraza a Amaral cuando anotó el empate 3-3 ante Chile. Ese día Colombia selló su clasificación al Mundial.

Cuando el cuatro de febrero de 2015 James se lesionó el quinto metatarsiano del pie derecho y duró dos meses sin jugar, Real Madrid empleó tecnología de la Nasa para acelerar la recuperación del volante colombiano.

El equipo blanco  utilizó el Alter G Anti-Gravity Treadmill, un aparato creado por la agencia espacial de Estados Unidos en 1992 para acelerar la recuperación de los astronautas.

“No pareció que llevara dos meses sin jugar”, dijo el extécnico del Real Madrid, Carlo Ancelotti, luego del regreso a las canchas del colombiano.

Lo que pocos saben es que en ese proceso de recuperación, además de la ciencia médica, Héctor Fabio Abadia Possu fue fundamental.

Apenas James se enteró que iba a durar unos meses sin jugar, inmediatamente levantó el teléfono y llamó a ‘Amaral’.

“Allá estuve en España ayudando a James en todo lo que necesitaba. Cosas de la casa, en el proceso de recuperación, en todo”.

‘Amaral’ habla despacio, su voz es delgada, habla con franqueza y su acento lo delata. “La negrura lo llevo en la sangre”.

Cuando habla de su trabajo, describe una cualidad que debe tener cualquier delantero. “Hay que desconfiar”.

“La utilería es de desconfiar. Es mejor que las cosas sobren y no que falten. Por ejemplo, si se necesitan 20 pantalonetas para un partido, llevo 40;  las que sobren las traigo de nuevo. Llevo de todas las tallas  S, M, L… de todo a mano para suplir las necesidades del jugador”.

Amaral-C

“Pékerman me cambió la vida”

Cuando en enero de 2012 José Pékerman llegó a la Selección Colombia se dijo que la escoba nueva iba a barrer con todo, incluso con ‘Amaral’.

“Todo el mundo comentaba que el profe iba a traer su gente de Argentina y todo el mundo iba a salir”, recuerda ‘Amaral’. No fue así.

“Cuando llegó me reunió y me dijo que no podía tenerme así. Ahí mismo empezó a ser parte del cuerpo técnico.

No solo yo sino toda mi familia vive agradecida con el profe porque la vida me ha cambiado 100%, es una persona muy humana, una persona que cuando uno se gana el cariño de él, como dicen en Argentina, lo banca a uno y siempre quiere lo mejor para uno.

El hombre me arregló muchas cosas, entre ellas el salario. Viviré agradecido con él toda la vida”.

El DJ de la Selección Colombia

Los años compartidos con los jugadores de la Selección Colombia le ha dado un conocimiento privilegiado. ‘Amaral’ sabe perfectamente la música que escuchan todos y cada uno de los jugadores.

“Falcao es reservadito pero de vez en cuando le pongo un reguetoncito que uno más o menos sabe qué le gusta a él, James es bravo para el reguetón pero a veces pide disquitos de salsa pesada, de la vieja. Con inteligencia se los pongo de vez en cuando pa’ verlo contento, se le tira un disquito y el man baila, a Ospina le gusta el reguetón, Murillo es pura salsa, cuando estaba Yepes le gustaba que le pusieran salsa de la viejita, grupo Niche, el Gran Combo y así, Arias no exige; la música que uno ponga la disfruta, Armero le gusta la música del Pacífico, la chirimía, el salsa choque, reguetón y  Macnelly el vallenato”.

Aunque dice “no bailar un carajo”, ‘Amaral’ disfruta todos los géneros pero tiene una canción favorita: Atrateño, del Grupo Niche.

“Es una poesía que compuso la mamá de Jairo Varela y él la convirtió en canción. Es una composición para los nacidos en Chocó dedicada al río Atrato, no soy chocoano pero me gusta mucho por la letra y la composición, pana tú sabes que la negrura la lleva en la sangre”.

El fútbol también le corre por la sangre y por eso, más que cualquier otra cosa sueña: “Volver  a tener la posibilidad de viajar a un Mundial, esa es la mayor ilusión, la mayor alegría que he alcanzado en el fútbol. Nunca había estado en un Mundial y gracias a Dios llegó el profesor Pékerman que nos llevó”.

@jcmentefacto