Carlos Henrique Raposo: el bribón que engañó al mundo del fútbol

Carlos Henrique Raposo: el bribón que engañó al mundo del fútbol

9 de noviembre del 2014

La increíble historia del brasileño Carlos Henrique Raposo, nacido en Río de Janeiro de 1963, quien nunca fue futbolista, puede ser una de las más recordadas e insólitas del mundo del fútbol.

Creando la falsa historia

Henrique, que forjó su carrera a base de mentiras,  nunca jugó un partido profesional y sí cobró millonarias sumas.

Corría la década de los 80 y este genio de la mentira ya tenía clara su jugada maestra para entrar al mundo del fútbol brasileño. Su parecido con Franz Beckenbauer y gran contextura atlética le dieron el nombre de Kaiser. Además del físico aprovechó para rodearse de estrellas del balompié carioca de esa época como: Ricardo Rocha, Edmundo, Renato Gaúcho, Romario, Branco, Bebeto, Carlos Alberto Torres.

Su primer contrato profesional fue en 1986, exactamente en el Botafogo gracias a Mauricio de Oliveira, delantero con quien había creado una amistad en la infancia, y que se había convertido en un ídolo en el club.

“Hacía algún movimiento raro en el entrenamiento, me tocaba el muslo, y me quedaba 20 días en el departamento médico. En esa época no existía la resonancia magnética. Cuando los días pasaban, tenía un dentista amigo que me daba un certificado de que tenía algún problema. Y así, pasaban los meses”, explicó Henrique Raposo.

Estadística: cero partidos jugados

Tiempo después y gracias la buena suerte con que algunos nacen, el segundo equipo en recibirlo en Brasil fue el poderoso Flamengo.

Ahí tuvo otro gran amigo, Renato Gaúcho, el mismísimo jugador de la Roma y de la selección brasileña, quien habló así de Raposo: “Sé que Kaiser era un enemigo del balón. En el entrenamiento acordaba con un colega que le golpeara, para así marcharse a la enfermería”.

Kayzer, Renato Gaucho, Paulo Roberto

Para hacer más creíble la mentira, este falso jugador  llegaba a algunos entrenamientos con un enorme teléfono móvil, que entonces significaba gran status social, y hablaba en inglés, afirmando que eran clubes europeos interesados en ficharlo.

Sus compañeros y cuerpo técnico le creyeron, pero el embuste se desmoronó cuando un doctor que había vivido en Inglaterra y escuchó lo que hablaba por teléfono descubrió que lo que decía ni era en inglés ni tenía sentido. Además descubrieron que el teléfono era en realidad un juguete.

Estadística: cero minutos en el Flamengo.

La lengua se mueve más rápido que el balón

Sin duda la prensa fue aliada del “Forrest Gump” del futbol brasileño porque en ese entonces no existía la tecnología de hoy en día, solo bastaba con un buen articulo a su favor para quedar en boca de todo el mundo.

“Tengo facilidad en hacer amistades. A muchos periodistas de mi época les caía bien, porque nunca traté mal a nadie”. Algún regalo, o alguna información interna, también ayudaban. La prensa correspondía con artículos hablando del “gran futbolista”, concluyó entre anécdotas el buen conversador.

Al año siguiente, no contento con engañar a todo Brasil, fue el Puebla de México el que increíblemente contrató sus servicios.

“Yo firmaba el contrato de riesgo, el más corto, normalmente de unos meses. Recibía las primas del contrato, y me quedaba allí durante ese periodo”, destacó.

Estadistica: Algunos meses y ningún minuto jugado.

Fingir una pelea es la mejor opción…

Como buen hijo prodigo, en 1989 Henrique Raposo volvió a su tierra natal, allí el Bangú lo acogió pasando una de las mejores anécdotas de su disparatada vida.

Carlos Henrique, Kayzer

Desbordado por la situación, su entrenador decidió convocarlo. En la segunda mitad le manda hacer ejercicios de calentamiento, y Henrique, ante la posibilidad de saltar al terreno de juego, se las ingenia para pelearse con un aficionado del equipo rival en la banda, y es expulsado.

Cuando todos llegan al vestuario y antes de que su entrenador, enfurecido, pudiera recriminarlo, Henrique Raposo se dirige a él y le dice: “Dios me dio un padre y después me lo quitó. Ahora que Dios me ha dado un segundo padre (refiriéndose al técnico) no dejaré que ningún hincha le insulte”. El entrenador le dio un beso en la frente, y le renovó por seis meses más. ¡Increíble!

Las mujeres, el secreto de su estrategia para el éxito

Ese olfato que no tuvo en las canchas lo afinó para conseguir amigos. Pero, ¿cómo lo hizo?

Lo cuenta él mismo. “Nos concentrábamos en un hotel. Yo llegaba dos o tres días antes, llevaba diez mujeres y alquilaba apartamentos dos pisos debajo del piso en que el equipo se hospedaría. De noche nadie huía de la concentración, lo único que teníamos que hacer era bajar las escaleras”.

Prostitucion

Otro de sus grandes amigos fue el defensa Ricardo Rocha. “Es un gran amigo, una excelente persona. Pero no sabía jugar ni a las cartas. Tenía un problema con el balón. Nunca lo vi jugar en ningún equipo. Te cuenta historias de partidos, pero nunca jugó un domingo a las cuatro de la tarde en Maracaná, estoy seguro”, comentó el que fuera jugador del Real Madrid, que en la historia añade, “en una disputa a mayor mentiroso, Pinocho perdería con Kaiser”.

Y, ¿Europa?

Por supuesto, este imitador del gran Kaiser también pisó tierras del viejo continente. El Ajaccio francés fue otro equipo víctima de las artimañas de este hombre.

En los 80 la llegada de un brasileño a un club europeo era sinónimo de éxito, la presentación que Ajaccio le hizo a Raposo sorprendió al futbolista. “El estadio era pequeño, pero estaba lleno de aficionados. Pensaba que sólo tenía que saltar al césped y saludar, pero entonces vi que había muchos balones en el campo, y que tendríamos que entrenar. Me puse nervioso, en mi primer día se darían cuenta de que no sabía jugar”.

Pero un hombre que llevaba años engañando a todos tenia un as bajo la manga:

“Salté al campo, y comencé a coger todos esos balones y patearlos hacia los aficionados. Al mismo tiempo saludaba y me besaba el escudo. Los aficionados enloquecieron. Y en el césped ya no quedaba ni un balón”.

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A pesar de eso, Henrique confirmó que ahí le tocó jugar pero nunca más de 20 minutos por partido, pocas veces en cada temporada. Con 39 años abandonó el fútbol.

“No me arrepiento de nada. Los clubes han engañado y engañan mucho a los futbolistas. Alguno tenía que vengarse por todos ellos”, concluyó Carlos Henrique Raposo, ¿un justiciero, o el mayor estafador en la historia del fútbol?