Tres revendedores de boletas explican cómo opera la mafia

23 de julio del 2016

Para el partido Nacional vs Ind. del Valle hay boletas de hasta $2.000.000.

Tres revendedores de boletas explican cómo opera la mafia

-“Me salí del bachillerato porque uno de ‘pelao’ quiere es plata. Llevó 23 años revendiendo boletas”.

– “Revendiendo boletas le pude pagar universidad a tres hijos. La ganancia más buena que me he hecho en estos 15 años de trabajo, fue en el juego que pasó de Nacional con Sao Paulo, me quedaron dos millones de pesos”.

– “En la taquilla no hay boletas porque esto es una mafia muy grande. Nosotros somos el último eslabón de la cadena, los que nos exponemos, al verdadero dueño del negocio nadie le conoce la cara”.

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Tres personas diferentes le contaron a KienyKe.com cómo opera algo a lo que las autoridades no han podido erradicar: La mafia de la reventa de boletas.

Es un negocio rentable en el que el consumidor final (el hincha) sostiene pagando desorbitados precios para ver un partido de fútbol.

Boleta c

“No es un mito, para el partido del miércoles (juego final Copa Libertadores Nacional vs Independiente del Valle) hay gente que ha pagado hasta $ 2.000.000 por una boleta”.

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Uno de los revendedores, a quien llamaremos *Juan, explica que el tema es “delicado”. Es la forma como da a entender que un poder oculto y gigante es el que controla todo el negocio.

“No se trata de uno o dos, sino de gente de mucho poder, que se escuda en el revendedor de a pie para camuflar este negocio de millonarias ganancias (…) ninguno de nosotros conoce al patrón; no tiene rostro, pero es poderoso”.

*Luis, otro de los revendedores que habló con este medio a las afuera del del estadio Atanasio Girardot dice que en el negocio, hay gente involucrada de a propia taquilla.  “Esto funciona más o menos así: el amigo de mi amigo, de mi amigo, que a la final también sale siendo amigo de uno, es a quienes les compramos las boletas, por supuesto que la cabeza principal está en la taquilla, alguien de poder (…) no conocemos nombres”, afirma este hombre, quien dice tener en su casa una bolsa de basura llena boletas que no logró vender del partido de Nacional y Sao Paulo. “La perdidas en este negocio también son millonarias”, reconoce.

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El tercer revendedor, a quien denominaremos *Manuel dice al respecto:“Perdemos todos los días y también hacemos filas”, dice luego de contar a KienyKe.com que se desplazó desde Amalfi, en el nordeste de Antioquia a Medellín para darle un futuro mejor a su familia. Durante 15 años ha sido el último eslabón de la mafia.

“Hay que sudársela mucho, en ocasiones no es tan fácil como que de las taquillas nos vendan boletas por intermediarios, sino que hay que hacer la fila y pagarle a gente para que trabajen con uno, esta última vez, le tuve que dar la liga (plata) a 13 muchachos para que hicieran fila conmigo, pero no pasa siempre, lo que si pasa mucho es que se nos quedan boletas por tanta cortesía que ahora dan”.

Por la relevancia del partido del miércoles, en el que Nacional puede quedar campeón de la Copa Libertadores después de 27 años, los mismos revendedores se quejan de la rosca que opera.

“A medida que pasan las horas, los precios de las boletas van a seguir subiendo. Lo que pasa es que esta vez está difícil tener boletas; están concentradas en unos pocos, los de la rosca más cercana la patrón”, explica.

Por ahora, los precios están así: Norte 400 mil pesos, sur 450, oriental 600, occidental baja 900 y occidental alta, hasta 2.000.000.

“Hay pocas boletas porque esto es una mafia muy grande y funciona así: Aparte de las boletas legales que son para abonados, empresas o entidades oficiales, lo poquito que queda las tienen los taquilleros para venderlas a los revendedores mayores y luego esos revendedores mayores, que son de los que nadie puede hablar, nos las venden a nosotros el revendedor de a pie para que finalmente lleguen al público”.

Los tres, que esperan con paciencia que llegue el cliente, asienten tras la afirmación de Juan: “La clave siempre es tener un amigo en la taquilla, comer callado y sobre todo hacerse el loco si sé quién es el patrón o la empresa que nos suministra las boletas. ”.

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