Cristian Martínez Borja: la llave maestra del América

Cristian Martínez Borja: la llave maestra del América

27 de Mayo del 2017

El corazón de Cristian Martínez Borja parecía salirse de su pecho. Sentía sus latidos a mil por segundo. El delantero estaba frente a Julián Meza, portero del Deportes Quindío. Justo a 12 pasos. Tenía que anotar el penal del regreso de América de Cali a la primera categoría de Fútbol Profesional Colombiano.

La tensión lo llevó a comerse las uñas de su mano derecha. En sus piernas estaba la responsabilidad de despertar a un grande que había dormido por cinco años en la segunda división del balompié nacional. Cada mordisco lo transportó a un episodio que marcó su vida. El primero lo llevó a sus años de niño cuando anotaba goles en la cancha de su barrio San Vicente en Quibdó, Chocó.

Pasaron los segundos y el árbitro Wilmar Roldán no autorizaba el cobro. Él, mirando fijamente a Meza, mordió de nuevo. En sus hombros tenía una carga enorme, tan pesada como las bolsas de arena que levantaba en el Río Atrato para ayudarle a su papá a conseguir el sustento de su familia.

“Me comí las uñas por ansiedad pero también para que el arquero pensara que estaba asustado. Tenía nervios pero a la vez mucha tranquilidad. Fue extraño”. Cristian Martínez Borja

-Sabía que si anotaba el penal iba a ser el gol más importante de su carrera y si lo fallaba el mundo se lo tragaría-. Cerró los ojos, los abrió, suspiró y golpeó la pelota con el pie derecho para que se acomodara en el palo izquierdo de la portería sur del Estadio Pascual Guerrero. Lo demás ya es historia, más de 30.000 personas gritaron el tanto hasta quedarse sin voz. Algunos dejaron que las lágrimas invadieran sus rostros de alegría porque la ‘pesadilla’ había terminado.

Ese día, el domingo 27 de noviembre de 2016, América derrotó 2 – 1 a Quindío y volvió a primera. Borja se abrazó con sus compañeros al final del histórico juego. El trayecto al camerino fue largo y solo recordó la llamada de Tulio Gómez, presidente del conjunto ‘escarlata’, cuando le pidió meses atrás ir a la ‘mechita’, el club del que es hincha desde que tiene memoria.

Foto: Instagram

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“Ay con el esfuerzo que hacían mis padres gané diplomas en un plantel educativo. Yo fui bien criado, les agradezco el servicio”, dice un fragmento de la canción ’26 de Mayo’ de Diomedes Díaz, uno de los músicos que Cristian escuchaba en su casa con su familia.

Con siete años comenzó a trabajar. Tenía cinco hermanos y su papá, Arnobio Martínez, recolectaba arena para venderla a los constructores de la zona. El jugador cargaba los kilos de arena que sacaban del Río Atrato y los acomodaba en la balsa donde los transportaban. En sus manos aún quedan secuelas de las ampollas producto de ese esfuerzo.

“Solo tenía tiempo para laborar y jugar fútbol porque en las noches estudiaba”. Tal vez por eso no vio cómo muchos de sus amigos del barrio se quedaros atrás en el infierno de las drogas y la violencia que se vivía por esos días en el Chocó. El conflicto armado y la pobreza extrema eran un común denominador en ese lugar.

Borja le confesó a KienyKe.com que “todo se lo debo a Dios y él es el autor de mis triunfos, además de nunca aguantar hambre”.

Hoy, cuando vuelve a la casa de sus padres, hace lo que hacía antes de irse a los 15 años: jugar dominó, cartas y comer todo el pescado que puede, porque en Cali este plato no combina con la dieta que tiene que tener para mantenerse en forma.

¿Por qué se fue tan joven de su casa?

Aquel niño que jugaba en San Vicente tenía tres sueños: ser jugador profesional de fútbol, jugar en América de Cali y llegar algún día a la Selección Colombia. Ya ha logrado cumplir dos y espera con calma una llamada de José Pékerman para vestirse de amarillo y defender los colores de su país.

Cuándo tenía 15 años tomó la decisión de viajar a Bogotá para alcanzar sus ilusiones. Se empecinó en ser goleador y entrenó fuerte para serlo. Aunque la capital de la República fue su hogar por algunos meses, en 2006 decidió irse a Tunja, Boyacá, para seguir adelante con su carrera.

El frío y la altura fueron sus primeros obstáculos, además de estar lejos de sus seres queridos. Patriotas sería su ‘casa’. Fue allí donde hizo su etapa formativa. Conoció unas personas que decidieron llevarlo a Brasil con el único objetivo de llevarlo a debutar en primera.

Como un forastero atravesó por las juveniles de Internacional de Portoalegre, Caxias y Flamengo. Aunque su rendimiento no fue malo en esos clubes, en Europa iba a ser reconocido como un goleador de raza.

Crvena Zvezda de Serbia fichó al colombiano en 2011. En las dos primeras temporadas con el club anotó 18 goles, que le permitieron soñar con un futuro promisorio. Sin embargo, la crisis humanitaria que se vivió en ese país- producto de las divisiones independentistas de Kosovo (estado limitado en la península balcánica)- hizo que los jugadores extranjeros tuvieran que abandonar la liga.

“La comida era buena y conocí cosas maravillosas. Me quedaron buenas enseñanzas de cara al futuro”.

Consagrado, al menos en el fútbol internacional, regresó a Colombia en 2012 para jugar en Independiente Santa Fe. El artillero quería demostrar su talento en el fútbol colombiano, su verdadera casa, pero nunca pudo ganarse un lugar en la alineación titular del equipo dirigido por Wilson Gutiérrez.

“Es preferible ver el vaso medio lleno y no vacío”, dice un dicho un colombiano. Borja se queda con lo bueno porque “en el equipo ‘cardenal’ había un excelente grupo y logré anotar cuatro goles en Copa Libertadores”.

De México llegó una llamada de los Tiburones de Veracruz. No lo pensó y se marchó a una liga que siempre le pareció atractiva. Allí aprendió que luchar con sus propios demonios le iba a costar lágrimas y noches de frustración.

En 2013 anotó 11 goles. Todo parecía listo para triunfar en el fútbol azteca, pero su ilusión se apagó tan rápido como un abrir y cerrar de ojos.

“Fue difícil cuando me traspasaron a los Lobos de Puebla en la segunda división, porque yo quería seguir luchando en Veracruz”, recuerda Martínez con algunos suspiros profundos.

En 2015 regresó a los Tiburones, pero un problema con empresarios del equipo lo dejaron fuera y sin minutos, esa y la siguiente temporada.

El tema le es difícil, casi que prefiere evitarlo. Solo responde: “Agradezco a Dios porque en México conocí gente agradable y siempre es importante aprender, aunque no siempre sea bueno”.

Sin minutos y sin goles, el futuro de Cristian parecía nublado. Quería ir a un nuevo conjunto pero las posibilidades de emigrar a otro club eran pocas. Pese a esto, nunca perdió la esperanza. Una tarde mientras pensaba en el silencio de su habitación, llegó la llamada que cambiaría su vida. El presidente de América de Cali, Tulio Gómez, le ofreció ir al equipo de sus amores.

La salida a su amarga estadía en México vino de la escuadra que menos esperaba, pero en la que siempre soñó jugar: América.

Desde el primer día, Borja sintió que llegaba a su casa. Con 28 años conoció el amor por segunda vez. El primero lo descubrió con su esposa y sus tres hijos.

“Soñé jugar en América y lo logré. Desde el primer día estoy agradecido con las directivas, mis compañeros y la hinchada”.

Hoy es el goleador del equipo y una de las figuras de la Liga Águila. En todos los partidos del conjunto ‘escarlata’ es el nombre más coreado por los hinchas.

El delantero quiere terminar el torneo como goleador y clasificar a las finales del certamen, porque “en las definiciones todos respetan al América por su historia”.

¿Y su futuro está en los ‘diablos rojos’, Nacional o dónde?

“De Nacional no sé nada al respecto. Lo único que sé es que tengo 29 años y debo pensar en mi familia. Necesito asegurar el futuro de mis esposa y mis tres hijos: Alexandra, Sebastián y Andri”.

En su corazón estarán por siempre los momentos vividos con los ‘escarlatas’. Un sueño hecho realidad que, además, lo acercó a otro: la Selección Colombia.

Ser el goleador de la Liga Águila con nueve tantos lo ponen en la mira de varios equipos. Algunos periodistas e hinchas se han cuestionado si es el momento de Martínez en el combinado nacional. Él, con profunda calma, simplemente espera algún día contestar otra llamada inesperada.

“También sueño con jugar en la selección. Es algo que no puedo negar. Pero soy consciente que es difícil por la competencia que hay. Ojalá algún día se me dé. No depende de mí”.

Borja no sabe si estará en América hasta junio o hasta diciembre. Lo único que tiene claro es que sudará la camiseta roja, número 19, hasta el último minuto que esté en cancha. Allí ha cosechado alegrías y grandes enseñanzas de todos, especialmente de Hernán Torres y Ernesto ‘Tecla’ Farías.

“Hernán es un técnico impresionante. Es estricto y eso nos ayuda porque nos enseña mucho. En cuanto al ‘Tecla’, aprendimos la entrega que hay que tener en la cancha y cómo ser un líder positivo”.

Cristian no desaprovechará la chance de ir al fútbol internacional nuevamente por factores personales. En su cabeza está el destino y si Dios, como él tanto espera, lo pone en los ‘diablos rojos’ en un futuro, no dudará terminar su carrera en el equipo caleño.

“Me gustaría retirarme en América. Volver bien y darle alegrías al equipo. Sería lindo jugar con Adrián Ramos, porque sé que él también quiere terminar su carrera aquí”.