El paro según unos gringos varados en Tunja

El paro según unos gringos varados en Tunja

27 de agosto del 2013

Al aterrizar en Paipa no se imaginaron el drama que les tocaría vivir. El equipo de baloncesto de Once Caldas llegó a la capital boyacense para disputar dos encuentros ante Águilas de Tunja, un trámite por la Copa de Baloncesto Nacional. Sin embargo, la disputa tomó un rumbo diferente. Era el lunes 19 de agosto, justo el día en que inició el paro agrario. En medio de la disputa entre campesinos y miembros del ESMAD, el quinteto, en el que se encuentra el armador estadounidense Camontae Griffin, quedó preso en Tunja.

“Quedamos presos en una jaula de oro; dorada pero presos al fin”, define sin vacilaciones el entrenador Guillermo Moreno. Él, colombiano y con experiencia en estos casos, no vivió el “terror” que describen los foráneos. “Fue la peor situación que me tocó vivir”, expresa Camontae, en el aeropuerto de Bogotá, con ganas de olvidar esa pesadilla.

Baloncesto y el paro, Kienyke

Entrenador y jugador insignia, la delegación de Once Caldas se hizo fuerte en su odisea por Tunja

“No entendíamos lo que estaba pasando. La multitud en las calles, arrojando piedras, golpeando, jamás me tocó vivir algo así. Intentamos volver a Manizales por tierra; sin embargo, a pesar de tener custodia policial, no encontramos ningún transporte”, dice Camontae sin imaginar la repercusión mediática que tuvo su percance.

El basquetbolista, ni corto ni perezoso, se comunicó con la embajada de Estados Unidos por medio de las redes sociales. Un tuit le avisó al mundo que en Tunja, además de campesinos furibundos con el gobierno y abusos del ESMAD, existía una delegación varada. “Hola, juego baloncesto en el equipo de Manizales. En este momento estamos varados en Tunja ¿Pueden enviar un helicóptero que nos lleve de regreso a Bogotá?”, fue el primer mensaje a los diplomáticos.

“¿Qué pueden hacer por nosotros? ¿Qué nos recomiendan? Somos cuatro norteamericanos, estamos detenidos aquí hace una semana y tememos por nuestra vida”, replicó Griffin, esperando la reacción de su cónsul en Colombia. La respuesta llegó pero no colmó las expectativas del extranjero: “Lamentamos escuchar esto. Desafortunadamente no hay nada que podamos hacer para ayudarlos en este momento”.

Los jugadores de Once Caldas recuperaron la tranquilidad ya en Bogotá

La respuesta postergó las esperanzas de Camontae y compañía. Él, al igual que sus compañeros, esperó mayor apoyo por parte del gobierno norteamericano. “En realidad esperé una mejor respuesta por parte de la embajada. Esperé que una vez supieran la situación, fueran por nosotros, pero no fue así”.

Era Tunja, no Estocolmo

La desbordada situación de la capital de Boyacá no causó rechazo al pueblo colombiano por parte de los estadounidenses. Camontae Griffin, a pesar de lo insólito que para él era lo que estaba viviendo, se pone a favor de los campesinos: “Vi las protestas, viví las protestas y estoy a favor de ellas. Cuando al pueblo se le saca el dinero del bolsillo todo el mundo se pone tenso, enloquece un poco. Es por eso que apoyo la protesta campesina, sin embargo, creo que se puede manejar de mejor manera”.

La delegación no piensa de la misma manera. Algunos integrantes del equipo de baloncesto de Once Caldas denuncian la manera como los campesinos queman autos, afectan personas civiles y se alejan del sentimiento al prójimo. El entrenador Moreno denuncia que los manifestantes amenazan incluso a niños, para ellos, lo más desgarrador fue ver a una mujer llorar porque no la dejaron pasar con su pequeña hija con cáncer, rumbo a una quimioterapia.

Los caminos están cerrados. No solo las carreteras son los focos de conflicto, según estos deportistas, señalando que desde las montañas caían flechas. Campesinos armados con arcos disparaban desde las zonas rurales, lo que dificultó aún más el regreso de la delegación.

Jugador de Baloncesto, kienyke

Aburridos y cansados. Así terminaron los jugadores de Once Caldas tras su travesía boyacense

Una semana después, con la zozobra en ebullición, los jugadores de Once Caldas lograron llegar a Paipa para emprender el viaje de vuelta. El suspenso se marchó y con él una situación que no creen volver a repetir. “No tengo miedo de ir a otra ciudad además de Tunja. Me siento cómodo en cualquier ciudad de Colombia”, dice Camontae.

Cansados, haciendo escala en Bogotá y luego en Pereira, estos deportistas por fin pisaron suelo manizalita. Enfocados en seguir haciendo lo que más les gusta, jugar al básquet, los gringos tendrán una historia de paros y protestas que contar, así la obsesión de Griffin entre risas, solo sea desquitarse de las dos derrotas sufridas ante las Águilas de Tunja cuando en dos meses visiten Manizales: “Ya vendrá la revancha, hablaré con mis compañeros a ver si en esa ocasión nosotros los retenemos a ellos”.