Los secretos mejor escritos de Juan Carlos Osorio

21 de mayo del 2014

Salsero. Obsesivo en el trabajo, se transforma cuando está con su familia.

Juan Carlos Osorio

“Señor presidente, ¿será que me acerca hasta mi casa?”, eso le dijo Juan Carlos Osorio, entrenador de Atlético Nacional, a Juan Carlos de la Cuesta, presidente de la institución durante el evento de presentación de la nueva camiseta del equipo hace algunos meses. Con una sencillez inusual, llegó al lugar por obligación, y entre las luminarias de una noche de gala se fue camuflando hasta el final.

No le gusta la exposición. Una vez termina un partido en el Atanasio Girardot, cuando no quedan pantallas encendidas ni persona en el estadio, toma su maletín y se va a casa. Allá aplica la rotación, tan polémica como efectiva en los equipos que dirigió (Millonarios, Chicago Fire, Once Caldas, NY Red Bull, Puebla y Atlético Nacional), la usa en sí mismo y el obsesivo entrenador amante de la táctica, se transforma en otro ser.

Amante de la salsa, puede pasar horas escuchando a Eddy Palmieri, junto a Héctor Lavoe, el Gran Combo de Puerto Rico, Rubén Blades, entre otros, y así armar una murga brava. Si la situación lo amerita toma a su esposa Julieth y empieza a bailar. La rigidez queda de lado y aparece el autentico Osorio, en el que la vida no se limita a dirigir a un equipo de fútbol.

Juan Carlos Osorio

Osorio, ganador dentro de la cancha, se transforma cuando está con su familia.

A Julieth la conoció en Nueva York, mientras ella era empleada de restaurante y él apenas un hombre que entrenaba a un puñado de muchachos. La historia de amor, según contó Julieth a El Colombiano, floreció cuando Juan Carlos le puso la misma dedicación a la conquista como la que habitúa poner en el banquillo. Ella solía trotar y él también, con un tema en común, nació el idilio y con 22 años compartiendo juntos, nacieron Juan Sebastián y Sergio, sus hijos.

El hombre humilde viajó a Inglaterra, donde como preparador físico en Manchester City se formó en lo que realmente le apasiona: la táctica. Volvió a Colombia, siendo un don nadie, contratado por Millonarios bajo una lluvia de críticas. En el equipo azul mostró una forma de trabajar inusual en el país, sin embargo, no consiguió ser campeón y se marchó bajo una lupa de ingratitud.

Luego de probar suerte en Estados Unidos regresó para hacerse del reconocimiento que siempre quiso en Colombia. “¿Sabe por qué quiero ser campeón con Atlético Nacional?, porque creo que así al fin van a reconocer mi trabajo, lo que vale y lo que significa”, contó al portal Futbolred hace un año.

Juan Carlos Osorio

Regresó a Colombia para hacerse con un nombre que sigue incrementando

Antes de asumir en el club verdolaga, pasó por Once Caldas. Allí alcanzó la cima, conformó un equipo que quedó en el recuerdo y pudo ser campeón. Fueron momentos de éxito pero también de alteraciones. “Ese es un jugador de la NFL, solo patea tiros libres”, expresó con ahínco durante la final de 2010, refiriéndose al jugador de Deportes Tolima, Rodrigo Marangoni.

Enseguida se volvió villano en la opinión pública y el humilde Osorio se opacó. A Nacional llegó, tras un paso fallido en Puebla, y fue resistido de entrada. Su pasado azul, las famosas rotaciones, y el nivel mostrado por el equipo en algunos partidos, provocaron una erupción en la relación entre él y la prensa.

Juan Carlos Osorio

Pese a su forma de ser, Juan Carlos Osorio vivió momentos de soledad e irritación. Su familia lo ayudó a salir de ellos

Se aferró a su familia. Cada mañana, lleva a los niños al colegio como rito sagrado y luego se marcha a Guarne, donde queda la sede de Atlético Nacional, siendo el primero que llega. El primer título dio paz, el segundo confianza, y paulatinamente la reconciliación con la prensa fue inevitable.

Juan Carlos Osorio se transformó en un personaje adorado en Medellín. Saludado en las calles, tímido al contestar, obsesivo al trabajar. Consiguió por fin lo que siempre anheló: el reconocimiento. Ahora, en busca del tricampeonato liguero con Nacional, solo espera un nuevo aventón, como el que le pidió al presidente, pero que este lo lleve a la selección Colombia, su más profundo anhelo.

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