Yepes: el gran capitán

10 de octubre del 2013

Quería ser delantero, pero sus entrenadores lo destinaron a la defensa.

Yepes: el gran capitán

–Vos vas a ser el mejor defensor central de Colombia.

–No, profe, yo soy delantero. Soy 9.

–A ti te cuesta jugar adelante. No tienes movilidad, no recibes bien de espaldas, no tienes cambio de ritmo y no tienes finta.

El entrenador Humberto ‘el Tucho’ Ortiz fue el primero en arruinar el sueño de Mario Alberto Yepes: ser un goleador. A los 17 años, el futbolista veía cada vez más lejano su futuro jugando cerca del arco contrario y más próxima la posibilidad de hacerlo cerca del propio. Era 1993 y Yepes jugaba en Cortuluá, en la segunda división del fútbol colombiano. Ese año el equipo ascendió a la primera categoría. El técnico Ortiz fue reemplazado por Reynaldo Rueda, quien puso a Yepes a jugar de defensor.

Tenía todo para triunfar en esa posición: era uno de los pocos centrales zurdos, alto, un gran cabeceador, tenía buena técnica y un quite deslizante que deslumbraba. Aquel quite le hizo pasar un mal rato el día de su debut como defensa central. Yepes se lanzó al suelo y cometió penalti. Cortuluá perdió 2-1 pero él no se desesperó. A regañadientes, poco a poco, fue aceptando cuanto decía Rueda y siguió puliéndose, trabajando para convertirse en defensor mientras veía, cada vez con menos nostalgia, a otros convertir los goles.

Yepes siempre ha sido incansable. Su mamá, Emma, cansada de tanta insistencia, lo llevó a la academia Carlos Sarmiento Lora, en Buga. Allí fue seleccionado junto con otros niños, entre un grupo de quinientos jóvenes, por el veterano entrenador paraguayo César López Fretes, extécnico de las selecciones de Colombia y Paraguay. A los diez años entró en la categoría preinfantil, que en la Sarmiento Lora llaman gorriones. De ahí pasó a Ríonegro y luego a Cortuluá.

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Mientras Yepes afinaba su técnica bajo el mando de Reynaldo Rueda, la selección Colombia ilusionaba a todos en el país, que nunca antes había tenido un grupo de jugadores tan destacado. El 93 fue el año del 5-0 contra Argentina, el año de la euforia, el año en que Colombia figuró en la lista de los favoritos para ganar el mundial de 1994. Yepes, entretanto, soñaba con vestir la camiseta de la selección. Con ocupar uno de los puestos que por entonces le pertenecían a Andrés Escobar, Luis Carlos Perea y Alexis Mendoza.

Cuatro años después, cuando ya jugaba en el Deportivo Cali, dijo en una entrevista concedida a El Tiempo en diciembre de 1998: “Hoy soy un defensa que aspira llegar a ser integrante de la Selección Colombia en el nuevo proceso que empezará en enero próximo”. El 26 de junio de ese año, cuando el juez Arturo Brizio pitó el final del partido entre Colombia e Inglaterra, llegó el fin de la era más brillante del fútbol colombiano. Ese día, Carlos ‘el Pibe’ Valderrama le entregó a David Beckham la última camiseta de Colombia que vistió. El capitán de mil batallas se despedía. Vendrían años de sequía. Yepes ignoraba que él los sufriría como nadie.

Mario Alberto Yepes ha jugado en ocho clubes –Cortuluá, Cali, River Plate, Nante, Paris Saint Germain, Chievo, AC Milan y Atalanta– y en todos, al menos una vez, ha sido capitán. Ha jugado 94 partidos con la selección Colombia una cifra que solo superan Leonel Álvarez, con 101 partidos, y Carlos Valderrama, con 111. Además, lleva a cuestas cuatro eliminatorias. Desde 1999 se ha puesto la camiseta amarilla junto a decenas de jugadores, muchos de los cuales ya se han retirado del fútbol. Yepes es el último sobreviviente, el ‘último mohicano’ de una generación de futbolistas que no logró llegar a un mundial. Un guerrero que en el Nantes de Francia se ganó el apodo de ‘el Rey’ y que hoy reza por que su cuerpo aguante hasta Brasil 2014.

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No es fácil mantener un nivel óptimo a los 37 años. A partir de los 30, el cuerpo empieza a perder masa ósea y muscular, y hay una disminución en las hormonas anabólicas. Es necesario tener una estricta disciplina pues el cuerpo empieza a cobrar cualquier descuido. No obstante, como explica el médico deportólogo Juan Carlos Galvis, lo que define el envejecimiento es la genética. Unos envejecen más rápido que otros de acuerdo a los genes. Yepes ha tenido una carrera impecable, libre de lesiones y sin sobresaltos. Al parecer es un bendecido en lo que a genética se refiere.

Fernando ‘Pecoso’ Castro, quien fue su entrenador cuando llegó al Cali, lo recuerda como un joven tímido. “En el primer entrenamiento no me saludó. Luego, ese mismo día en la tarde, se me acercó y me dijo. Qué pena profe pero me daba pena arrimarme”. Castro está seguro de que Yepes jugará el mundial y llegará en buena forma. “Mientras siga entrenando sin descanso, sin darse ni una licencia, no tendrá problemas para jugar”, dice.

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Yepes aún sueña con volver al Deportivo Cali y terminar su carrera allí, al equipo que lo compró a cambió de 100 millones de pesos y cinco jugadores y con el que llegó a la final de la Copa Libertadores en 1999. Donde marcó un gol en un clásico contra América el día que debutaba.

El defensor caleño se retirará contento si juega el próximo mundial. El paraguayo Julio César Cáceres, uno de sus compañeros en el Nantes, recuerda: “Siempre que hablábamos de los mundiales él me decía que ese era su sueño, era su gran ilusión participar en una copa mundo”.

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Mucho tiempo ha pasado desde cuando Mario Alberto jugaba con el número 9 en la espalda. Hoy este padre de tres hijos, casado hace trece años con la periodista Carolina Villegas, reconoce que ‘el Tucho’ Ortiz y Reynaldo Rueda tenían razón. Su futuro, suena extraño, estaba atrás y no adelante. Yepes se convirtió, sin duda, en uno de los mejores defensores colombianos de la historia, y en uno de los jugadores más queridos por el pueblo, que hace fuerza para que Yepes  salte a la cancha en Brasil con el brazalete de capitán, el mismo que lució ‘el Pibe’ Valderrama en tres mundiales.

Hace poco, en una de charla de camerino, el defensor les dijo a sus compañeros de la selección que sentía que las piernas no le respondían como antes. Entonces, Camilo Zúñiga, nueve años menor, respondió con firmeza: “Mario, tú tienes que estar. Nosotros correremos por ti”.

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