“Maradona me sorprendió cuando llegué a Boca”: Córdoba

17 de julio del 2019

Córdoba incluye a James Rodríguez y Falcao García en su once ideal.

Óscar Córdoba

Óscar Córdoba, nacido en Cali el 3 de febrero de 1970, es el mejor arquero en la historia del Boca Juniors de Argentina. Algunos nostálgicos dirán que es Antonio Roma (1960-1972), Hugo Gatti (1976-1988) o Navarro Montoya (1988-1996); otros, los aficionados jóvenes, dirán que por su número de títulos (14 en total) es Roberto Abbondanzieri.

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Pero para “el último 10” e ídolo absoluto del ‘Xeneize’, Juan Román Riquelme, Oscár (así, con acento en la a) es el más grande cancerbero del club.

En cuatro años y medio con Boca, Córdoba alcanzó la gloria deportiva en un camino corto pero nutrido: dos títulos de Copa Libertadores (2000 y 2001), una Copa Intercontinental (2000) contra el Real Madrid “galáctico” y tres ligas argentinas (1998, 1999 y 2000).

En otros países, el caleño acumuló un campeonato nacional con el América de Cali y dos títulos con el Besiktas de Estambul. Además, en la vitrina de su casa tiene el galardón del mejor portero de la Copa América 2001, en la que fue campeón con Colombia sin recibir ni un solo gol. Y, por si fuera poco, ese mismo año fue catalogado como el segundo mejor arquero del mundo, detrás del alemán Oliver Khan.

Córdoba -hoy panelista deportivo y escritor (hace pocas semanas lanzó su libro “12 pasos para atrapar la felicidad” de Editorial Planeta)-, habló con la Agencia Anadolu sobre su transición del Once Caldas a la Selección Colombia, el agónico debut en la Copa América 1993, la firma del contrato con Boca y su primer encuentro con Maradona.

Muchos lo recuerdan con Nacional, Millonarios, América, Boca Juniors y la Selección, pero pocos saben de su paso por el entonces Once Phillips. ¿La llegada a Manizales era el paso que necesitaba para ser el mejor arquero de Colombia, para ser “un domador de tigres”?

Yo antes de llegar al Once Caldas había tenido un muy mal año con Millonarios y ellos decidieron que no me tendrían en cuenta. Lo mismo opinó el Cali. Ahí apareció el Once con su reestructuración, con una nueva directiva y Carlos ‘Piscis’ Restrepo como técnico. Ellos hicieron la apuesta por una camada de jugadores jóvenes que teníamos la posibilidad de reinventarnos en la cancha y por eso, en el transcurso de cinco meses, me gané el puesto en la Selección Colombia de mayores.

El Once, un equipo de buen juego que daba espectáculo, me llevó a encontrarme con el sueño que me había trazado en toda mi vida: jugar con la Selección.

Por eso digo en mi libro que ese club me permitió enfrentarme a los tigres más bravos. En el arco de Colombia tuve al frente a figuras como José Luis Chilavert, ‘El Cholo’ Simeone, Oscar Ruggeri, Goycochea… y cada uno de los mejores jugadores de Suramérica en ese entonces.

En pocos meses pasó de debutar en la mayor a ser el arquero titular en la Copa América de Ecuador 1993. ¿Cómo le fue en ese campeonato?

De ese torneo hay una buena anécdota. En el primer partido contra México, Alberto García Aspe pateó al arco y cuando quise agarrar el balón me rebotó y se desvió, ahí entró Luis Roberto Alves ‘Zague’ y nos hizo el gol. Perdiendo 1-0 se fue la luz en el estadio y aproveché el momento para decirle a Diego León Osorio: “Diego, salváme” y Osorio me respondió: “¿¡Qué quiere papito!?”. Le propuse que si él hacía un gol, yo le daba la mitad de mi premio.

Nos dimos la mano en pacto de caballeros y, al momento, “pam, pam, pam, pase gol y Diego empató el partido”. 1-1. Todo el mundo salió a celebrar y él corrió hacia mí. Cuando llegó me dijo: “Hey, me debés la mitad del premio”. Luego Víctor (Aristizábal) marcó el 2-1 y ganamos. Así fue mi debut en una Copa América.

Meses después llega el día de la “vergüenza” argentina, el 5-0. ¿Qué decía usted en el camerino tras la victoria?

Yo en el 5-0 era el “culicagado’” recién llegado que no tenía palabra. Como anécdota está la de Faustino (Asprilla) cuando llamó por celular a la mamá desde la mitad de la cancha. También recuerdo que nos rompieron los vidrios del bus en camino al Monumental. Eso hasta me emocionaba porque era como una especie de adversidad a la cual nos teníamos que sobreponer.

¿Ese partido puede ser la cumbre de lo que Francisco Maturana llama el “fútbol holístico”, la sumatoria de distintas características futbolísticas y antropológicas de los once en cancha para alcanzar un fin?

Yo estoy de acuerdo con eso y lo he pregonado en muchas ocasiones. Cuando uno analiza a nuestros grandes goleadores, a través de sus características regionales, nota que los mejores han sido costeños: ellos patean al arco y si la bola va adentro, bien; si no, también.

Para ubicar a jugadores en posiciones “delicadas” uno busca gente de otra región. No sabía que a eso se le llamaba fútbol holístico, pero uno de ‘Pacho’ siempre aprende algo.

Mundial de Estados Unidos 1994 y la derrota contra Rumania que, más allá del resultado y el rendimiento del equipo, dejó una amarga sensación. Me refiero a las amenazas contra Gabriel Jaime ‘Barrabás’ Gómez y el cuerpo técnico, ¿cómo fue eso?

Cuando terminó el partido contra Rumania, quedamos muy golpeados pero no estábamos preocupados de quedar eliminados. La gente de pronto no se acuerda que en esa época pasaba hasta el mejor tercero de algunos grupos. Ganándole a Estados Unidos y Suiza nos clasificábamos sin problema.

En la preparación del segundo partido hubo un par de inconvenientes como las trompadas entre Freddy Rincón y Harold Lozano -algo que no fue un problema porque a su vez hablaba bien del carácter que tenía el equipo- y el inconveniente de ‘Barrabás’.

Ese día en el desayuno llegaron ‘Pacho’ Maturana y ‘El Bolillo’ Gómez llorando. Nos explicaron que los habían amenazado si ponían en la alineación a ‘Barrabás’. Ese momento fue crítico para nosotros, ahí perdimos el partido contra EEUU.

¿Cambiaría todo lo conseguido en su carrera por evitar que Andrés Escobar hubiese marcado el autogol?

Total. En ese momento no se valoró la vida de un gran ser humano.

Pasemos a Boca. ¿Fue complicado el proceso de negociación para llegar al club argentino?

A las dos de la tarde empezó la negociación en La Bombonera y terminó a las ocho de la noche. Nadie podía saber que yo estaba en Argentina firmando el contrato.

Mi llegada al ‘Xeneize’ se hizo pública después de un partido contra Argentinos Juniors en el que Maradona anotó un penal. Acabado el encuentro, el mismo Diego me presentó en una rueda de prensa. Recuerdo que Rodolfo ‘El Vasco’ Arruabarrena cuenta que al verme entrar vestido de gabán largo negro y botas del mismo color dijo: “¡boludo, con este arquero no nos vuelven a hacer un gol en la vida!”, pero cuando me quité el gabán, replicó: “Nos jodimos” (Risas).

¿Y qué tal Diego?

A los pocos días de yo entrenar con Boca, él llegó al parqueadero de La Bombonera haciendo trompos en su Ferrari Testarossa. Me acerque a ver el carro y Diego se bajó, me tiró las llaves y me dijo: “Che, Oscár, colombiano, llevátela”, a lo que respondí: “No Diego, donde le rompa una llanta a este carro me toca jugarle gratis a Boca toda mi vida”.

Esto te lo cuento porque después se me acercó y me manifestó que estaba a la orden para todo lo que necesitara en Argentina. Me hizo saber que tenía su respaldo porque él sabía lo que era llegar a una ciudad y a un país nuevo sin saber dónde se estaba parado. Diego me sorprendió.

La Bombonera tiembla, habla, pocos aguantan ese ambiente. ¿Cómo resistió la presión de defender el arco que tiene a sus espaldas a la hinchada más feroz del mundo?

Yo tuve la fortuna de que esa hinchada siempre me apoyó. Es decir, el primer año fue de resiliencia y adaptación, mientras que los otros tres y medio fueron de triunfos. Me tocó el lapso de la historia de Boca más ganador.

Boca es diferente, es una religión, hay que haber estado ahí para saber por qué cuando un jugador sale del equipo después lo extraña. Yo siempre estuve en el club sin pensar en qué momento me iba a ir. Jorge (Bermúdez), ‘El Chicho’ Serna y yo llegamos a Boca con la idea de ser ídolos, algo muy diferente a lo que pasa con los muchachos de hoy en día.

Entre tantos clásicos Boca-River que jugó, ¿con cuál se queda?

El primero fue muy especial porque entendí de qué se trataba atajar en un clásico. Fue el partido donde Jorge Bermúdez amarró a Germán Burgos (exarquero de River) y Martín Palermo cabeceó sobre el final para marcar el gol.

Pero el que más recuerdo con cariño y con nostalgia fue la semifinal en la que eliminamos a River para ir a la final de la Copa Libertadores del 2000. ¡Por el gol de Palermo, por todo lo que se vivió!, sabíamos que el que ganara ese partido iba a ser el campeón.

Los comentarios previos a ese clásico estaban relacionados con la sorpresa de que Palermo volvía tras una larga recuperación por una lesión de rodilla. En ese contexto, se dijeron muchas cosas como cuando ‘El Tolo’ Gallego, en ese entonces técnico de River, expresó que pondría a Enzo Francescoli (quien se había retirado del equipo de la banda cruzada hace varios años) si Martín jugaba.

Otro que dijo algo que no nos gustó mucho a todos fue Juan Pablo Ángel (exdelantero colombiano de River). Ángel aseguró que ya tenía los tiquetes comprados para ver a River en Japón en el marco de la final de la Intercontinental. En broma, recuerdo que cuando terminó ese partido los compañeros me decían que llamara a Juan Pablo para que le compráramos los tiquetes a mitad de precio.

Fue épico. Cuando Martín hizo el gol, casi se cae La Bombonera. Si le daban dos minutos de alargue al partido, la cancha se caía. Recordar ese momento me eriza la piel.

Tras un fugaz paso por el Perugia de Italia, aparece el Besiktas de Turquía y aterriza en Estambul en plena época del Mundial de Corea-Japón 2002. 

Yo llegué en un momento histórico del fútbol turco donde alcanzó el tercer puesto del Mundial con Rustu Recber en el arco. Tras firmar con el Besiktas, viví ese momento tan bonito para los turcos, era fiesta por todas partes.

En Estambul me encontré con un Besiktas que se armó para su centenario y llegó a ser grande en Europa. Eso nos permitió ganar el título de Liga y luego afrontar la Champions League.

En relación a la Copa América que acaba de pasar, ¿en serio cree que Messi puede jugar mal?

Es un ser humano. Yo lo veo como un extraterrestre en el fútbol, pero es un ser humano que puede levantarse triste. Creo que esta Copa América la jugó muy cansado.

Uno ve la alegría de alguien cuando está en el terreno de juego. Yo jugué y sé si el jugador está preocupado o está contento. En esta Copa veía que Messi tardaba mucho en entrar a los partidos, en el mejor encuentro que jugó -contra Brasil- recién tocó la pelota al minuto 14. Cuando una persona es tan importante y neurálgica para un grupo y apenas toca la pelota en el minuto 14, es porque algo le pasa. Ese fue el comentario que yo hice y generó polémica.

Para mí, Messi no jugó una buena Copa América y eso no es un pecado. Como te digo, estaba cansado.

Para terminar, la de siempre, ¿cuál es su once ideal en la historia de Colombia? 

Miguel (Calero) en el arco, yo a él le compraba una boleta para verlo jugar; Diego León Osorio por la derecha, Iván Ramiro Córdoba y Andrés (Escobar) de centrales y marcando la punta izquierda tendría a Wilmer Cabrera; en el medio campo soy de la vieja guardia, pondría a Freddy Rincón, Leonel Álvarez y al ‘Pibe Valderrama’; a James (Rodríguez) lo dejaría más adelante junto con Radamel Falcao y Faustino.

Por: Santiago Serna Duque

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