De soldado nazi a leyenda del fútbol inglés

De soldado nazi a leyenda del fútbol inglés

7 de mayo del 2015

Faltaban diecisiete minutos para el pitazo final cuando Bert Trautmann se partió el cuello. La rodilla de Peter Murphy, jugador del Birmingham, se estrelló con violencia contra él. Duró ocho minutos en el piso, ocho eternos minutos. Perdió el conocimiento pero se levantó. Siguió jugando. En esa época no se habían inventado los cambios. Lea también: El técnico judío que hizo grande al Bayern y desató la ira de Hitler

“Actué con el subconsciente. Era como jugar con niebla. No veía el balón, solo jugué”, confesó en un documental emitido por Canal+. También le puede interesar: El técnico judío que hizo grande al Bayern y desató la ira de Hitler

El portero alemán se rompió la segunda vértebra de la columna, y solo por haber quedado tapada por la tercera se salvó de la muerte. Puede sonar exageración, pero no lo es, Trautmann pudo haber muerto mientras jugaba un partido de fútbol. Lea también: El futbolista más sinvergüenza de la historia

Hubiera sido una muerte paradójica si se tiene en cuenta que Bert había sobrevivido a la Segunda Guerra Mundial. Como paracaidista de la aviación nazi fue capturado en tres ocasiones por el ejército enemigo. La primera vez en Rusia, donde consiguió escapar, la segunda en Francia, donde le dejaron escapar y la tercera, en Ashton-in-Makerfield, cerca de Manchester, en donde cambió su vida.

En esa ciudad al norte de Inglaterra hizo historia. No importaba el cuello roto, importaba la historia. Por primera vez, el modesto Manchester City -nada que ver con lo que es hoy- ganaba algo. Derrotaba 3-1 al Birmingham en la final de la FA Cup de 1956 y, él, antiguo integrante del ejército que años antes había bombardeado Inglaterra, se proclamaba campeón en ese país.

El exnazi fue nombrado futbolista del año en Inglaterra. Era el primer extranjero que recibía ese premio. Después de ese partido no volvió a ser el mismo, no le fue fácil recuperarse después de tener el cuello roto, y aunque no volvió a recuperar su nivel, jugó ocho años más en el City un total de 15 temporadas; 545 partidos defiendo la portería citizen.

Bert Trautmann

 ¿Pero cómo pudo un paracaidista nazi llegar a jugar fútbol en un equipo inglés? La guerra tiene la respuesta.

Del campo de Ashton-in-Makerfield no pudo escapar y se convirtió en un valioso prisionero de guerra. En el diálogo con Canal+ señaló que “los británicos clasificaron a los prisioneros alemanes en función de sus ideas políticas.

En el Grupo A estaban los antinazis, quienes siempre se habían opuesto a esa ideología; el Grupo B era para los apolíticos, los no nazis; en el Grupo C, los jóvenes soldados, quienes desde los ocho años no habían conocido otra cosa que el modo de vida y de pensamiento nazi”. Trauttman estaba en este tercer grupo.

A los prisioneros los ponían a trabajar pero también había espacio para el deporte. En medio de la guerra se disputaban partidos entre británicos y alemanes, Bert se destacaba, no como portero, pero sí como volante. Un día se lesionó el portero de los prisioneros y el paracaidista se encargó de la puerta. Jamás volvió a salir de ella. Ni siquiera con el cuello roto.

En 1948, tres años después del fin de la guerra, liberaron a los prisioneros alemanes. La mayoría de ellos regresaron a su país. Pero muchos decidieron quedarse en Inglaterra. Trautmann fue uno de ellos. Varios fueron los motivos por los que decidió no regresar a su país. El principal: las mujeres. “Fui virgen hasta los 23 años y decidí quedarme”.

También le ofrecieron un buen trabajo para el gobierno británico en Liverpool. Allí se encontró a un amigo con el que había jugado fútbol cuando era prisionero, este le preguntó si aún jugaba, Bert le dijo que no, pero lo convenció para ir a jugar de portero en un equipo aficionado, el St. Helens Town.

(Video) Cuando Bert Trautmann se partió el cuello

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Así, lo que empezó siendo un simple ‘picado’ de barrio se convirtió en la excusa para hacer historia. Sus actuaciones en el Helens Town fueron conocidas por un equipo algo más grande.

En septiembre del año siguiente, en 1959, lo contrató el Manchester City para sustituir a Frank Swift, que había pasado 16 años en el arco.

Su vinculación al equipo de Manchester fue polémica. Los aficionados no estaban dispuestos a aceptar que en el equipo jugara un integrante de Lutwaffe, la aviación alemana que en 1940 había bombardeado Inglaterra.

Durante días organizaron marchas y con pancartas ofensivas pedían la expulsión de Bert Trautmann. Los furiosos hinchas atacaron la sede del equipo y amenazaron con un boicot total. Los directivos del equipo se mantuvieron y a pesar de las críticas lo contrataron. Bert les respondió incluso con el cuello roto. Hoy la hinchada lo reconoce como uno de los ídolos históricos del club.

Esa no fue la primera vez que sería rechazado. Incluso desde que nació, el 19 de julio de 1923 en Bremen, hizo parte de esa parte de la sociedad que es rechazada por la riqueza.

Creció en una época que atestiguó el ascenso de Hitler al poder en una familia pobre, sin recursos, sin trabajo, lo que le obliga a pedir dinero en la calle y acudir a comedores sociales. A los diez años, como muchos otros, se unió a las Juventudes Hitlerianas.

A los 16 años se alistó en el ejército de manera voluntaria. “La mayoría de mis amigos lo hicieron. Sin pensar por qué o para qué. Hitler había influenciado el sistema de educación de tal manera que no formábamos nuestra propia opinión. Primero lo intenté como intérprete de morse, pero no lo conseguí”. Finalmente entró como paracaidista en la Lutwaffe, el ejército del aire, donde permaneció durante cinco años.

“Perdí a muchos amigos ahí. Empecé a preguntarme por qué estaba luchando”. Tiempo después, siendo un ídolo deportivo, fue cuestionado por sus vínculos con el ejército nazi, a lo que dijo con prudencia y contundencia: “No te ofreces voluntario para matar gente, lo haces para defender la tierra de tus padres. Cuando estás con el rifle o la ametralladora solo ves sombras en el horizonte y te defiendes”.

“Siempre había algún maleducado que después de 15 años me seguía llamando nazi”, confesó.

En 2004, la Reina Isabel II le concedió la Orden del Imperio Británico “por mejorar las relaciones entre Alemania y el Reino Unido en la posguerra”. Por estos días se conmemoran los 70 años de la victoria de Inglaterra sobre Alemania en la Segunda Guerra Mundial.

Bert Trautmann murió en España a los 89 años de edad después de haber sufrido dos ataques al corazón. Nunca dejó el arco y su cuello jamás se recuperó.