Bruno Fernandes: un asesinato le negó la opción de ser leyenda del fútbol

Bruno Fernandes: un asesinato le negó la opción de ser leyenda del fútbol

11 de Julio del 2015

El ocho de julio de 2010 cayó una leyenda y nació un asesino.  Antes de ese día, Bruno Fernandes era el capitán e ídolo del Flamengo. Llevaba tres años en el equipo al que había sido cedido por Corinthians tres años atrás. Era el mejor portero de Brasil y unas de las opciones de la canarinha para el Mundial de Sudáfrica 2010. Lea también: El futbolista más sinvergüenza de la historia

La infancia del portero, nacido en Belo Horizonte, en 1984, no fue fácil. Creció en una favela rodeado de violencia y muerte. Sin embargo, su amor por el fútbol y el talento que mostró bajo los tres palos lo alejaron de una vida en la que no distinguiría los límites entre la legalidad y la ilegalidad.  También le puede interesar: El futbolista que se burló de Hitler

El fútbol lo alejó de la violencia,  lo acercó al deporte y por ahí derecho a la fama. Lea también: Deportistas detrás de un crimen

No solo empezó a ser reconocido por sus atajadas y liderazgo. Fuera de las canchas, Bruno llevaba una vida que se convirtió en la comidilla de los medios de comunicación.

En el día entrenaba, y en la noche, cuando no jugaba, frecuentaba lugares en los que las bacanales eran rutina. Modelos, actores, políticos y futbolistas, entre ellos Bruno, eran los protagonistas de innumerables noches de descontrol.

Su estado civil (casado) no era excusa para perderse en la fiesta. Continuamente aparecían rumores de sus infidelidades. Eran muchas las mujeres brasileñas que afirmaban haber vivido una aventura con el portero.

Eliza Silva Samudio, una modelo y actriz porno, no fue el único affaire de Bruno, pero sí el más escandaloso.  Una noche de pasión terminó convirtiéndose en una novela de terror.

Arquero Asesino Eliza Samudio

En la foto, la actriz Eliza Silva Samudio 

Una semana después de la fiesta, Eliza buscó al jugador para contarle que estaba embarazada, y que por supuesto él era el padre, cosa que nunca creyó.

Pese a que estaba convencido de que esa criatura que iba a nacer nueve meses después no era suya, Bruno le pidió a Eliza que abortara. El portero más famoso de Brasil temía un escándalo mediático. Ella, se negó. Quería tener al niño. En febrero de 2010 nació Bruno, Samudio decidió bautizarlo igual que su padre.

Antes de que naciera Bruno JR, Bruno papá fue violento, evitaba a toda costa tener contacto con la modelo y se negó a enviarle dinero mensualmente.

Cuando nació el pequeño, Bruno Fernandes decidió cambiar de táctica. Evitó la confrontación, buscó el diálogo y prometió reconocer al niño. Sin embargo, todo era parte de una macabra estrategia que tenía como objetivo asesinar a Eliza Silva Samudio.

El futbolista recurrió a su primo Sergio Rosa, miembro de una banda criminal, para ejecutar el plan, según informes de prensa.

En junio de 2010, Eliza le contó a tres de sus mejores amigas  que el futbolista iba a reconocer a su hijo, responder por un dinero mensual y que incluso le iba a comprar un apartamento en Belo Horizonte, su única condición era evitar contacto con los medios de comunicación. Samudio aceptó.

Para cuadrar los pormenores del pacto, Bruno Fernandes mandó a recoger a la modelo y a su hijo para posteriormente llevarlos a una finca en la que él los estaría esperando.

Macarrao, amigo de Sergio Rosa (primo de Fernandes) pasó a recoger a la modelo. Cuando ella se sentó en el asiento del copiloto, de atrás emergió la figura de Sergio Rosa apuntándole con una pistola. En cuanto comenzó a gritar la golpeó con la culata, dejando un reguero de sangre que semanas más tarde resultaría crucial para establecer los responsables del crimen. Según el relato de los investigadores, llevaron a la actriz a las afueras de Belo Horizte, donde los esperaba Fernandes.

Según revelaron los investigadores, Bruno fue tajante. “Ustedes deben resolver este problema. No quiero saber nada del asunto”.

Prendió el carro, el mismo en el que habían llevado a la modelo, y regresó a Río de Janeiro. Esa noche quemó una maleta con pertenencias de Samudio y se fue a tomar cerveza.

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Mientras tanto, Macarrao y Sergio Rosa pensaban qué hacer con la modelo.

Decidieron llevarla a donde Marcos Aparecido dos Santos, ‘Nanem’, un expolicía cuyo trabajo en la banda era desaparecer personas sin dejar evidencias.

Después de golpearla, la estrangularon hasta matarla, cortaron el cuerpo en pedazos y se los echaron a una manada de perros de raza rottweiler. Los huesos de la modelo fueron enterrados y cubiertos con cemento.

Extrañadas por la ausencia de Samudio, amigas de la modelo dieron aviso a la policía. Durante un mes, los investigadores siguieron al primo de Bruno Fernandes. Sergio confesó todo.

El ocho de julio de 2010, aproximadamente un mes después del suceso, Bruno Fernandes da Souza fue arrestado. Se le acusaba de asesinato, rapto, esconder el cuerpo, formar parte de una banda criminal, y otros delitos. De inmediato entró en prisión. Más tarde, sería condenado a 22 años y tres meses de cárcel, 17 en régimen interno, tras ser declarado autor intelectual del asesino intelectual de Eliza Silva.

Después de varias horas de deliberaciones del jurado, integrado por siete personas, determinó, en cabeza de la la jueza Marixa Fabiane Rodrigues, que Bruno actuó como una persona “violenta, fría y disimulada” y fue el articulador de la “trama diabólica” para la muerte y desaparición del cadáver de Samudio.

Bruno “quedó decepcionado, pero no lloró”, escribió en su perfil de una red social el abogado principal del portero, Lucio Adolfo.

Pese a la condena, en marzo del 2014 las autoridades brasileñas permitieron al portero firmar un contrato por cinco años con el Montes Claros del Campeonato Mineiro de Brasil.  Fernandes cumple su contrato cada vez que puede salir del penal.

La legislación brasileña le da a los presos que han mostrado un buen comportamiento en la cárcel, permiso por tres o cuatro años, la libertad de trabajo.

Preso de las críticas, el presidente del Montes Claros, Ville Mocellin, explicó al diario ‘O Tempo’ la razón para darle trabajo al jugador. “Queremos dar una oportunidad a Bruno, el ser humano.  Para él se trata de una oportunidad de volver a jugar. Es un atleta que puede reforzar el equipo y una forma de invertir en el aspecto social”.

A Macarrao le cayeron 15 años de prisión tras confesar su participación en el crimen; su mujer, Dayanne Souza, a quien se acusó de complicidad fue absuelta; la que sí fue condenada a cinco años fue Fernanda de Castro, una de las amantes del futbolista, quien conocía la historia y cuidó al bebé de Eliza durante varios días; y a Neném, el autor material, le cayó la mayor sanción, 23 años.