De patinadora artística a criminal

De patinadora artística a criminal

25 de enero del 2015

Plasticidad, belleza, elegancia y clase son algunas palabras que se utilizan para describir de uno de los deportes menos reconocidos del mundo: el patinaje artístico. Lea también: La futbolista que se tuvo que desnudar para demostrar que era mujer

Sin embargo, en la historia de este deporte se escribió un capítulo oscuro en el que quedaron al descubierto situaciones que, se supone, son ajenas a la esencia de esta actividad física, y de cualquier otro deporte. También lea: Los deportistas adictos al sexo

La ambición por la fama, el dinero y la gloria convirtieron a Tonya Harding, una tierna patinadora, en la bestia negra del patinaje artístico; mientras que Nancy Kerrigan, su víctima, en el icono del sacrificio, perseverancia y  talento estadounidense.   Accidentes fatales que acabaron con deportistas

En 1994, Kerrigan (la buena de esta historia) afinaba detalles para la final de los Campeonatos Nacionales de Detroit. Su victoria era inminente. Pasaba por un brillante momento deportivo y nadie dudaba que derrotaría a Harding.

Sin embargo, a la salida de un entrenamiento, fue víctima de un violento ataque. Un hombre, sin mediar palabra, le propinó un brutal golpe con una barra de hierro a la rodilla de la joven figura del deporte gringo.

Mientras las imágenes de Nancy retorciéndose del dolor -y entre lágrimas preguntando en voz alta “por qué, por qué”- le daban la vuelta al mundo, su rival, Tonya Harding (la mala de esta historia) dos días después se quedaba con la medalla de oro luego de ganar con mucha facilidad.

Tras ese triunfo, una gran cantidad de dudas empezaron a surgir. ¿Quién atacó a Nancy? ¿Por qué la atacaron? ¿Por qué ese ataque se dio justo dos días antes de la final del campeonato? Todas las preguntas tenían apuntarían a una sola persona: Tonya Harding.

La campeona, sobre quien se cernía más sombra que brillo, negó rotundamente todos los señalamientos.

Este caso tuvo tanta relevancia mediática, que fue el propio FBI el que se encargó de todas las investigaciones. Fue así como tres semanas después de los hechos, Jeff Gillooly, exesposo de Tonya, fue capturado y señalado de participar en el ataque contra Nancy.

A medida que pasaban los días, se revelaban detalles oscuros que se produjeron en un deporte tan estético como el patinaje artístico. Un mundo que mueve millones de dólares en contratos de publicidad, y al que algunas se aproximan con actitud ciertamente mafiosa.

Tonya Harding

Gillooly  reconoció su culpabilidad y aportó nuevas evidencias –como recibos bancarios y cuentas telefónicas– sobre la participación directa de su exmujer, a cambio de ser acusado sólo de un delito de fraude menor.

De acuerdo con Gillooly y su abogado, “Harding planeó y dio la aprobación final a la agresión a su rival, tras realizar una pobre actuación durante un campeonato en Japón”.

Pese a que los indicios y pruebas eran contundentes, la Justicia no pudo comprobarle nada a la “bestia del patinaje artístico”.

Nancy Kerrigan

Harding acusó a su exmarido de querer arruinar su carrera, aunque también reconocía que se había enterado «a posteriori» del nombre de los agresores y había guardado silencio. Según las encuentras, el 63% de los estadounidenses consideraba que la patinadora mentía en sus declaraciones sobre la agresión a Nancy Kerrigan.

Pero mientras el nudo de la novela se hacía más grueso, Nancy lograba recuperarse y se presentó más tarde en los juegos Lillehammer de 1994. En esos juegos, logró la medalla de plata, mientras que su rival, sobre la que aún no se despejaban las dudas, apenas logró conseguir el noveno lugar.

Tiempo después el FBI logró demostrar lo que todos sospechaban. Tonya sí tenía que ver en el ataque. Shane Stant, había sido contratado por Guillooly y  el guardaespaldas de la patinadora, Shawn Eckhart, con el objetivo de impedir que Kerrigan participara en dichas olimpiadas. Mientras tanto, Harding era acusada de estar implicada en el ataque por haber indicado al agresor cómo llegar al pasillo donde se encontraba la víctima.

Tras la condena penal y social, la “bestia” se vio obligada a realizar actividades que poco o nada tenían que ver con el deporte. Grabó videos pornográficos y tuvo un fugaz paso por el boxeo.

“Soy una paleta del sur. Vivo en medio de la nada. Corto madera, bebo cerveza, arreglo coches, esas cosas. Ésa soy yo”, declaraba en 2007 al Kansas City Star poco antes de abandonar su posterior carrera en el boxeo, que le duró seis peleas.