El deporte de este hombre es rodar por el piso

El deporte de este hombre es rodar por el piso

29 de junio del 2016

“La sensación, la cercanía de las ruedas con el cuerpo y el piso, hace que tenga más contacto con el mundo, eso hace que me enamore de este deporte.  Aquí encontré algo que me hace sentir único y especial”, expresó Eduardo Zarate.

Un traje negro, 24 ruedas y una maleta llena de sueños por cumplir lo acompañan siempre que asiste al Parque Nacional a hacer lo que más le gusta: patinar. Su cara de satisfacción aún sigue siendo notoria, su fuerza es cada vez mayor a pesar de los difíciles momentos. Y es que ‘el insecto’ rodante no se rinde, quiere el guiness récords.

Eduardo Zarate, más conocido como el “Rollerman” colombiano, es un hombre de aproximadamente 35 años, que practica el Buggy Rollin hace siete. Se ha convertido en el primero en hacerlo en Colombia y ha adoptado este deporte como un estilo de vida.

Después de su reconocimiento por el traje de 26 ruedas, Eduardo lucha por romper con el récord  de los 126 km/h, alcanzado por Jean-Yves Blondeau, diseñador del primer traje en la historia y del que se inspiró para crear el suyo.

Y es que este deporte, que nació hace 20 años, solo cuenta con 10 personas que lo practican, entre los que están Eduardo y Henry Arbeláez, un joven de 20 años, estudiante de Zárate y “otra persona de la ciudad de Medellín”, aseguró Eduardo.

Eduardo-Zarate-buggy-Rollin-C2

“Sí señor” fue la película que lo empujó a crear su propio traje. “Un día vi una película que me cambió la vida, donde entendí que hay oportunidades para hacer muchas cosas. Ahí me nació hacer esto”, aseguró el Rollerman colombiano.

Antes de llegar al mundo del Buggy Rollin se desempeñaba como soldador, trabajo que realizaba con su padre. “Gracias a mi trabajo pude crear el traje, sabía soldar. Empece a unir partes y salió esto”.

Asegura que la diferencia del Buggy con cualquier otro deporte es que aquí “la relación del hombre con el mundo, es con ruedas, ruedas que están en todo tu cuerpo, tienes todo el organismo en relación con el suelo, eso es inspirador”.

“No soy un buen patinador”, afirmó. Reconoce que su espíritu por el patinaje nace por su hija, quien practicaba el deporte en una escuela desde muy pequeña. “Cuando entró mi hija a patinar, decidí comprar mis propios patines, eso fue después de los 30”.

Sueña que las personas vean en el Buggy Rollin un deporte nuevo, un espacio en el que descubran una relación más directa con el mundo.