El hooligan estrella: Un insulto desde la tribuna lo hizo famoso

El hooligan estrella: Un insulto desde la tribuna lo hizo famoso

20 de septiembre del 2015

Si usted es fanático del fútbol seguramente le ha pasado esto: gritar, mientras mira al televisor, a los jugadores de su equipo o a los del equipo contrario.

Si le grita a los del equipo contrario, tal vez una que otra vez los insulta. Si lo hace con los de su equipo, aparte de insultarlos, dará a la distancia una cátedra de cómo tuvo que haber actuado el jugador ante una determinada situación, generalmente de gol.

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“La hubiera parado con el pecho y pegado con la derecha”, “¡levante la cabeza! y péguele así…a la izquierda, suave”, “¿Pero cómo se come eso?, era más difícil votarlo que hacerlo”, son algunas de las frases que usted ha tenido que decir, o por lo menos escuchar.

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Usted no es el único. El síndrome de pelear con el televisor es una enfermedad mundial. Y no solo pasa con el televisor; también pasa en el estadio. Usted grita y grita con la esperanza de que el futbolista lo escuche.

“Burro, levanta el culo”, “entrenador: quita esa mierda de ahí, es un paquete”, “no queremos a Chapman”, gritaba desesperado Steve Davies, un hooligan.

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Los insultos iban dirigidos a un delantero del equipo de sus amores (West Ham) que ese día de verano de  1994 se enfrentaba al Oxford City. Para el West Ham era un partido sin importancia de pretemporada. Para el City, un equipo de poca monta, era el más importante de su historia.

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Dermot Gallagher, el árbitro de ese partido, recuerda que Davies “se metió con Lee Chapman durante toda la primera parte. Había poca gente y se oía todo. Cada vez que había un silencio, el chico (Steve Davies) se metía con él”.

En el espacio documental Informe Robinson, conducido por el exjugador y actual comentarista en Canal +, Michael Robinson, Steve Davies, un hooligan retirado, no recordó lo mejor de Lee.

“Jugaba contra un defensa que era más bajo que él pero terminaba en el suelo cada vez que lo chocaba. Cuando se cayó la tercera vez me empecé a meter con él (…) a lo mejor no debí llamarlo burro …pero no me arrepiento”, dice.

Aunque el equipo ganaba con suficiencia, Steve Davies siguió con sus críticas e insultos contra Chapman. Pasados apenas unos minutos del inicio del segundo tiempo, el pobre Chapman se lesionó. Davies celebró la lesión como si su equipo hubiera quedado campeón de la Premier League.

Harry Redknapp, técnico del West Ham, no entendía cómo un hincha del equipo que dirigía se pudiera alegrar por la lesión de un jugador, y explotó. Se acercó a la tribuna en la que estaba Davies y lo retó.

-“¿Crees que puedes mejor que él?, ¿Juegas cómo hablas?”

-“Por su puesto que sí”, le respondió mirandolo a los ojos Davies. El miedo no es parte de su ADN.

-“¿Quieres jugar?”

– “Si, ¿por qué no?”, sentenció con una mirada de hielo.

Con algo de violencia lo agarró del cuello y lo llevó hasta el banco del equipo y pidió al utilero que alistara un uniforme, “él va a entrar”, le dijo.

Eddie, el utilero, alistó un uniforme, unos guayos y se los entregó. “Aún así no creí que fuera entrar a la cancha, pensé que era una broma”, recuerda.

Pero no era ninguna broma. Harry Redknapp puso a debutar en el West Ham, un equipo de primera división del fútbol de Inglaterra, a un hooligan, un hombre de comportamiento violento que alguna vez fue capaz de meterse desnudo, durante un partido de la selección de Inglaterra, a la cancha del mítico estadio de Wembley. ‘La leyenda del West Ham’ como conocen a Steve Davies, entró en el minuto nueve.

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“No tenía pinta de futbolista, pero al ver la reacción de la gente me di cuenta de que pasaba algo raro”, dijo en el documental Informe Robinson, Chirs Fontaine, jugador del Oxford City que ese día estaba en la cancha.

Aunque los pocos espectadores que estaban viendo ese aburrido partido de pretemporada sabían que era un hincha el que había entrado jugar profesionalmente con el equipo de sus amores, el resto del mundo lo desconocía. Incluso el hombre, cuyo trabajo era anunciar los cambios del partido, quien corriendo fue a preguntarle al entrenador Harry Redknapp, “¿No sabes quién es?, ¿no viste el mundial? Es Tittyshev. el búlgaro”, dijo el técnico.

Y así lo anunció la voz del estadio: “¡Con el número tres a la espalda, el gran matador búlgaro Tittyshev”.

Steve (Tittyshev) saltó a la cancha con entusiasmo, como cualquier debutante que quiere mostrarle al técnico sus capacidades para quedarse con la titular. Corría como un loco por todo el frente de ataque.

“Estaba muy fatigado, antes me había tomado unas cervezas y fumado unos cigarrillos”, recuerda Steve, quien para la época tenía 27 años. Hoy tiene 42.

Dos décadas después de su debut y despedida de fútbol, hace una reflexión, pero no se arrepiente de haber tratado tan despectivamente a Lee Chapman. “El juego iba más rápido de lo que yo creía, sobre todo cuando tenía el balón”.

Los presentes, sin saberlo, estaban presenciando un partido histórico. La primera vez que un hincha hizo parte del plantel profesional del equipo que sigue a todas partes.

Aunque en el barrio Steve jugaba de defensa, Harry Redknapp lo puso de delantero. El entrenador quería que el hooligan jugara en la misma posición del futbolista a quien tanto criticó desde la comodidad de la tribuna.

Como si la historia no fuera lo suficientemente increíble hasta acá, pasó lo impensado. En el minuto 71, a 20 del final y cuando el partido ya estaba asegurado con un 4-0 a favor del West Ham, Tittyshev anotó.

No tuvo tiempo para pensar. Recibió el balón, pasó por la mitad de los defensa centrales y remató con puerta derecha. “La puse en la escuadra derecha”, dice orgulloso.

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En la tribuna sus amigos celebraron ese gol a rabiar, como si con ese tanto el West Ham hubiera quedado campeón. Pero no, era un gol de pretemporada a un equipo de baja categoría, pero sí era diferente.

Lo había anotado su amigo, aquel barra brava busca problemas, fumador, y amante de la cerveza. Sí, él había hecho un gol con el West Ham, el equipo por el que estaba dispuesto a dar la vida.

Ahí terminó todo. Después del partido la vida de Steve siguió igual. Nadie le creyó su proeza.  Harry Redknapp no lo quiso fichar, ni si quiera se pudo llevar la camiseta número 3 con la que jugó aquel verano de 1994.

Ni sus vecinos, ni sus amigos, ni siquiera sus padres, nadie dio crédito a su anécdota. “Ayer jugué con el West Ham y marqué un gol. Mentiroso, me decían”, dice.

Solo hasta que un periódico local sacó su historia, le creyeron.

“Lo estaba ojeando tranquilamente pero cuando fui a las páginas centrales…no lo podía cree. Cerré el periódico”. Pa Davies, mamá de Steve, quedó en shock.

“Estaba paralizada. No podía creer que ese fuera mi hijo, un energúmeno tatuado, un hooligan, y que hubiera anotado un gol”, dijo la mamá.

Pa cuenta que no salió de su casa las siguientes dos semanas, pero Geoff, un gordo bonachón inglés dijo a todos sus amigos orgulloso: “ese es mi hijo”.

Solo hasta que salió su historia en el periódico se volvió famoso y a todos les habla de ese día. Pero hay algo de ese mismo día que prefiere no contar, o que por lo menos no cuenta con la misma emoción.

“Tengo que confesar algo -dijo a Canal +- cuando marqué con el West Ham contra el Oxford City y corrí a celebrarlo, el árbitro hizo sonar su silbato y el línea levantó la bandera. Mi gol fue anulado por fuera de juego”.

Aunque prefiere no hablar mucho de la mancha que tiene su cuento, recuerda que corrió hacía el árbitro, “le puse mis manos sobre los hombros y le dije: ¡te has cagado mi sueño hijo de puta!”.