Nacional, con alma de campeón, se coronó por tercera vez al hilo

21 de mayo del 2014

Consiguió la estrella número 14 y alcanzó a Millonarios en títulos.

Nacional, con alma de campeón, se coronó por tercera vez al hilo

Fue la fiesta verde. Un equipo acostumbrado a ser campeón quería seguir con ese sano hábito. Abajo en el marcador, Nacional era favorito igual ante un conjunto ‘Tiburón’ que le enseñó los dientes en el partido de ida y le arrebató una victoria con sus armas, escasas en comparación a los paisas, pero con el mismo filo.

Los hinchas verdolagas acudieron a su templo a celebrar. Se vistieron de gala, con ‘esmoquin’ verdiblanco porque en su vocabulario no existía la palabra “derrota”. El lema de Junior fue hazaña. Sin aquel fútbol de antaño, del toque y la estética, este título, si Junior lo conseguía, iba a ser un homenaje a la actitud.

Imer Machado pitó y cuando el silbato aún estaba húmedo, Alexis Henríquez apareció como un relámpago en el área juniorista, luego que con un guante, Edwin Cardona depositara el balón donde el defensor lo acarició e hizo estallar a un estadio entero. El partido de Barranquilla quedó en el olvido apenas con un minuto de juego.

La música de la grada animaba lo que en los primeros minutos fue un baile verde. Era la venganza ideal, diez años después que Junior silenciara el Atanasio Girardot el día que consiguió su quinta estrella. Sin nada en el libreto, El ‘Tiburón’ era un manso delfín, hasta el momento que, casi de la nada, Juan Guillermo Domínguez sacó un pase desde la izquierda que Toloza aprovechó, desvió de su ruta y empató el partido cuando menos mereció el conjunto visitante.

Edinson Toloza gol

A Junior le volvió el alma al cuerpo e hizo pie. Nacional, atónito, sin saber qué pasaba, entró en una confusión ya conocida en Copa Libertadores. El ritmo de juego se vio entorpecido por la lesión de Edinson Toloza, que hasta entonces era el único culpable de la octava estrella y que aún a su pesar, le tocó dejar el terreno de juego en virtud de Michael Balanta.

Cuando en el partido se volvió a jugar con continuidad, Nacional recordó por qué era el bicampeón del fútbol colombiano y arrinconó a Junior en los últimos minutos del primer tiempo. Ahí asomó Sebastián Viera, el arquero rojiblanco, que le avisó a los atacantes verdolagas que en el segundo tiempo, si querían dar vuelta el marcador, tenían que superarlo a él.

Con el desafío anunciado, el tiempo suplementario vio a un equipo local impotente. Aquel que dijo que Junior es solo de Barranquilla, no vio el encuentro en el que le hizo una oda a la muralla de Cartagena. Durante más de media hora, el campeón se vio reducido a un equipo más del montón.

“Nunca subestimes el corazón de un campeón”, recita un viejo dicho y Nacional lo empleó en los últimos 10 minutos. Duque, Valencia, Valoy, Ángel, todos tocaron la puerta, pero el guardián del pórtico, Sebastián Viera, dejó a los asistentes al estadio con el corazón en la boca.

Las caras de los aficionados mostraron resignación, pero no el alma de los jugadores del ‘Verde’, que hasta la última pelota soñaron. Y el milagro se dio. Un tiro de esquina encontró a John Valoy solo en el área, como jamás pensó estarlo y la empujó en el último segundo. La emoción fue tanta que el entrenador Juan Carlos Osorio irrumpió en llanto. Como el ave fénix, el campeón tendría una vida más en la tanda de penales.

En el juego de la lotería, el que fue héroe en los 90’, se volvió villano en minutos. Sebastián Viera tuvo que ver cómo su colega, Franco Armani, atajó el penal que le dio la ventaja al club verdolaga. Alejandro Bernal tuvo en sus pies la gloria local por tercera vez consecutiva, la hinchada coreó su nombre y él hizo lo que tenía que hacer, marcó y el campeón, en el último suspiro, volvió a coronarse y es el equipo, junto a Millonarios, que más títulos posee en sus vitrinas.

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