Tiene seis años, así se construye una estrella del golf

Tiene seis años, así se construye una estrella del golf

5 de agosto del 2015

— Tienes que poner los pies rectos.

— ¿Así?

— Si, pero separados. Saca la cola, pon las manos así. Dobla las rodillas. No tanto… un poquito

— OK, ¿así?

— Sí. Pero si dejas el pie derecho como lo tienes, la bola saldrá desviaba. Mejor párate de esta forma. El palo hay que cogerlo así. Eso. Ahora intenta pegarle a la pelota (que es color verde fluorescente con la cara de Bob Esponja) con esta parte.

— Cuál parte, ¿esta?

— ¿Si ves estas letras que cada palo tiene?, bueno, van para arriba, haces así y le pegas.

— Ok.

— Una última cosa. Mira la bola, estiras los brazos y dobla las rodillas. No tanto.

El golpe fue pésimo. Pero cuando ella, Sara Díaz, de seis años, lo ejecutó, fue perfecto.

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Responde a las preguntas con monosílabos. — “Si”, “no, “porque sí”, “porque no”. No se sale de ese libreto, algo normal en un niño de esa edad. Es tímida. Pero cuando salta al campo con su bolsa de palos de golf, parece otra persona. “Es magia”, dice Carlos Díaz, su padre. Lea también: Por ser superdotada, esta niña sufrió matoneo en un colegio de Ibagué

Disciplina es la palabra que más repite Carlos. Es la forma como está educando a su hija, “como deportista, pero sobre todo como persona”, subraya.

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Carlos habla claro, igual que Sarita cuando explica cómo jugar golf.

“Cuando uno trabaja con un niño en función de un deporte, es bueno combinarlo con otro para que no se aburra del mismo deporte”, explica.

En su temporada de vacaciones Sarita no se “puso a mirar para el techo”, su papá la inscribió en varias cosas. Por la mañana juega tenis, en la tarde asiste a clases de golf y lo fines de semana practica patinaje y golf.

-¿Qué te gusta más el patinaje o el golf?

-“El patinaje”, responde Sarita sin dar muchos detalles.

“El tema del patinaje”, explica Carlos, “lo estamos desarrollando con Sarita para trabajar el tren inferior. El golf es de la cintura para arriba, entre más quieta esté, más calidad de golpe va a tener, combinamos el golf con el patinaje para la fortaleza de la niña. Pero el golf es el deporte base”.

Sarita, a quien publicaciones internacionales especializadas de golf como Fullswing y Fairway la consideran como la niña genio del golf colombiano, empezó su preparación en este deporte a los 22 meses.

“Pero ninguna academia me la quiso recibir por ser menor de tres años, me tocó buscar un profesor personalizado para que arrancara solo con ella”.

Los primeros palos de golf de sarita eran de plástico. “Le poníamos plastilina para que pesaran un poco más y ella se fuera acostumbrando”, recuerda Carlos.

Después de esa primera bolsa, a Sarita le compraron, importados desde Estados Unidos, unos palos de metal, especiales para niños. Costaron 450 dólares.

“Toca traerlos de allá porque en Colombia no hay tiendas de esas porque no hay niños de esta edad practicando a este nivel”, explica Carlos, un aficionado al golf y administrador de empresas que trabaja en una compañía de seguros.

A los cuatro años, Sarita ingresó a la Federación Colombiana de Golf.

“Empezamos a recorrer el campo de la federación que tiene hoyos de 130 yardas. Los niños juegan normalmente hoyos de 50 yardas, Sarita sobrepasa esa medida”, hace golpes de entre 75 y 100 yardas.

Hace unos días, Sarita se negó a jugar. No quería hacerlo sola y preguntó a su papá: “¿Dónde están los señores?”.

“Cuando ella sale al campo juega las marcas largas y sale con los grandes. Alguien llega, sale con los palos, y Sarita se para al lado. Los señores piensan que van a jugar conmigo, pero no, yo soy el caddie, vas a jugar con mi hija, les digo”.

De nuevo, Carlos se refiere a la disciplina. “Queremos formar a Sarita con principios y valores a través de este deporte, el golf es un deporte con mucha ética. Así mismo, a través de este adquiere disciplina, responsabilidad y constancia, valores que aplica en sus estudios”, comenta Díaz.

“Para mí – según Díaz – no es el golf, estoy formando a través de los deportes, estoy formando a mi hija para que sea una niña feliz pero con unas herramientas básicas para que pueda afrontar la vida cuando arranque su camino sola.”

Cuando niño, Cristiano Ronaldo se quedaba después del entrenamiento a practicar tiros libres, penaltis y gestos técnicos. Pedía a sus entrenadores que le lanzaran centros para practicar cabezazos, medias voleas y chilenas. Su talento es el resultado del trabajado. Algo parecido le pasa a Sarita.

“Los niños terminan la clase, que es de ocho a nueve y se van. Nosotros no. Ella se come un quesito o unas galletas y sale al campo. Trabajamos hasta las once de la mañana. Sarita camina nueve hoyos en el campo de la federación con los grandes. Mientras los demás se van, ella se queda entrenando, concentrada en el tema. Hay jugadores de campo de práctica y jugadores de campo de golf, esa es Sarita”, señala Carlos.

Aunque le va bien en matemáticas, a Sarita le gusta “más el inglés, porque es muy chévere y fácil de aprender”, dice la pequeña.

Carlos convirtió a su hija en Sara Díaz, golfista, es todo un proyecto deportivo que incluye desde un plan de comunicaciones con gira de medios, al estilo de las grandes marcas deportivas, hasta gorras con su propia marca.

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“Ya compré el domino SaritaDíaz.com. Vamos a salir al aire. Es una visión a futuro y es imitando lo que hacen los grandes deportistas. Si ellos tienen cosas así, ¿por qué mi hija no? Hay que pensar cosas diferentes para hacer cosas diferentes”.

El Fan Page de Sarita en Facebook supera los 600 seguidores.

“Todas las semanas se encuentra algo nuevo de ella. Jugando, o haciendo tareas”. Carlos hace todo lo posible por comunicar por medio de las redes sociales que su hija es “una niña completamente normal, que juega, que se divierte, que se aburre, que ve películas, que va a cine. La enseñanza, si algún padre encuentra en este proyecto algo bueno, es que a los hijos hay que sembrarle cosas buenas para que tengan resultados buenos”.

El cuarto de esta pequeña es rosado, adornado con princesas y flores, como el de una niña normal. Pero en el espacio contiguo a ese lugar que parece salido de un cuento de hadas hay todo un altar al golf. Lleno de trofeos, videos y un pequeño espacio para practicar golpes cortos.

Si Sara no termina siendo golfista profesional, perfectamente puede ser directora de fotografía. Después de romper la timidez y explicar cómo jugar golf, se adueñó del escenario y dio las órdenes.

“Mejor siéntate”, le dijo al fotógrafo.

“Estos palos los quiero así. Las pelotas aquí y tú me tomas la foto desde allá”, el fotógrafo hizo caso.

Después del trámite fotográfico, siguió jugando.

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Que abandone el golf y decida ser otra cosa, no es algo que le preocupe al padre. Ella, mientras se toma un jugo de mango, su favorito, escucha atenta.

“Con el mismo software, nos vamos para piano, patines, pintura, lo que sea que ella decida hacer. Me preocupa poder brindarle a mi hija las herramientas básicas para que funcionen. Que los valores, como la disciplina, la honestidad, el compromiso, el respeto por el competidor los respete, sea un modelo para la sociedad”, dice Carlos.

A ella, el sueño no le es indiferente. Vive, respira y sueña golf.

Durante su más reciente fiesta de cumpleaños pidió que el ponqué estuviera adornado con un minion jugando golf.

“Ella es la cliente número uno de Netflix. Se sabe todas las películas infantiles”.

“De hace unos meses para acá se sienta conmigo a ver golf. Y opina. Me quedo en silencio, para probar hasta qué punto se queda conectada con el tema”. Dura horas. Se concentra jugando golf, mientras su padre habla de su talento, ella juega golf. Primero en un iPad y luego en el campo.

En julio de 2014 se conoció que Gerry McIlroy, papá del golfista Rory McIlroy, quien ha ganado cuatro majors, (el Abierto de Estados Unidos de 2011, el Abierto Británico de 2014 y el Campeonato de la PGA de 2012 y 2014) ganó 220 mil euros gracias a una apuesta que hizo con diez años de anticipación.

Gerry apostó, en un pequeño local de su natal Hollywood, a que su por entonces adolescente hijo deportista se quedaría con el Abierto británico antes de cumplir 26 años. Y así fue.

Para entrenar a Sarita, Carlos reconoce que adoptó la filosofía del padre Rory McIlroy.

“Se basa en la confianza y al acompañamiento. Está prohibida la expresión no puedo, sí se puede, la base es la disciplina”.

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