El colombiano que conoce el mundo a punta de becas

El colombiano que conoce el mundo a punta de becas

4 de noviembre del 2015

Hace unos años Francisco José Córdoba Otálora se ganó una beca para viajar a Alemania. Durante diez semanas, él y quince personas más, tenían que construir una tienda sostenible en Hamburgo.

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Trabajó mucho para ganarse la beca pero casi no la puede aprovechar. Le faltaba la plata de los pasajes. Hizo vaca por internet y se fue. Fue el único colombiano presente en ese evento.

No fue esa la primera, ni la única beca que ‘Pacho’, como lo llaman sus amigos, se ganó una.  Con 29 años ha viajado por el mundo a punta de becas. Es el colombiano que más becas se ha ganado; 19 en total.

Así, estudiando, ha pisado los cinco continentes. Y estuvo cerca de viajar por el espacio.

Es disciplinado, estricto, rígido. Como un ñoño del siglo XXI que entiende la importancia de la vida social.

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Algunos creen que es sobrado, él les da la razón pero matiza el término.

“Soy una persona con alta estima en lo que puedo hacer, una persona interesada en que más personas aumenten sus posibilidades. Pero también una persona que detesta a la gente perezosa y que no quiere hacer las cosas”.

Cuando habla de esas personas, hace énfasis en la palabra pereza. Considera que por culpa de ese pecado capital, la gente no aplica a las becas que se ofrecen.

Francisco habla sin dudas, sin vacilaciones, y aunque pareciera que no piensa para hablar, la realidad es que lleva muchos años pensando los pasos que está recorriendo.

Sus respuestas las enumera, como si fuera un profesor de  anatomía que explica con detalle las funciones de todas y cada una de las partes del cuerpo.

¿Qué hay que hacer para ganarse una beca?, es la pregunta obligada. Tres cosas, dice. Y empieza a explicar.

“Para ganarse una beca se necesitan tres cosas: pasión, método y disciplina.

Uno, pasión: Tenga una visión muy clara de qué es lo que se quiere: una beca de un curso corto, una maestría, una beca de viaje, lo que sea.

Dos, método: haga un plan de trabajo dependiendo de lo que quiera. Normalmente para ganarse una beca toca investigar. Lo que pasa es la gente es muy perezosa y quiere todo masticadito. Si uno quiere una beca toca leerse la información mil veces, entenderla al máximo y saber qué es lo que buscan.

Tres, disciplina: Si quiero realmente una beca tengo que saber qué me piden y estudiar como loco para lograrlo. Puede que diez veces seguidas le digan que no, pero a la undécima le van a decir que sí. No siempre es un tema de rosca”.

Pese a la cantidad de becas que se ha ganado y las que aspira ganarse – la beca de la Universidad de Cambridge con la fundación Bill Gates o la beca del doctorado en Universidad Stanford – Francisco se resiste a casarse con la academia. Es un matrimonio que ha tenido divorcios prolongados, pues considera que afuera, en la calle, se adquieren experiencias que jamás se consiguen en un aula.

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“No tuve un recorrido en el que entré a la universidad y luego empecé a tener empresa. Entré a la universidad, me salí,  cree mi primera empresa y luego decidí regresar a la universidad. De esa manera fue que adquirí la experiencia. Ha sido como un tire y afloje entre la academia y el emprendimiento”.

Se cataloga a sí mismo como un emprendedor y lo dice con convicción aunque sepa que es un término que hoy todo el mundo utiliza.

“Hay un poco de gente que dice que es emprendedora, se inventan términos y cuando hablan lo hacen mezclando el inglés con el español. Hay mucho ‘fashion’ en el emprendimiento. Ignoran que  lo más importante, antes de salir en periódicos, es que genere ingresos financieros. Si la empresa no genera ingresos financieros no hay emprendimiento real.”

No hace eco de su éxito. Todo lo contrario, dice que el fracaso hace parte de su ADN.

“Por eso cuando formo grupos de trabajo trato de equilibrarme. Como estoy tan preparado para el fracaso, me arriesgo mucho. Lo ideal es buscar alguien que frene las locuras. Para emprender un buen grupo de trabajo debe ser máximo de tres personas”.

‘Pacho’ cuestiona esa creencia generalizada según la cual, el  emprendedor se hace millonario de la noche a la mañana.

“La mayoría de emprendedores viven con el diario. Muy pocos son los que realmente tienen rentabilidad. Es más complejo ser emprendedor que empleado. Pero al final la rentabilidad se mide en satisfacción personal.”

Vuelve a las enumeraciones, esta vez habla de los mitos del emprendimiento.

“Uno, el mito del garaje: Como Silicon Valley. La gente cree que cualquiera puede crear algo desde su garaje, no todos lo logran. Hay que ser serios con eso.

Dos, la riqueza: Con el tema del emprendimiento tecnológico la gente cree que haciendo aplicaciones se vuelven ricos. El dato muestra que solo el 10 % de los creadores de aplicaciones tiene rentabilidad financiera, el otro 90 % las hace, pero no funcionan.

Tres, copiar métodos. Que si uno utiliza un método creado en otro país del mundo crece más rápido, eso no es cierto. Hay que adaptar los métodos al entorno en el que se vive”.

Para Francisco el problema de que los colombianos tengan temores al momento de emprender radica en el modelo de la educación colombiana.

“El sistema está construido para que al final la gente responda las pruebas Saber. Entre mejor le vaya en esa prueba es un buen estudiante y por lo tanto puede entrar a las mejores universidad.

Ese es el problema:  Mientras se diseñen las cosas para pasar un estándar, cuando la creatividad se limita y cuando nadie quiere buscar otros caminos y como no hay validación para la gente que quiere buscar otros caminos, tienen que volver a la academia. Por eso hay pocos casos de personas que no estudiaron y son emprendedores”. Él es una mezcla de ambas.

Francisco, que estudió Administración de Empresas comerciales en la Universidad Colegio Mayor Cundinamarca, explica que nunca se logró adaptar a las grandes empresas.

“Nunca me sentí bien en esos lugares.  Uno de mis primeros trabajos fue una empresa que yo mismo cree, eso permitía esa flexibilidad de caer y levantarse de nuevo. Es lo que me ha motivado a explorar nuevas aéreas. Lo que ya está constituido tiene unos límites y el emprendimiento permite romper esos límites.

Las empresas colombianas llegan a unos límites y siento que podemos aumentar esos límites. A las empresas les hace falta arriesgarse (…) muchas primero piensan en generar dinero, antes de conservar una idea inicial”.

¿Qué le dice a lo que quieren emprender y no lo hacen?

“El emprendimiento es un camino muy complejo que a uno lo llena mucho. Hay dos opciones: Arriesgarse, o quejarse por no haberlo intentado. Es mejor arriesgarse a no hacerlo”.

Ahora mismo ‘Pacho’ vive en Inglaterra. Trata de desarrollar un método pata integrar la tecnología, la educación y el emprendimiento.

En Londres estará un año, luego viajará a España y posteriormente e Dinamarca para “realizar un análisis más grande”.

Al final, dice, volverá al país. “Es bueno viajar, construir vida afuera y ver cómo se pueden reconstruir espacios en el crecimiento en el país”.