Él tiene el secreto para venderle morcilla a 30 mil personas

Él tiene el secreto para venderle morcilla a 30 mil personas

15 de Mayo del 2014

Con tan solo 29 años tiene un presente formidable en materia empresarial. Ha sido un viajero empedernido y esto se lo debe al tenis: su otra pasión. Salió del colegio alemán y si tiene que contar cuál fue su influencia en cuanto a la responsabilidad y el orden, esta se la debe a la institución educativa de la cual adquirió la disciplina necesaria. Cuenta Tuvo la fortuna de tener un papá tenista que le inculcó el deporte desde chico.

De hecho, a sus 13 años comenzó a verlo como proyecto de vida. A partir de ese momento tuvo cuatro años de dedicación extrema. Mientras sus amigos tenistas prefirieron abandonar el barco por la rumba y las mujeres, él siguió enfocado.“Me encantaba jugar, ir al club con mi papá a entrenar. Viajaba a los torneos nacionales y seguí muy concentrado”, dice.

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Manifiesta que su proceso de entrenamiento fue duro y demandante, ya que su casa quedaba muy lejos del colegio, vivía en el municipio de La Calera. Era el primero en ser recogido por la ruta escolar, salía a las 4:45 de la mañana y llegaba a la institución educativa a eso de las las siete, terminaba a las tres de la tarde y se iba a entrenar al club Los Arrayanes, allí pasaba tres horas hasta que el sol se fuera. Esperaba que alguien lo llevara durante una hora cerca a su casa. Llegaba a su hogar a eso de las 8:30 de la mañana a cumplir con las tareas y caía reventado a su cama, así durante cuatro años hasta graduarse del Colegio.

Contó con un entrenador deportivo que le habló del apoyo que las universidades de Estados Unidos le brindaban a los deportistas. Daban becas a aquellos deportistas que contaran con un buen nivel, a solo tres días de ser bachiller se fue para la nación norteamericana en búsqueda de su mayor sueño, ser tenista profesional.

El Tambor, Felipe Acosta

Su profesor era Jaime Cortés quien para ese entonces era capitán del equipo de la Copa Davis. Con él recorrió toda Florida en búsqueda de torneos profesionales. Allí lo vieron cuatro universidades y se interesaron en su talento, tenía futuro y la edad ideal para convertirse en un deportista de élite. Se decidió por la Universidad de San Luis (Missouri) donde le ofrecieron el 90 por ciento de una beca, le daban alimentación y vivienda. Encontró una muy buena oportunidad para desarrollar una carrera profesional y dedicarse al deporte. La escuela de negocios le abrió sus puertas y en pocos días se decidió por hacer dos carreras al tiempo: Administración de empresas y Negocios Internacionales.

Otra vez, fue complicado el ritmo pues durante los próximos cuatro años tendría que dedicarse a su estudio y al deporte. Contó con la suerte de tener una educación rigurosa cuando niño y fue por esto que las notas que obtuvo en la Universidad estadounidense fueron de 3,8 sobre 4 , en promedio. Tuvo tesis laureada.

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Si a esto se le suma que desde muy temprano tenía que entrenar con dos australianos, un chileno, un sudafricano y dos españoles, la vida universitaria no fue tan fácil como podría parecer.

“Siempre mediamos el entrenamiento de acuerdo a cuantas veces vomitábamos. Ninguna: muy relajado; una o dos vomitadas: fuerte, y ya tres es que el entrenamiento estaba muy bravo.

Le iba muy bien en el tenis y fue así como jugando y estudiando, logró terminar su carrera a los 23 años.

Decidió irse a Nueva York pero su estadía coincidió con la crisis económica que se originó en 2008. Manifiesta que ni siquiera los norteamericanos conseguían empleo y fue por esto que tomó la decisión de regresar al país.

El Tambor, Felipe Acosta

El nacimiento de un empresario

No es un perfil deportivo, no. Es la historia de Felipe Acosta, el dueño y señor de la comida campestre en la capital. Su experiencia deportiva le sirvió para ser competitivo pero su padre Julio Acosta, reconocido restaurantero de la ciudad, lo llevó a aplicar todos los conocimientos adquiridos en la Universidad para posicionar a El Tambor, como uno de los sitios de comidas donde a la gente le gusta ‘tardear’.

Con el mal momento económico que vivía el país que lo abrigaba (Estados Unidos), Felipe decidió darse unos meses sabáticos e irse a viajar por el mundo. Su trayectoria deportiva lo llevó a conocer a los que hoy por hoy son sus grandes amigos. Hablamos de Santiago Giraldo, Alejandro Falla  y Juan Sebastián Cabal, entre otros tenistas top en el país. Aunque ya se había definido por adquirir experiencia en la carrera que había cursado, quiso disfrutarse por unos días cuanto torneo internacional apareciera. Cuando sus ahorros escaseaban optó por venir a Bogotá.

Su único trabajo formal lo hizo durante ocho meses con su mejor amiga. Con ella realizó un estudio empresarial a nivel internacional de las tarifas del sector eléctrico. En ese momento hizo los trámites para ingresar a una banca de inversión pero el negocio de la familia lo incentivó a realizar una estrategia que lo ayudara a diversificarse.

A finales de los años 80, el padre de Felipe Acosta fundó el restaurante “Hacienda Pipintá” en la vía a La Calera, el cual se caracterizaba por ofrecer carnes magras a la parrilla. A finales de los 90’s, y a raíz de la crisis económica que vivía el país por cuenta del UPAC, tuvieron que repensar el negocio y diversificarlo con la creación de un restaurante contiguo dedicado 100% a la parrilla colombiana, denominado “El Tambor”.

“Mi papá analizó la situación y creó un concepto diferente muchísimo mas económico y asequible a las personas”. De ahí nace el famoso restaurante campestre que la gente conoce hoy en día pero la diversificación del negocio no sería sino obra del joven empresario que a finales del 2000 decidió hacerle la propuesta a su padre, aquella que le cambiaría la vida a los dos.

“Viendo lo bien que le iba a mi padre con el negocio y sabiendo de la popularidad del sitio quise poner en práctica todos mis conocimientos académicos y trasladarlos a la familia. Le hice una propuesta a mi padre, esta se enfocaba en expandir el restaurante a corto y largo plazo. La primera idea era abrir una sede al norte de la ciudad, idealmente sobre la autopista norte”, comenta Felipe.

Sintió nervios y se quedó callado esperando una respuesta de su padre. Al final de la presentación empresarial, a don Luis se les escurrió una lágrima y le dijo a su hijo: “Muy bien chino, lo felicito, hágale”.

El Tambor, Felipe Acosta

¿Cómo llegan a una segunda sucursal?

De ahí vino el proceso de buscar un lote sobre la autopista norte, llegué a multiparque, antiguamente se llamaba BIMA, es un área muy tradicional, yo jugaba allí cuando chiquito. Yo ya era experto en el negocio del ‘Catering’ o servicio de asados a domicilio. Para mi era muy fácil conseguir clientela porque todos los fines de semana me paraba en las cajas y les ofrecía el servicio a los clientes del restaurante. Comencé con una camioneta Hilux. Allí alcancé a hacer hasta cuatro asados en un día. Me tocaba cuadrar la logística, llevar a los empleados, montar el equipo y terminado el encuentro, recoger todo.

¿Qué tiene que ver los asados a domicilio con el segundo punto?

Haciendo esos eventos de domicilio, en un bazar conocí a las dueñas de multiparque, nos pusimos de acuerdo y empezamos a hablar, yo en esas ya estaba buscando lotes y no digo que fue un proceso fácil porque fueron muchas negociaciones y largas jornadas de trabajo. Duramos seis meses negociando y llegamos a un acuerdo muy positivo para ambas partes.

Las negociaciones con multiparque se dieron en 2010. Fue una apertura muy positiva, desde el primer día vimos la opinión positiva de la gente, empezamos a hacerle propaganda desde La calera, porque hay gente que vive cerca pero también hay gente que vive más hacia el norte, entonces le quedaba mucho más fácil. Ha sido una línea ascendente y sin parar.

¿Cómo le ha ido en estos tres años a esa sucursal?

Yo creo que fue un crecimiento del 200 por ciento. Sin duda, hay una temporada muy buena para los restaurantes campestres y es diciembre , el primero no lo pudimos coger a full pero ya en  el segundo año y el tercero, hicimos muchas despedidas empresariales. El día más feliz de mi vida fue cuando superamos por primera vez en ventas al local de La Calera. En los dos sitios ha habido un crecimiento en cuianto a las cocinas. El Tambor es informal, la gente viene y escoge lo que le gusta. A raíz de la ampliación de las cocinas hemos tenido un 60 por ciento de incremento en ventas.

El Tambor

Los clientes y los productos

Cerca de seis mil personas visitan los tres puntos los fines de semana. Esto quiere decir y según palabras del dueño, que a 30 mil personas, aproximadamente llegan a probar las famosas parrilladas.

En este restaurante se ofrecen cerca de 17 productos, la idea es armar el combo de acuerdo al gusto. Los productos insignia son: La morcilla, la arepa de choclo, la carne de res, el chicharrón y el lomo de cerdo, entre otros.

Cuentan con unas parrilladas sugeridas. La parrillada el tambor que es para cuatro personas y la poderosa que es para seis son dos ejemplos.

¿Qué fue lo más duro que tuvo que vivir en el proceso de expansión?

Para mí fue difícil entrar en un restaurante consolidado porque en el caso de la sucursal que abrí,  las ventas fueron mejores cada día y pero  estuve a cargo de absolutamente todos los procesos del restaurante, mi crecimiento fue empírico. Realmente aquí en la calera, mis padres manejaron las cosas con tranquilidad, pero como mi intención era convertir a El Tambor en una empresa consolidada, en donde están muy definidas todas sus áreas, me tocó apersonarme de todos los procesos.

Ya tenemos una tercera sede en Cajicá. Unos amigos nos ofrecieron una hacienda. Hicimos negocio, la compramos y la remodelamos como restaurante. Son niveles distintos de ventas y seguramente mejoraremos porque estamos buscando un frente sobre la vía que nos de mejor exposición.

¿Como decribiría Felipe Acosta A El Tambor?

El tambor es realmente salir de la ciudad, desestrezarse, campo, picnic, sol, amigos, relajarse. Creo que es de los primeros restaurantes cuya filosofía es compartir. Usted va a cualquier, le pasan la carta, pide su hamburguesa, se la come, pero aquí el eje central de todo está en una bandeja donde todas las personas tienen que compartir y comer del mismom plato. Estamos trabajando el slogan “compartir es delicioso” y me encanta porque realmente es el único restaurante en donde su filosofía es compartir.

¿Se desmejora la calidad de los productos cuando se abren más sucursales?

Yo quiero hacer las cosas a buen ritmo, creo que en un proceso de expansión desmesurado, se pierde el control de la comida. Es normal, si usted pone más de tres puntos puede estar en uno pero no en todos. Creo que debe tener dos cosas muy estructuradas para poder llegar a eso. Jamás voy a sacrificar la calidad de una sede por montar uno nuevo. Ya ni siquiera la gente vuelve al punto original cuando se construyenm muchos.Yo jamás voy a correr ese riesgo.

¿Qué puntos nuevos está mirando?

Me lo reservo pero son ambientes campestres. Chía es posible, por ahí hay varias ideas.

¿Cuál es la clave de éxito de el tambor para aquellos emprendedores que quieren tomarlo como ejemplo?

Si usted sabe que está haciendo las cosas bien hechas en cuanto a calidad y a procesos, aguante y perdura porque en este negocio. Si cuenta con un producto que se diferencia no desfallezca, porque hay muchos emprendedores y restauranteros que empiezan con una nueva idea y al primer bajón en ventas, lo cierran.

El Tambor

Los nuevos proyectos

El reconocimiento del lugar de las parrilladas al que más personas asisten tiene buenas noticias. Felipe Acosta anticipa que se vienen cuatro nuevas marcas. Se tiene la idea de complementar el negocio de las picadas con un servicio de postres más amplios, helados, plateas y jugos naturales. No llevarán el nombre de El Tambor pero cuentan con la ventaja de  ser posicionados entre  siete mil personas cada fin de semana que consuman o no,  van a tener acceso visual a la marca. Si la idea cuaja, comenzará su posicionamiento en la ciudad como puntos independientes.

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El empresario tiene en mente abrir otro restaurante en la Zona G de Bogotá. Este no será igual al lugar que le ha dado reconocimiento. Por el contrario, se especializará en otro tipos de menús.

Aunque el éxito en los negocios con este restaurante ya está comprobado, Felipe Acosta lo dejaría todo por el tenis. Si hay algo que lo motiva en su vida es jugar y ganar torneos. Por lo pronto aspira a mantenerse como el dueño de la morcilla y la parrillada campestre. Sabe que la batalla por seguir posicionando su negocio es dura y pareja. Puede ser tan difícil como un partido a tres sets con desempate, todo esto en la final de un Grand Slam. Pero como su experiencia deportiva se lo indica, nada es imposible si hay disciplina y aguante.

En Twitter: @cahurtadokyk