Aguardiente Antioqueño Reserva de la montaña: un licor icónico

24 de julio del 2019

La creación de esta bebida tuvo un proceso que enaltece las costumbres de los ancestros de la época colonial.

Aguardiente Antioqueño

En la época colonial de la Nueva Granada ya se hablaba sobre el aguardiente. Pero en ese momento, ¿quién tenía el monopolio o potestad de esta conocida bebida?: los virreyes.

Por los años 1800 ya se consumía aguardiente, más específicamente en Antioquia. Allí se empieza a legalizar para que todos los departamentos del país pueden crear, distribuir y comercializar el producto.

Es un producto autóctono, propio y regional. “Nace de nuestro ADN, nosotros adoptamos la palabra aguardiente y preparamos esta bebida transparente”, aseguró el maestro ronero de la FLA Hugo Álvarez Builes.

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Después de que las diferentes regiones pudieran trabajar con este licor, en 1919 mediante una ordenanza, se crea la Fábrica de Licores de Antioquia. Para el año siguiente la producción arranca y el lugar está preparado para crear la típica bebida.

Al transcurrir los años, se empezaron a adquirir las máquinas más sofisticadas para poder envasar. La gente cada vez se sentía más atraída por la icónica bebida y se volvió costumbre tomar en horas de la tarde por lo menos seis tragos.

La producción del aguardiente tenía un toque de cada región. El anís, que es el producto esencial, se traía desde Giraldo, Antioquia. La miel o melasa desde el Norte del Valle. La cantidad de grados en el alcohol también cambió, en los años 60, 70, y 80 era de 37°. Para el año 2000 bajó a 29°.

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El Aguardiente Antioqueño es una reserva de la montaña, ícono de los ancestros y de la cultura colombiana. De ahí nace la edición limitada de Reserva de la Montaña. Es una bebida que enaltece las costumbres de hace algunos años y trae el típico sabor de los inicios del licor en el país.

¿Qué se siente probar el Aguardiente Antioqueño Reserva de la Montaña?

“Cuando uno prueba este producto debe estar con los sentidos 100 % activos. Los aromas y matices del Aguardiente Antioqueño Reserva de la Montaña son: sensación cool y fría y luego un aceite anisado. Luego viene una nota herbal o floral, posteriormente está el olor dulce ya que viene de la caña de azúcar. Y ya para finalizar, hay un poco de vainilla y finalmente frescura”, explicó el maestro Álvarez.

Es un producto cristalino, brillante y translúcido. Para tomar esta bebida es necesario llevar un poco del licor a la boca, ahí las papilas gustativas se activan. Si no se toma de inmediato, la entrada es mucho más suave y se siente un cosquilleo. Al final queda una nota de dulzura y la sensación del anís.

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El Aguardiente Antioqueño Reserva de la Montaña no estará a la venta, solo se sacaron 6.000 ejemplares. Estos serán entregados de manera selecta en el marco de la celebración de los 100 años de la FLA.

Las diferencias que tiene este licor con el tradicional son: los 39 grados de alcohol y los insumos utilizados. El proceso de ‘Reserva de la Montaña’ fue el mismo que realizaba la FLA en sus inicios.

El envase de este aguardiente es artesanal y el embotellado fue de manera manual. Este producto, tradicionalmente, se puede maridar con frutas como el coco, la uchuva, la piña y la naranja.

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