¿Quién le organiza la cabeza a Álvaro Uribe?

¿Quién le organiza la cabeza a Álvaro Uribe?

1 de diciembre del 2010

En 2002, la actriz Adriana Ricardo le dijo a su peluquero, José Botero, que le tenía un nuevo cliente: el ex presidente Álvaro Uribe Vélez, que necesitaba cortarse el pelo una semana antes de quedar elegido como primer mandatario. Desde ese momento, este tulueño fue el responsable de los remolinos indomables ‒uno en la frente y otra en la coronilla‒ de la cabeza del ex presidente. Gracias a su trabajo, Uribe no se despeinó ni con los rockets contra la Casa de Nariño del día de su posesión; ni las peleas contra Chávez, Correa y la Corte, ni con el tema de las “chuzadas” ni los falsos positivos.

Durante una temporada en que Uribe estuvo fuera del país, José Botero lo vio por televisión y se alarmó porque vio que tenía el pelo un poco largo. De inmediato llamó a Palacio para que le programaran una sesión con él. Siempre, los viernes cada quince o veinte días, una o dos camionetas lo recogían en la noche en su peluquería de la calle 85 con carrera 16. El ex presidente necesitaba estar presentable para los consejos comunitarios que iban a ser televisados al día siguiente. La labor la hacían en la peluquería de Palacio, un cuarto pequeño, sencillo, con un espejo, una mesa y una silla. José Botero no interrumpía su trabajo cuando a Uribe le entraba una llamada al celular. Cada cuatro meses debía cambiar las tijeras marca Yorkshire con que lo peluqueaba. Es decir, en los ocho largos años de Gobierno, a Uribe le cortaron el pelo con 24 tijeras diferentes.

Hoy en día, José Botero le sigue cortando el pelo al ex presidente. Las camionetas siguen llegando, pero en vez de tomar hacia el sur, a la Casa de Nariño, se dirigen al occidente, a Suba, donde tiene su casa en el Centro de Estudios Superiores de la Policía (CESPO). Todavía le paga $100.000, de dinero que saca de su propio bolsillo, por los servicios de lavado de pelo, masaje capilar y corte.

Pero Álvaro Uribe no es su único cliente ilustre. También ha sido el peluquero de su esposa, Lina Moreno, y sus hijos, Tomás y Jerónimo Uribe, además del penalista Abelardo De la Espriella, Carolina Barco, Alfonso Gómez Méndez, Gabriel Silva e, incluso, de Diego Armando Maradona. Sus últimos clientes son el  Presidente Santos y su esposa, María Clemencia. Para esta gran demanda, Botero cuenta con ocho trabajadores de planta que atienden a más de veinte clientes al día, que pagan por corte entre $70.000 y $100.000, sólo en efectivo.

¿Qué tiene este peluquero en sus manos como para ser el escogido por los poderosos del país? A su llegada a Bogotá, hace 24 años, Botero trabajó en la peluquería de Humberto Quevedo, quien era el único en esa época en manejar la técnica del corte de pelo en seco. Cuando los peluqueros humedecen el pelo para cortarlo, el cliente se lleva sorpresas cuando se seca. En seco, el corte es mucho más difícil de hacer, pero el proceso es más realista.


Diego Armando Maradona, Carolina Barco y el ex presidente Álvaro Urib
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Pero otro gran factor de su éxito es su forma de hablar pausada, el cálculo de sus palabras y su prudencia, que hacen que los más poderosos se sienten en su silla y le entreguen su cabeza para que haga lo mejor que pueda. Sus clientes afirman también que, además, Botero es dueño de un realismo claro. Es un hombre que aporta soluciones y sabe decir las cosas. Al presidente Santos, por ejemplo, le recomendó dejarse un poco más largo el pelo para disimular su calvicie. Pero él no cuenta estas confidencias. El trabajo de sus tijeras tiene lo sagrado del secreto profesional del bisturí de un cirujano. Y José Botero tiene la capacidad de que los más poderosos le confíen algo tan íntimo y terrenal como un corte de pelo.