¿Por qué escribe novelas una cirujana plástica?

¿Por qué escribe novelas una cirujana plástica?

22 de mayo del 2011

Si un lector mira la contraportada de un libro en una librería y ve que el autor no estudió literatura, no es periodista, sino que es cirujana plástica facial, pueden surgirle en su cabeza dos preguntas: ¿qué puede decir que no sea banal? ¿Por qué escribe novelas una cirujana plástica?

Para responder estas dos preguntas, hay que decir quién es Alexandra Mora. Antes de estudiar medicina, pensó en arquitectura o, incluso, escultura y pintura. Es decir, la cirugía plástica facial no fue una decisión muy lejana a sus aspiraciones tempranas, porque en vez de moldear óleo y arcilla, moldea seres humanos. Carne, sangre, fluidos, silicona, bótox. Vida.

Y es de ahí, del contacto con la vida y la muerte en su consultorio, con la juventud y la vejez, la belleza y la fealdad, donde una cirujana plástica empieza a sentir la pulsión de escribir. En los consultorios de cirugía plástica las personas están desnudas, con sus gordos, arrugas, narices y pezones torcidos a la espera del milagro de la perfección. En ese estado de indefensión, de las vergüenzas al aire, el paciente habla. Y el médico escucha: “Lo más importante que me ha dado la medicina para mi trabajo literario ha sido el contacto con la gente, porque en las conversaciones con mis pacientes siempre aparecen historias muy interesantes sobre la vida de ellos y sus conocidos. Hablar con ellos, muchos a la vez amigos, es una experiencia enriquecedora, muy atractiva y a veces hasta divertida. De muchas de estas conversaciones he tomado ideas para mis novelas”, afirma Alexandra.

¿Pero no todos los médicos escuchan historias increíbles y dramáticas todos los días? ¿Por qué, entonces, las editoriales no están repletas de libros de médicos? ¿Por qué hay más periodistas, secuestrados y hippies desocupados que escriben libros, en vez de médicos? La respuesta es sencilla: en Alexandra Mora hay algo de genética.

El tatarabuelo paterno por parte de su mamá se llamaba Clemente Salazar Mesura, un abogado, político, escritor y propietario del periódico barranquillero El Comercio. Además, un tío abuelo de su papá, Luis María Mora, escribió novelas, poesía, historia, fue profesor de la Universidad del Rosario y autor del himno de ese plantel. Y por si fuera poco, el primo hermano de su abuelo fue Germán Arciniegas Angueyra, quien no necesita presentación. Su papá, cuando era niña, le escribía cuentos y relatos. Ahora los escribe e ilustra para sus nietos. El primer libro que Alexandra leyó fue La Sirenita, de Hans Christian Andersen.

Desde siempre, Alexandra ha escrito y publicado artículos médicos. De hecho, en 1998 publicó su primer libro, Manual de Cosmeceutica para Médicos, y editó el boletín de la Sociedad de Otorrinolaringología por dos años. Pero un día, después de un almuerzo con un amigo escritor, quedó entusiasmada y decidió sentarse a escribir ficción. Así nació Nubes de abril, su primera novela. Se sentaba después de las 10 p. m. hasta las 2 o 3 a. m., para robarle el menor tiempo posible al trabajo y a la familia. Si le daba frío en su escritorio, seguía escribiendo en su cama, y los fines de semana se iba para una cabaña que tiene a las afueras de Bogotá. A sus hijos les parecía insólita la nueva ocupación de su mamá. Un amigo escritor, Eduardo Escallón, le dijo que sus primeros capítulos eran muy “enganchadores”. Ese cumplido la hizo arriesgarse a ir a la editorial más cercana a su consultorio: Oveja Negra. Luego, Ediciones Absalon de Cadiz, España, compró los derechos, la publicó en Europa y ya va por la tercera edición. Es un historia contemporánea, de amor, de e-mails y devenir.

Pero a Alexandra la escritura se le convirtió en obsesión. Y tan pronto como pudo, empezó a escribir su segunda novela, Conexión [email protected] “Siempre me ha sorprendido lo que cuentan los que han ‘muerto’ y luego han ‘resucitado’. Muchos coinciden que en ese momento ven y analizan la película de su vida y eso fue lo que yo hice en esta novela: contar desde ‘el más allá’ la dantesca historia de un personaje arrogante, un playboy en decadencia como Mikko Lecter, el protagonista, cuya alma reposa en su BlackBerry y que termina recibiendo cucharadas de su propio veneno. Suena a ficción, pero la sede de la trama es real”, afirma.

Así las cosas, ¿qué tanto de realidad hay en las novelas de Alexandra Mora? Cuando se le pregunta por el origen de sus personajes e historias, dice que “todos tenemos una historia que contar”. Es decir, Alexandra Mora sabe evadir muy bien las preguntas, la realidad, tanto en la batalla que libra a diario contra la vejez de sus pacientes en el consultorio, como en las historias que escribe de noche.

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